Sobre tortugas bobas y biólogos listillos

Informe elaborado para Ben Magec – Ecologistas en Acción relativo a las conclusiones extraídas por el Observatorio Ambiental de Granadilla en su informe de seguimiento de la tortuga boba (Caretta caretta).

En este informe se denuncia que el estudio elaborado por el Observatorio Ambiental de Granadilla sobre la tortuga boba (Caretta caretta) en Canarias adolece de falta de rigor y puede perjudicar la conservación de la especie.
En el mencionado informe se plantean una serie de conclusiones partiendo de datos insuficientes y, en ocasiones, erróneos que obvian trabajos científicos realizados sobre la biología del reptil.

Características biológicas de las tortugas bobas presentes en Canarias

En el trabajo de OAG se afirma que la práctica totalidad de las tortugas que hay en aguas canarias son juveniles cuando tienen un rango de talla entre 12,8-85,2 cm de longitud de caparazón. Una conclusión que ignora investigaciones llevadas a cabo en las colonias de cría de Cabo Verde y Florida, de donde proceden la mayoría de las tortugas presentes en Canarias, que consideran subadultos a los ejemplares a partir de 64 cm (Florida) y hembras reproductoras cuando tienen al menos 74,5 cm (Cabo Verde).

Es cierto que en el contingente canario de tortugas bobas existe un elevado porcentaje de juveniles, pero también lo es que hay una presencia significativa de subadultos que, junto a los adultos reproductores, representan el segmento más importante para la supervivencia de la especie. Para estos inmaduros las aguas canarias son vitales como área de alimentación y desarrollo. Pero es posible que tengan aún mayor relevancia para la conservación de la especie porque aún desconocemos que cantidad de tortugas reproductoras utilizan los hábitats marinos asociados a las islas.

Fundamentar una frecuencia de tallas de las tortugas presentes en Canarias en las mediciones efectuadas a los ejemplares recogidos en los centros de recuperación de fauna es, cuando menos, poco riguroso. Si hiciéramos lo mismo con otras especies, aves por ejemplo, obtendríamos un sesgo erróneo debido a que la mayoría de los individuos recogidos en estos centros son juveniles. Con las tortugas marinas es muy probable que ocurra lo mismo y la accidentalidad esté asociada a factores como la inexperiencia o una menor fortaleza y resistencia frente a las enfermedades.

Uso del hábitat y patrones generales de conducta

Donde el informe del OAG realiza una serie de conclusiones que ponen en peligro la conservación de la especie en Canarias es al analizar el uso del hábitat y los patrones generales de conducta. Basándose en los datos recogidos a partir de un reducido número de tortugas marcadas se realizan una serie de generalizaciones con cierta frivolidad, cuando el rigor científico exige mucha prudencia. Con semejante tamaño de muestra a lo más que se puede aspirar es a destacar zonas propicias en el uso del hábitat. Pero no, el OAG concluye rotundamente que la estancia de las tortugas en Canarias “depende de los recursos alimenticios pelágicos”, cuando se sabe que la productividad pelágica no es relevante en Canarias y contradice multitud de estudios científicos previos que reflejan los distintos usos de hábitat que tienen las tortugas en función de su grado de desarrollo, con ejemplares juveniles que tienden a explotar los recursos bentónicos de las plataformas costeras.

Es en este punto cuando se desliza la tendenciosa afirmación del escaso interés que tienen los sebadales para la conservación de la tortuga boba. Una conclusión tan categórica no se puede plantear con bases científicas tan poco sólidas y que contradicen las conclusiones de numerosas publicaciones científicas que citan como los adultos y subadultos de Caretta caretta utilizan las praderas de fanerógamas marinas en muchas zonas del mundo. Pero además los sebadales son también un hábitat importante para la tortuga verde (Chelonyas midas) que en algunas localidades canarias puede ser más frecuente incluso que la tortuga boba. Sobre esta especie, también prioritaria en para la Directiva Hábitats y en peligro en el Atlántico Oriental, no ha realizado ningún programa de estudio y seguimiento por parte del OAG.

El hilo argumental del OAG (las tortugas dependen de los recursos pelágicos y muestran escaso interés pos los sebadales) nos conduce a otra “perla científica” del informe donde concluye que la construcción del puerto de Granadilla no tendrá repercusión sobre la especie. ¡Sin que se haya realizado ningún estudio en la zona sobre la presencia de tortuga boba y tortuga verde! En ausencia de este estudio y con la información científica disponible, es obvio que cualquier intervención que produzca una merma en la productividad bentónica costera y suponga una degradación del hábitat tendrá un impacto para las dos especies de tortugas por la merma de recursos alimenticios disponibles.

En un ejercicio de arrogancia ilustrada el OAG concluye que la medida compensatoria de crear dos nuevos LICS no aporta nada a la población residente de tortugas bobas. Un planteamiento que socava la conservación de la especie, porque simplemente teniendo en cuenta las referencias bibliográficas se sabe que cualquier zona protegida con sebadal sería beneficiosa, especialmente para los ejemplares juveniles de tortuga boba y tortuga verde. No entendemos cómo es posible que desde una institución cuyo objetivo es la conservación del medio natural se opongan tan rotundamente a medidas que favorecen, en general, la biodiversidad.

Cuestionamiento de datos y estimas

En otra conclusión del informe, la sexta, se afirma que la presencia de tortugas
bobas en la Red Natura 2000 marina de Canarias no llega al 2% del tiempo. Estos datos discrepan con los del proyecto LIFE realizado por el Gobierno de Canarias sobre tortugas marinas, que no se incorporan en la discusión del informe del OAG. Según los resultados del LIFE, el 25% de las tortugas marcadas emplearon los ZECs como zonas de estancia, siendo frecuente su presencia en “los fondos costeros y accesibles, incluidos aquellos donde se distribuyen las praderas de Cymodocea nodosa”, resaltando las ventajas para la especie de los ZECs localizados a sotavento de las islas.

En cuanto a la conclusión donde se estima el tamaño de la población del contingente canario en torno a los 34.000 ejemplares, consideramos esta estima categórica e imprecisa y, teniendo en cuenta la flexibilidad bilógica de la especie, debería ser indicada dentro un intervalo y con el margen de error correspondiente.

Juan Manuel Martínez Carmona, biólogo.

Tania Montoro Martínez, licenciada en Ciencias del Mar.


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