La sensatez no se lleva

Piensa que paseas en un lugar de Albacete cuyo nombre poca gente conoce.

Imagina que el camino por el que vas, discurre en paralelo de un pequeño río que atraviesa una agradable dehesa, abriéndose paso entre la tierra roja de una fértil vega.

A la derecha, mientras caminas, aparecen cuevas excavadas en las terrazas superiores del río. No hace mucho, piensas al verlas, que habrían de estar habitadas por las gentes más pobres del pueblo. Seguro que ellos no podían apreciar la belleza que tú ahora contemplas. Te sientas un momento y miras las crestas amarillas de las cañas del pequeño río que tienen enfrente.

Continúas andando hasta que el camino se divide. Eliges la senda más verde, la que da cerca de los bancales y está adornada por una acequia. Es un antiguo sistema de irrigación de los pequeños huertos que construyeron los moros, aunque tú aún no lo sabes.

A media legua de las cuevas, con el camino encajonado entre las rocas, oyes el rumor del agua mientras sigues tu paseo. No te parece camino hecho para cosechadoras o tractores. Es camino hecho por el ser humano, para carros y caballerías, tiene miles de años, pero tú aún no lo sabes.

Desciendes una de las rampas verdes que comunican el camino con la vega, te acercas a los cañizos del río y ves unas extrañas bolsas que cuelgan de los juncos. Se trata de nidos de pájaro mosquitero, una especie de diminuto pájaro que se encuentra amenazada.

La senda es ahora mucho más frondosa, grandes encinas te dan sombra, no lo sabes, pero estás entrando en una dehesa. Es de las pocas que van quedando, y eso que la ley las protege. El aire te trae aromas diversos, sólo aciertas a distinguir el tomillo y el romero, pero hay muchos más.

La Quéjola

A lo lejos divisas uno árboles majestuosos y centenarios. Apresuras el paso, ¡no te lo puedes perder! Distingues sobre un cerro una casa blanca y oyes el ladrido de unos perros.

El camino se ondula suavemente, sube y baja, en los recodos el río se te acerca, y no te olvides de la acequia de los moros, ves brillar en ella una telaraña al sol, sientes un escalofrío al ver la araña negra y amarilla, parece una pequeña joya.
Oyes el canto de una perdiz y ves correr cientos de conejos. La perdiz calla, miras al cielo y ves una sombra alada. Se trata de un águila perdicera, pero tú no lo sabes. Luego te dirán que en esa zona habita también el águila imperial.

Llegas al cruce de caminos. Te paras. La vista te impresiona.

Paraje La Quéjola

A la derecha una loma con la Casa del Pastor. A la izquierda un paseo verde se abre frente a ti. Olmos gigantescos, un molino medieval (tú no lo sabes), con otras dos casas blancas que se abren en una pequeña plazoleta con bancos de piedra. Dos pequeños puentes blancos que atraviesan el río y una cañada. Al fondo verde el camino se bifurca en dos, a la derecha conduce al poblado íbero y a la izquierda al poblado de la edad del bronce, a la Casa del Marqués del siglo XVIII, a una ermita mencionada por un antiguo geógrafo (tú no lo sabes), a un pequeño jardín con un reloj de sol del mil setecientos.

Sigues en el cruce de caminos, no sabes qué senda seguir, no te esperabas tanta belleza. Te paras, junto a una explanada de roca, junto al camino, ves ocho pequeñas pozas excavadas en la piedra. ¿Y que será esto?
Llega el guarda. Le dices que estos caminos son públicos.

No, ya no son públicos, te dice el guarda. Los Ayuntamientos de San Pedro y Casas de Lázaro los han dado al dueño de la finca a cambio de hacer otros nuevos por fuera de la finca [1]. Van a levantar más de 150.000 metros cuadrados de caminos usando la propia agua del río (y tú no lo sabes).

Te enteras de que Ecologistas en Acción ha intentado recurrir la entrega de esos caminos que son de los dos pueblos.

Te enteras de que el Delegado de Agricultura en el proyecto no ha pedido Informe de Impacto Ambiental, cuando sabes que a un primo tuyo que ha puesto una granja de pollos sí se lo han pedido, el informe y no sé cuantas cosas más. Pobre pringao, si fuese marqués…

Oyes que la Delegación de Cultura se ha despreocupado de sus competencias. Como diría Mourihno ¿Por qué? ¿Por qué?

Te han dicho que la Confederación Hidrográfica del Júcar no pone trabas a sacar agua del río para los 150.000 metros cuadrados de caminos. ¿No quedamos que el agua es escasa?

Te dicen que los Ayuntamientos de San Pedro y Casas de Lázaro entregan los caminos porque se lo ha pedido un particular.

Empiezas a cabrearte, vas tomando el color del increíble Hulk, mientras piensas en esos dos alcaldes. ¿Cómo pueden permitir esta barbaridad? Se me ocurre pedir al ayuntamiento que me cambie la plaza del pueblo, que es tan pública como los caminos, por un solar que tengo en las afueras. Lo argumentaré con que en la plaza construiré un casino que va a dar trabajo en el pueblo…

Piensas si de verdad estamos en Europa.

Incluso piensas si Castilla la Mancha y el País Vasco son del mismo país.

Sí, es verdad, Castilla la Mancha es otro país. Y el Bonillo es una nación…