Las centrales nucleares en Cataluña

Un informe con datos de 2005 a 2012 revela muchos problemas.

Tanquem les Nuclears - 100% Renovables. Revista El Ecologista nº 78.

Descartar la mística tecnológica que rodea las centrales nucleares y considerarlas como cualquier otro mecanismo de uso continuado nos permite hacernos una idea más ajustada de los riesgos y peligros que supone su funcionamiento, así como de la urgencia de proceder a su cierre.

En Tanquem Les Nuclears - 100% Renovables hemos seguido las incidencias de los reactores de Cataluña entre octubre de 2005 y diciembre de 2012, utilizando las notas informativas del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) y los informes anuales al Congreso y al Senado. Ello nos permite obtener una visión de conjunto de Vandellós II, Ascó I y Ascó II, que son las centrales analizadas en el informe que resumimos en este artículo [1].

Visión de conjunto

En el periodo analizado se han producido 217 incidencias de funcionamiento en estas tres centrales, pero nosotros las denominaremos problemas, para abandonar la jerga eufemística del CSN. De estos problemas se han descartado los que no tenían relación directa con el funcionamiento de los reactores (por ejemplo: las bajadas de potencia debidas a la acumulación de algas en el canal de agua del río, en el caso de Ascó), quedando así 203 problemas atribuibles directamente al funcionamiento de las centrales (gráfico 1).

La mayor parte de la información que facilita el CSN está escrita en un lenguaje pensado para confundir al lector sobre lo que está pasando; así que en nuestro informe de seguimiento se intenta que cualquier persona pueda entender lo que sucede, ya que si aumenta la consciencia del peligro que suponen las centrales nucleares, aumentará la presión social para su cierre definitivo.

Con este doble objetivo, facilitar la información y exponer sus implicaciones, hemos clasificado los problemas siguiendo tres criterios: por el lugar donde se han producido, según el mecanismo o proceso afectado y en función de la causa.

Problemas de funcionamiento por lugar

A partir de los datos, hemos considerado ocho ubicaciones de problemas: el edificio auxiliar, el edificio de combustible, el edificio de contención, el edificio de control (con especial mención a la sala de control), el edificio diésel, el edificio de penetraciones de la turbina, y el edificio de salvaguarda. Hemos tenido que añadir la categoría “sin determinar lugar concreto”, cuando la información del CSN no menciona donde se ha dado el problema (gráfico 2).

Lo primero que destaca es que, según el CSN, un 22% de los problemas no tienen ubicación concreta, algo pasmoso en instalaciones con tanta retórica de control y seguridad como los reactores nucleares. En segundo lugar, que la zona más afectada por problemas es una de las más sensibles e importantes: el edificio de control, con un 29,8% del total si se suman los de la Sala de Control y los del conjunto del edificio. En tercer lugar, que la segunda estructura más afectada sea el edificio de contención, es decir el núcleo más importante de las centrales. Y por último, pero no por ello menos importante, es llamativo que el edificio de combustible, otro punto clave para la seguridad, sea la tercera zona que acumula más problemas.

La conclusión de este primer análisis es que las zonas con mayores problemas de funcionamiento son precisamente las más complejas, delicadas y peligrosas de las centrales.

Los problemas según el mecanismo o proceso afectado

Hemos identificado 16 mecanismos o procesos afectados: el alternador, las barras alimentación, las bombas, los conductos eléctricos, el circuito primario, los detectores de gases tóxicos, los detectores de radiación, los equipos de seguridad, la estructura del edificio, los generadores diésel, los generadores de vapor, los ordenadores, el presionador, los sistemas de refrigeración, el sellado y las válvulas. También hemos añadido la categoría “sin identificar mecanismo”, para clasificar problemas de los que el CSN informa sin indicar el mecanismo concreto afectado (gráfico 3).

Resulta chocante que un 12% de los problemas informados no indiquen el mecanismo con el que se relacionan; también que el porcentaje de problemas en los detectores de radiación o de gases tóxicos sea del 38%, y que el tercer bloque de mecanismos más afectados sea el de las válvulas, unos componentes claves en cualquier aparato, y aún más en un reactor nuclear.

Existe un conjunto de sistemas en los que la frecuencia de problemas va más allá de los datos cuantitativos: los relativos al circuito primario del reactor, a los sistemas de refrigeración, los generadores de vapor y el presionador: todos son mecanismos situados en el edificio de contención, aunque representan un porcentaje reducido (un 11,2% del total) y por tanto son indicativos del estado de degradación, porque se trata de componentes complejos, de difícil sustitución, que funcionan en condiciones límites de presión y temperatura, y que además son vitales para la seguridad.

Problemas en función de la causa

Finalmente, hemos apuntado 10 causas de problemas: alarmas reales de radiación, paradas no programadas, deficiencias en métodos de diseño, deficiencias de montaje, errores de actuación, fallos en un mecanismo, falsos arranques, falsas señales de alarma, incendio, y los incumplimientos de las Especificaciones Técnicas de Funcionamiento (ETF) (ver gráfico 4).

El análisis de causas permite una visión de la cultura de seguridad. El primer bloque corresponde a las falsas activaciones de mecanismos: un 59,3% de los 121 problemas consignados, son causados por mecanismos que no funcionan cuando deberían, o que funcionan cuando no tocaba.

El segundo bloque es el de las causas estructurales. Resulta llamativo que un 8,8% de los problemas provenga de un incumplimiento de las Especificaciones Técnicas de Funcionamiento. Cumplir las ETF es algo que cualquier persona consideraría elemental en unos mecanismos de la peligrosidad de los reactores nucleares, pero resulta que no es así.

Finalmente, el tercer bloque incluye aspectos como las alarmas reales de fuga radiactiva (un 6,7%), los errores (un 14,3%), y la máxima expresión de fallo nuclear: las paradas no programadas: 1 vez en Ascó I, 3 ocasiones en Ascó II y 6 veces en Vandellós II.

En conjunto, se dan importantes carencias en la cultura de la seguridad, bien por falta de voluntad de abordar problemas estructurales o bien por dejadez en el funcionamiento cotidiano.

Criterios para valorar el significado de los datos

Realicemos una analogía entre los problemas de un reactor nuclear y los de cualquier máquina de uso cotidiano, como por ejemplo un automóvil. Imaginemos que este acumula 70 averías en 7 años, que ha tenido que ir al taller un promedio de una vez al mes; que muchas de estas averías se repiten continuamente... ¿Consideraríamos que dicho automóvil es seguro? ¿Que podemos contar con él durante décadas? ¿Declararíamos que cada reparación lo deja como nuevo, o lo llevaríamos al desguace?

El mismo razonamiento lo podríamos aplicar a otros mecanismos; pero los materiales de un reactor nuclear están, además, sometidos a la acción de fuerzas de las que todavía no se conocen sus consecuencias a largo plazo: altísimas temperaturas, bombardeo de partículas subatómicas y radiación electromagnética, lo que hace que los materiales sufran cambios que escapan a las previsiones. El potencial de destrucción de una central nuclear no tiene parangón con ninguna otra instalación energética o industrial; sin embargo, el discurso de la industria nuclear obvia todo esto, aunque intenta disfrazarse de rigor científico.

Y hay que añadir el descubrimiento de nuevos procesos de degradación mediante la aplicación de nuevas tecnologías, que antes habían pasado desapercibidos. El caso de la vasija del reactor nuclear belga de Doel, marca un antes y un después en la cultura de seguridad nuclear. Y por mucho que los llamados organismos reguladores se esfuercen en mantener el control de la información, las dudas aconsejan una elemental aplicación del principio de precaución.

Lo que pasa en las centrales de Cataluña no es algo aislado, forma parte de la tónica general del sector: falta de transparencia, connivencia entre empresas y organismos que deberían vigilarlas, falta de cultura de seguridad… Es necesario romper el muro de silencio, y desenmascarar los mitos que rodean a la industria nuclear para seguir avanzando hacia el cierre de las centrales. A dos años de Fukushima, una crisis aún lejos de resolverse, los riesgos de la tecnología nuclear no pueden ser obviados.

Informe sobre el estado de las centrales nucleares en Cataluña by Ecologistas en Acción




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