Segunda marcha por el decrecimiento

1.000 kilómetros en 15 días pedaleando caminos alternativos.

Nacho Escartín, coordinador de la ecomarcha y de Ecologistas en Acción de Aragón. Revista El Ecologista nº 74.

Una marea multicolor ha recorrido este verano las vías pecuarias de la Península Ibérica. 200 personas en bicicleta y vehículos de apoyo han reivindicado un mundo rural vivo de la mejor forma que puede hacerse: conociéndolo, viviéndolo y defendiéndolo.

Ecologistas en Acción ha celebrado su segunda marcha en bici por el decrecimiento pedaleando entre Soria y Mérida, en 15 intensas etapas diseñadas por caminos alternativos al hormigón. Durante la segunda quincena de julio, el pelotón ecologista ha disfrutado de los parajes naturales de Soria, Guadalajara, Madrid, Toledo y Extremadura, al mismo tiempo que ha descubierto su patrimonio cultural y sus gentes. Como no podía ser de otro modo, se han sucedido las acciones reivindicativas para denunciar las infraestructuras impuestas por un modelo caníbal y destructor y, especialmente, se ha disfrutado de espacios para la autoformación, la puesta en común de alternativas y la convivencia entre las participantes.

El intenso pedalear, china chana, también ha permitido ver múltiples ejemplos del sinsentido de su concepto de desarrollo y progreso: autovías vacías que no llevan a ninguna parte, fincas privadas que cierran caminos públicos, macrourbanizaciones de lujo sobre espacios naturales protegidos, centrales nucleares que ponen en peligro a los ecosistemas y a las personas que viven a su alrededor, estaciones de un AVE que no coge casi nadie, etc.
Frente a las políticas neoliberales del hambre y la miseria, el pelotón ecologista ha compartido alternativas como la agroecología y la soberanía alimentaria, la vida digna en los pueblos, el decrecimiento, las energías renovables, los medios de transporte sostenibles y colectivos, la economía alternativa y solidaria, los cuidados y el apoyo mutuo, entre otras.

Ni el calor, ni los pinchazos, ni los tropezones, ni la dureza de algunos recorridos han empañado la hermosa alegría en un grupo que nunca ha bajado de los 50 ciclistas y que en ocasiones ha superado las 100. Un colectivo diverso en el que han compartido esfuerzo, risas y solidaridad personas de muy variada edad, procedencias y sensibilidades.

Por vías pecuarias

Si el año pasado fue el río Ebro la columna vertebral de la marcha, este año las cañadas reales han sido el hilo conductor de la senda. Aprovechando los silencios y los sonidos naturales de las vías pecuarias, se han celebrado interesantes coloquios dinamizados por personas de Ecologistas en Acción y colectivos amigos. Así, Jesús Garzón, Suso, introdujo a la importancia ecológica de la trashumancia, Abel, Tom y Dani a la soberanía alimentaria, una Política Agraria Común justa y los circuitos cortos de comercialización, Hilario a las cañadas reales, Claudio a los caminos públicos y Yayo al decrecimiento, entre otros muchos temas debatidos.

Las ecomarchistas han conocido Oncala, con su museo de pastores; descubierto los rincones de Soria o La Puebla de Montalbán con sus bicicletas; en Berlanga de Duero han gozado de su arte y verbena; en Pelegrina han admirado sus hoces y recordado a nuestro querido Ramón; han admirado a las maestras rurales en Cifuentes; gritado contra las nucleares en Trillo y Almaraz; señalado de cerca la sinrazón del ladrillo en la urbanización de Valdeluz, los campos de golf y las estaciones del AVE sin uso en Guadalajara; compartido buenos ratos con la gente amable de San Fernando de Henares; accedido a Madrid sin casi pisar el asfalto, por caminos que creíamos imposibles; más allá de la tremenda miseria, han compartido sonrisas y chistes con los habitantes de la Cañada Real Galiana a su paso por la capital; disfrutado con generosos colectivos de migrantes senegaleses y marroquíes; reivindicado con humor, incluso en plena Castellana, por el agua pública, contra las políticas neoliberales y por el cambio que queremos.

También han disfrutado de los bares, tiendas y piscinas de acogedores pueblos como Yuncos; han pasado el calor de Toledo comiéndonos unas migas con huevo frito entre los bancales de la huerta ecologista; sesteado y charlado a la sombra de los árboles en los parques de Talavera de la Reina; sudado de lo lindo aprendiendo del oficio de la alfarería y compartiendo alternativas que conocemos en Puente del Arzobispo; han compartido cena comunitaria con los jóvenes del 15M en Navalmoral de la Mata; jugado a fútbol con los chavales de Jaraicejo; degustado la hospitalidad de las buenas gentes de Trujillo, antesala de nuestra próxima Asamblea anual de Ecologistas en Acción; han compartido diversos y poliédricas caras del decrecimiento en Alcuéscar; y en Mérida, casi 1.000 kilómetros después, han bailado y reído en la fiesta final de la ecomarcha.

Quedan en el corazón muchas anécdotas, detalles y bellezas en Quintana Redonda, Andaluz, Rello, Atienza, Irueste, Romanones, Armuña de Tajuña, Horche, Alovera, Albarreal, Malpica de Tajo, Berrocalejo, Huerta de Ánimas, Salvatierra de Santiago, Aljucén y tantos otros que nunca olvidarán las participantes.

La ecomarcha ha pedaleado por hoces y valles junto a ríos (Duero, Escalote, Dulce, Manzanares, Tajo y Guadiana, entre otros), por secas estepas, páramos y riscos, entre campos de cereal o maíz, junto a olivos y encinas centenarias, por pequeños puertos montañosos, alrededor de embalses y canales. Ha logrado superar terribles cicatrices de autopistas o líneas de alta velocidad y nadie ha muerto en el intento.

Buena gente

Allí por donde ha pasado, ha conocido a buena gente con la que conversar y aprender. Ha sido muy grato comprobar que, de un tiempo a esta parte, la sociedad ve con buenos ojos las propuestas alternativas, las protestas y los mensajes distintos. Siempre hay excepciones, evidentemente, en todos los ámbitos (Ayuntamientos o vecinos). En la Isla Marina Valdecañas el recibimiento no fue amable que digamos. La Guardia Civil y la seguridad privada protegía a un pequeño grupo de vecinos y obreros que nos recibió con pancartas contra los ecologistas y algún que otro grito de repulsa. Poco después, en El Gordo, un pequeño acto de recorrer el pueblo con caretas de Paca Blanco (expulsada de allí por la violencia irracional) y gritando “Todas somos Paca” también recibió algún insulto.

Lejos de eso, en el discurrir por las vías pecuarias ha destacado la paz, el silencio y el pedaleo constante y colectivo por caminos distintos a los habituales. En todos los casos en los que las fuerzas y el territorio lo han permitido, se ha pedaleado por sendas no asfaltadas, caminos y veredas, que han acercado a preciosos lugares dignos de mención.

La experiencia colectiva ha sido maravillosa e inolvidable, gracias a la buena sintonía del grupo, a las aportaciones de las personas y grupos locales de Ecologistas en Acción, a la colaboración y apoyo de distintas organizaciones, colectivos y Ayuntamientos, y a la propia coordinación de la ecomarcha. En sí misma, ha supuesto un camino alternativo, una propuesta real, divertida y luchadora para pasar las vacaciones.

Al verano que viene más. ¿Por dónde seguiremos pedaleando caminos alternativos? De momento, lo hacemos en nuestros barrios, pueblos y ciudades, huertos y escuelas, trabajos y colectivos. ¡Hasta la tercera ecomarcha de Ecologistas en Acción!