Isla del Tormes (Salamanca)

Un empeño ciudadano.

Carlos J. Lumbreras Vicente, Ecologistas en Acción de Salamanca. Revista El Ecologista nº 77.

A menudo las islas evocan soledad, desencuentros con aguas inabarcables por todos los costados, ignorando que su desaparición golpea con más crudeza que la de los hábitats continentales. Casi un tercio de las especies amenazadas de mamíferos, aves y anfibios de todo el mundo prosperan en ambientes isleños.

Escribía Saramago que “es imposible que no exista una isla desconocida” en su “empeño de que una isla existiera”. Otra más, que dijéramos ecologista, también podría mostrarse al maestro comprometido como abundante, en una expresión rotunda del portazo a la especulación, como un arrebato de defensa de un legado merecido. Tal y como naturaleza obliga, de ecologistas compartidos.

Este es caso de la “Isla El Sur” de la Fábrica de Harinas que siempre vieron en Salamanca, junto a su Puente Romano, con una aceña y un molino en el Arrabal. La Isla del Tormes evoca acompañamiento, una ventana abierta a la naturaleza, al aire limpio y a los ciudadanos. No es difícil sorprender en medio de una frondosa flora a la revoloteante fauna en las proximidades de los dormideros de las garzas como la común, la real o la bueyera, o junto a los reproductores de la menor de las garzas españolas, el avetorillo, junto a mamíferos como la nutria y el visón

Podemos a la vez descubrir al cormorán grande sobre la pesquera del molino o descansando en la orilla en compañía del ratonero común, el alcotán y el milano negro y real. Un lugar al aire libre donde el águila calzada, el gavilán, los azores, los cernícalos vulgar y primilla o el halcón peregrino acostumbran a acudir.

Concesión a Ecologistas en Acción

Sucedió que el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León otorgaba la custodia de la Isla a los ecologistas de Salamanca recuperándose así un espacio de vida y de convivencia en la ciudad. Una sentencia que clama por la mejora de los ambientes fluviales, la justicia traducida en un manual de adopción y custodia con el que avanzar en el conocimiento de este espacio urbanizado para el desarrollo de actuaciones prácticas que ayuden al río a alcanzar su estado óptimo. En definitiva, mejorar el bosque de ribera y la calidad del Tormes para fomentar el uso público respetuoso del patrimonio cultural que lo acompaña.

Este conflicto, que ha durado más de doce años, escribió un nuevo capítulo en la esperanza de que sea el último cuando, el 23 de julio de 2010, la Sala de lo Contencioso-Administrativo dictó una sentencia que reconocía y otorgaba el derecho de Ecologistas en Acción de Salamanca a la concesión para realizar obras en el cauce del río Tormes, paraje Isla de Aluviones-Fábrica de Harinas El Sur, anulando con ello la anterior resolución del 14 de noviembre de 2002, en la que el Presidente de la Confederación Hidrográfica del Duero cedía este espacio a la empresa Casino del Tormes [1].

Antecedentes

Este conflicto se inicia con la solicitud de concesión de uso de la Isla en 1999, sobre la base de un supuesto derecho de propiedad, por parte de la empresa GRUPOSA –editora del periódico conservador La Gaceta Regional–, al poco tiempo de comprar el edificio de la Fábrica de Harinas el Sur para uso privado, y con ella extender aún más el expolio lucrativo sobre el río Tormes. La codicia encontraría su freno en la oposición de Ecologistas en Acción de Salamanca.

El inmueble de las Harinas fue revendido a COMAR, propietaria actual del Casino-Hotel del Tormes, para poder demoler una parte y añadir el hotel. Mientras esperaban la llegada de esta concesión, para destinarla a terraza-bar y chiringuito de espectáculos del Casino-Hotel, la empresa deforestó parte de la Isla con la anuencia de la Confederación Hidrográfica del Duero.

Ecologistas en Acción de Salamanca presentó, ante el plazo abierto por la Confederación en abril de 2000, un proyecto en competencia para evitar la limitación del carácter público de la Isla. Los ecologistas proponíamos utilizar este ámbito natural para desarrollar actividades de educación ambiental y voluntariado, convirtiéndolo así en un salón formativo a la intemperie junto al conjunto patrimonial de la Humanidad de la ciudad de Salamanca.

Además, ofrecían realizar labores de defensa frente a la erosión mediante métodos no agresivos y revegetar la Isla, siguiendo las pautas experimentadas de custodia del territorio, y con la intención de acordar la financiación adecuada con entidades y usuarios de la misma. Por el contrario, el proyecto intervencionista del Casino-Hotel preveía la deforestación a matarrasa y la colocación de escolleras para conseguir un ajardinamiento urbano con la creación de paseos y una zona de espectáculos y veladores de terrazas hollywoodienses, en las antípodas de la gestión racional de recursos naturales.

Con los proyectos en competencia, se hace público un peritaje neutral de la Universidad de Salamanca que desaprobaba el plan del Casino-Hotel del Tormes, señalando rotundamente que el proyecto lucrativo supondría una intervención dura –incompatible a todas luces con el mantenimiento de un buen estado de conservación de la Isla– al afectar irreversiblemente al ecosistema de ribera del río, de especial importancia para la fauna y flora asociadas a este entorno natural. Posteriormente, se dictará la Sentencia.

La Isla ciudadana

La Isla del Tormes sería ahora ecologista durante ocho años. La tenacidad de la asociación ha conseguido preservar así uno de los rincones más singulares del río a su paso por la ciudad, en respeto y consonancia con la abundancia que atesora, al tiempo de recuperar un espacio convivencial para la ciudadanía.

Esta lucha conjunta ha conseguido la prevalencia de los intereses generales en pos de la valía de estas islas y de los ríos de interior, como el Tormes. Con una extensión moderada, de apenas 5.000 metros cuadrados, presenta una forma alargada, tirando a valva de mejillón, en la dirección del cauce y con una orografía de pendientes suaves, perfiladas a lo largo del tiempo por el arrastre y la sedimentación de las partículas arrastradas por el Tormes.

Sobre el mismo Dominio Público Hidráulico, le antecede en una cota ligeramente superior la coronación del azud que otrora usaran la Fábrica y el Molino, de la Aceña del Arrabal, que bautiza hoy todavía al barrio aledaño.

Este es una pequeña edificación adyacente en la margen izquierda, sobre más de 700 metros de alzada y en constante inundación por las avenidas extraordinarias del río. Las zonas contiguas se caracterizan por un paisaje urbano, en buena medida olvidado hoy por los salmantinos, pues el estado de abandono no permite percibir que estos elementos arquitectónicos de rancio abolengo y la Isla rompen con la homogeneidad de la ciudad. Refugios también de una diversidad biológica en estado puro, una invitación permanente para emboscarse en medio de la ciudad.

Después de no pocos encuentros, y unos cuantos más llamamientos, el proyecto de Ecologistas en Acción duerme en el limbo de los cajones de la Confederación. Y la Isla sumida en el abandono, cerrada pero expuesta a especies invasoras, a las llamas, a la suciedad… a la desidia. Los ecologistas no disponemos del dinero mínimo para la ejecución de las acciones que mejoren o conserven este entorno fluvial como proponíamos en el proyecto, aún cuando las ilusiones y las manos siguen vivas para materializar la adopción del río Tormes y su custodia fluvial.

Nuestro proyecto contempla un abanico de actuaciones para poner en valor la ribera, las edificaciones y su integración en el entorno. La adecuación para el uso público recorre esta apuesta de custodia atendiendo a factores que alcanzan lo económico, en tanto máxima calidad y seguridad; lo ambiental, a la par de los planes sensatos de restauración de riberas y patrimonio civil; lo técnico, al buscar las mejores y bienintencionadas soluciones hidrológicas, ecológicas... de mantenimiento y disfrute; y legales, al ser necesarias también las disposiciones normativas.

Y como a menudo las islas le dan la espalda a la soledad para evocar acompañamiento, alcanzan también a lo ecologista, al mostrarse como un empeño de defensa colectiva para que la Isla exista, se disfrute y permanezca. Para que evoque sentimientos, y no deje usted de visitarla.




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