La política europea desde la crisis ambiental

Significado y trascendencia ambiental de las políticas de la Unión Europea.

Luis González Reyes, Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 74.

Este artículo se basa en un ejercicio de política-ficción: intentar interpretar las principales políticas de la UE como si las razones ambientales hubieran sido sus directoras. Por supuesto es un ejercicio de ficción pues ninguna política tiene una única motivación, sino una amalgama de muchas. Tampoco en muchos de los casos que se van a describir a continuación la coyuntura ambiental ha sido el agente principal. Sin embargo esta ficción nos sirve para visibilizar que las condiciones ambientales probablemente estén más en el centro de las políticas de nuestro tiempo de lo que pensamos e, incluso, de lo que suponen quienes las redactan.

No hace falta argumentar en estas páginas que vivimos en un mundo saturado en el que la escasez de recursos básicos o, más bien, el alza de su precio, es un elemento clave a nivel económico. Entre ellos destaca el petróleo y varios materiales estratégicos como los fosfatos, el litio o las tierras raras.

Tampoco me voy a detener en explicar que los límites ambientales son una de las razones últimas de la crisis que vive el capitalismo. Por ejemplo, una de las causas fundamentales que dispararon el impago de hipotecas fue el alza de los tipos de interés. Esta alza se vio motivada por un incremento de la inflación. Y el factor central de ese aumento estuvo en la precio del petróleo que, en parte, subió como consecuencia de su pico de producción. Respecto a la génesis ambiental de esta crisis también podríamos discutir sobre la imposibilidad de que un bien basado en recursos finitos (agua, suelo, línea de costa...) como las urbanizaciones, pudiese seguir expandiéndose de forma ilimitada.

Un tercer factor a considerar es la dependencia intrínseca del capitalismo del consumo creciente de materia y energía. Nuestro sistema económico necesita crecer para no colapsar y ese crecimiento solo lo puede hacer con un consumo en ascenso de recursos.

El cuarto elemento importante de contexto sería la situación ambiental de la Unión Europea (UE). Europa es un territorio pobre en recursos pero no por mala fortuna, sino por su esquilmación durante los últimos siglos. De este modo la UE ahora mismo es muy dependiente de las importaciones de recursos estratégicos de todo el planeta. Por ejemplo, el 80% de las materias primas metálicas que requiere y el 75% del petróleo. Además, el 70% de las manufacturas y bienes industriales producidos en la UE dependen de minerales.

Es decir, que la UE necesita crecer de forma imperiosa, para lo que requiere importar cantidades crecientes de recursos que están aumentando sus precios en los mercados internacionales. Este es un elemento clave del contexto ambiental de la UE.

Las políticas de la UE bajo el prisma ambiental

Repasaremos varias de las políticas fundamentales de la UE de los últimos años desde la perspectiva del contexto descrito.

El euro

Una de los objetivos detrás del euro es crear una moneda fuerte con alta capacidad de compra en el extranjero. Así la UE ha sido capaz de importar materias primas de forma barata. Pero no solo, también distintas manufacturas, de forma que la energía y los recursos necesarios para su producción también los ha deslocalizado.

Además el euro ha sido la principal herramienta que ha permitido ir de compras a las multinacionales europeas. Repsol, Iberdrola, Acciona, Agbar o Sacyr jamás se habrían podido convertir en gigantes internacionales si hubieran cotizado en pesetas. Así, la UE (sus empresas) ha sido capaz de tomar el control sobre recursos naturales estratégicos a escala internacional como el agua, la tierra o distintas fuentes energéticas.

Europa Global: compitiendo en el mundo

El euro no es la única vía para conseguir recursos a nivel internacional. Una de las principales estrategias de la UE lleva el título “Europa Global: compitiendo en el mundo”. Se basa fundamentalmente en la firma de toda una serie de Tratados de Libre Comercio (TLC) y Tratados de Libre Inversión (TLI) con distas áreas estratégicas. Esto está permitiendo a la UE favorecer el proceso de deslocalización de la producción (saltando sobre la traba de los límites de recursos en la UE), tener acceso a recursos en distintas partes del globo y tomar su control a través de la compra de empresas o la privatización de los recursos. Además, estos acuerdos están fomentando una rebaja de la protección ambiental en los países signatarios para hacer más sencilla esta apropiación.

La economía verde

Uno de los temas más sonados en los últimos meses, al calor de la Cumbre de Río+20, ha sido el de la economía verde. Y uno de sus principales impulsores es la UE. ¿Y qué es la economía verde? Consiste en convertir la crisis ambiental en nuevos negocios mediante: 1) la privatización de los recursos escasos (agua, tierra, biodiversidad); 2) la puesta en marcha de nuevas tecnologías que se adapten a las nuevas circunstancias (cultivos modificados genéticamente para resistir las nuevas condiciones climáticas) o supuestamente luchar contra la crisis ambiental (captura y almacenamiento de carbono, geoingeniería); y 3) la creación de nuevos mercados (derechos de emisiones de CO2, funciones ecosistémicas). En todas estas facetas la UE tiene una posición ya de liderazgo a nivel internacional.

Esto está en consonancia con las políticas de keynesianismo verde que, no hace mucho, nos planteaban como salida a la crisis.

Estrategia UE2020

Esta es la principal estrategia que guía las políticas de la UE durante este decenio. Uno de sus pilares clave es el energético, que está marcado por el objetivo 20/20/20 (20% de renovables, 20% de aumento de la eficiencia energética y 20% de reducción de emisiones en 2020 respecto al año 2000). En esa misma tónica está la posición de la UE a favor (aunque con la boca pequeña) de un Protocolo de Kioto II. Esta es una política que se explica por la fuerte dependencia de la UE de importaciones de combustibles fósiles más que por la vocación ambientalista de la Unión, ya que se conjuga con su intención de llegar a un 10% de agrocarburantes (que tendrán que ser importados), su apuesta por la captura y almacenamiento de carbono, su permisividad ante la fractura hidráulica, el fracking (a pesar de la postura de varios de sus miembros como Francia y Bulgaria y los fuertes impactos demostrados) o su aliento a nuevas prospecciones (como es el caso de las que se plantean en las costas españolas).

Otra de las patas de esta Estrategia UE2020 es la Estrategia de Materias Primas que pretende tener acceso a escala internacional a los minerales que requiere la economía de la UE apoyándose en la estrategia Europa Global.

Pacto Fiscal

El reciente Pacto Fiscal, que ha situado la austeridad como el eje central de las políticas de la UE y de sus Estados miembros, también se puede leer bajo desde una mirada ambiental.

En un contexto de precios del petróleo cada vez mayores, la globalización de la producción y el consumo tiene los días contados. Desde esa perspectiva el comercio tendrá que ser, necesariamente, más local. Bajo esta óptica encaja el intento de Alemania de reforzar y profundizar unas relaciones centro-periferia en el seno de la UE en las que reproducir las internacionales [1]. De este modo Alemania está atesorando mayor poder político y económico. Sobre el poder político no hace falta argumentar mucho, pues es obvio. Para la consecución del económico podemos referir dos estrategias. Por un lado no tardaremos en ver salir de compras a la banca alemana para adquirir los bancos y las empresas [2], así como las nuevas empresas privatizadas, de los países intervenidos.

Otro factor mediante el que Alemania consigue incrementar su poder económico es el mantenimiento del euro, una de sus principales estrategias para exportar a precios competitivos a su principal mercado, la UE, donde coloca el 60% de sus exportaciones. Desde la introducción del euro la industria alemana ha más que doblado sus exportaciones (que a comienzos de los noventa representaban el 20% de su PNB y en 2010 el 46%). Si existiese la peseta o la lira, el marco a buen seguro sería una moneda más fuerte que encarecería las exportaciones alemanas. Con esta política Alemania gana por partida doble, por una parte tiene una moneda que le permite comprar barato a nivel internacional y, por otra, no pierde competitividad en su principal mercado. Con esto se sitúa en una posición de ventaja en un mundo en el que el transporte vaya siendo cada vez más caro.

Pero es más, la gestación de la crisis también ha tenido mucho que ver con todo esto. Han sido los bancos alemanes (22%), franceses (20%) y británicos (14%) los que han financiado a la banca española para que pudiese generar la burbuja especulativa. Con ello la economía alemana ha ganado por los pingües beneficios que le han reportado los préstamos, y porque el boom inmobiliario generó un efecto riqueza en España que redundó en la compra de más productos de exportación alemanes (y más liquidez para su sistema financiero que se reinvertía, entre otras cosas, en préstamos a bancos de Estados periféricos de la Unión).

Y esta fortaleza de la moneda única se está consiguiendo, en parte, intentando tener una banca lo más saneada posible (es decir, que los recursos escasos para el imposible pago de la deuda se desvíen hacia la banca para que sean otros entes, especialmente la población, quien pague la crisis). A la banca se le está ayudando mediante préstamos directos, reformas legislativas que obligan a que tenga preferencia en el cobro al elaborar los Presupuestos Generales de los Estados [3] y mediante generosísimas subastas de liquidez (en el último medio año el BCE ha decidido prestar a la banca europea 1 billón de euros a un ridículo 1% de interés, cantidad que equivale a todo el PIB español, en dos subastas).

Finalmente, el Pacto Fiscal está obligando a un fuerte ajuste presupuestario a todos los Estados de la UE, especialmente en los intervenidos. Una de las formas en las que se está buscando sacar dinero como sea, es la rebaja de las normativas ambientales para incrementar la explotación del entorno y sacarle el máximo partido económico. Esto es palmario en el caso español (la reforma de la Ley de Costas es un buen ejemplo). De este modo, la crisis ambiental no está solo en el origen de muchas de las políticas de la UE, sino que termina siendo consecuencia de ellas en una secuencia totalmente irracional. Esto también lo podríamos leer bajo la perspectiva de que los Estados centrales de la UE quieren tener el máximo acceso a los recursos periféricos, promoviendo en los PIIGS [4] una rebaja de la normativa, como ya se hizo a nivel internacional mediante los TLC y los TLI.

Todo esto mientras Alemania está llevando a cabo el apagón nuclear y, en paralelo, desarrollando las renovables. Para ello está contando con la generosa aportación económica de España (por ejemplo a través del efecto rebote de la crisis de la deuda por el cual el Estado alemán se está financiado gratis en los mercados internacionales). En paralelo España refuerza su posición dependiente empujada por las políticas alemanas (y la necedad de sus dos últimos Gobiernos) recortando las ayudas a las renovables.