Nueva especie de escarabajo del nordeste peninsular

Los investigadores y entomólogos Pablo Bahillo de la Puebla, doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad del País Vasco, y José Ignacio López Colón, licenciado en Ciencias Ambientales y miembro de Ecologistas en Acción, han descrito un nuevo insecto que han bautizado con el nombre científico de Cebrio yolandae [1]. La nueva especie ha sido publicada en la revista científica Heteropterus, de la Asociación Guipuzcoana de Entomología, cuyo manejo y administración corren a cargo de un grupo de naturalistas vascos de gran prestigio, entre los que debemos mencionar a los especialistas Santiago Pagola Carte, Imanol Zabalegui Lizaso y Faustino Uranga Larrañaga [2]
. El impulso y divulgación de los estudios científicos entomológicos, tanto en Euskadi como en el resto de España, deben mucho a esta asociación guipuzcoana.

Los coleópteros del género Cebrio son insectos muy particulares, bastante extendidos por la cuenca del Mediterráneo y especialmente diversificados en el Magreb y en la Península Ibérica, donde aparecen unas ciento cincuenta especies. Su estudio presenta enorme interés biológico, ya que se desconoce el papel que desempeñan en los diversos ecosistemas adonde viven: bosque mediterráneo –encinares, alcornocales, quejigares, melojares, pinares, sabinares, etc.-, dehesas, pero también hay especies propias de las zonas esteparias y subdesérticas. Son buenos indicadores de la salud ambiental puesto que desaparecen en cuanto se hace notar la degradación del medio debido a las actividades humanas. Ello es debido a varios factores encadenados; en primer lugar, al modo de vida de sus larvas, subterráneo y de alimentación radicícola, por lo que dependen del suelo y de la cubierta vegetal y por tanto, cuando los campos están contaminados o se destroza la vegetación natural, no resisten y se extinguen; otro inconveniente es la atracción que sobre los machos ejercen las luces por la noche -similar a lo que sucede a muchas mariposas nocturnas-, por lo que la contaminación lumínica también puede suponer un problema grave en ciertas áreas españolas (aunque faltan estudios científicos para corroborar esta aseveración); en tercer lugar, la movilidad mínima de las hembras, ápteras, reduce sus posibilidades de dispersión y colonización de nuevos territorios para la especie.

Cebrio yolandae es una de las especies más grandes (mide en torno a los 17,5 milímetros de longitud), pertenece al denominado grupo "gigas" cuyos miembros se caracterizan por tener las antenas con 12 artejos, más largas que la mitad del cuerpo; se distingue de las otras por su tamaño relativamente grande (aunque en ese grupo las especies suelen ser grandes, a veces enormes, de hasta 26 milímetros de longitud), su diseño corporal, coloración y, en particular, por la morfología del edeago, siendo su pariente más próximo Cebrio gigas, un taxón que se extiende por Francia meridional, parte de Italia y Sicilia, que tiene además diversas citas en Cataluña, concretamente en Barcelona, que habrá que confirmar. La nueva especie vive en Navarra y mitad norte de Aragón (Huesca y Zaragoza).

Este descubrimiento no sería en principio excepcional en sí, ya que nuestro país está mal estudiado (a pesar de que una primera impresión haga pensar lo contrario) y se descubren nuevas especies constantemente. Sin embargo este caso concreto cuenta con una peculiaridad, ya que se trata de una especie ya conocida pero que estaba confundida con otra franco-italiana, Cebrio gigas. El mérito del doctor Bahillo de la Puebla es haberlo intuido primero y haberlo comprobado y demostrado científicamente después, para lo cual ha contado con la colaboración técnica de su colega J.I. López Colón. El conocimiento de la fauna ibérica se va incrementado constante y penosamente por el esfuerzo desinteresado de numerosos investigadores españoles y extranjeros que, a título personal y por auténtica vocación, van obteniendo resultados espectaculares a pesar de la escasez de recursos. Se puede decir que la planificación y financiación oficial en España es prácticamente nula e inexistente; ni en los tiempos que corren ni en las décadas anteriores -¡en realidad nunca!- se han elaborado planes para dicho propósito, salvando pequeños esfuerzos puntuales desde organismos estatales como algunos museos de Ciencias Naturales (Madrid, Barcelona y poco más) o universidades (Madrid, Barcelona, Salamanca, Murcia, Alicante…).

El nuevo insecto tiene además un valor añadido para su descubridor, Pablo Bahillo -investigador que ya ha descrito numerosas especies nuevas de coleópteros españoles-, ya que en esta ocasión ha tenido el placer de dedicarlo a su esposa, Yolanda Santamaría Alonso.

Pero los Cebrio están en peligro de extinción. La destrucción y alteración de sus hábitats por la expansión urbanística, la ampliación de polígonos industriales y la construcción de infraestructuras viarias provocan el aislamiento de las poblaciones reproductoras. Si a ello añadimos que todas las especies tienen un área de distribución muy restringida (casi todas son endemismos más o menos locales) y habitualmente mantienen pocos efectivos numéricos, ya que han adoptado la denominada "selección K" como estrategia reproductiva (las que sobreviven con pocas crías, o dicho de otro modo, su supervivencia se basa en mantener tasas de natalidad y mortalidad bajas), se comprende enseguida su importancia como bioindicadores. Este tipo de especies suele ser propia de ambientes estables, de ecosistemas de madurez ecológica.


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