Agrocombustibles: Parlamento Europeo no pone freno a una industria insostenible

La futura política de agrocombustibles de la Unión Europea queda en la incertidumbre tras una votación de los eurodiputados difícil de entender. Los miembros del Parlamento Europeo votaron hoy a favor de introducir la contabilidad de las emisiones por ILUC a partir de 2020 y limitar la cantidad de carburantes procedentes de cultivos, pero estableciendo unas cuotas excesivamente altas. Además negaron el mandato para negociar estas decisiones con el Consejo de Europa y la Comisión, lo que probablemente devolverá el tema al Parlamento en los próximos meses. Ecologistas en Acción lamenta una votación confusa con tímidos avances y una gran incertidumbre.

Era necesaria una reforma ambiciosa de la legislación europea de agrocombustibles, ante los graves impactos socioambientales y económicos que genera su producción: Deforestación, desplazamiento de poblaciones, competencia por la tierra que debe generar alimentos, o mayores emisiones de gases de efecto invernadero derivadas del Cambio Indirecto en el Uso del Suelo (ILUC por sus siglas en inglés).

Pero ha reinado la indecisión. Los resultados de la votación, con algunas medidas positivas aunque insuficientes, quedan pendientes del Consejo de Europa. Si esta institución no refrenda los resultados de hoy, como probablemente ocurrirá, será necesaria una segunda lectura en el Parlamento, retrasándose así la toma de decisiones. Esta incertidumbre eleva la presión sobre el clima y las comunidades rurales y ecosistemas de los países productores de materias primas agroalimentarias.

Es positivo que los eurodiputados votaran para limitar los carburantes fabricados a partir de alimentos y también que se incluya en este límite los carburantes que se producen a partir de cultivos energéticos (árboles de rápido crecimiento, jatrofa). Pero resulta negativo que el Parlamento haya establecido un límite del 6% del total de biocombustibles, por encima de la cuota del 5% propuesta por la Comisión Europea. Para Ecologistas en Acción, este límite debería ser lo más bajo posible, para reducir la competencia de este sector tanto con la alimentación (menor disponibilidad de alimentos y presión sobre los precios) como con el uso de tierras agrícolas (acaparamientos de tierras o deforestación).

Es positivo que el Parlamento votara a favor de la consideración de las emisiones de gases de efecto invernadero vinculadas a los factores ILUC. Pero es negativo que estos factores solo se tengan en cuenta a partir a partir de 2020 y solo en la directiva de calidad de combustibles. Quedan al menos siete años más de carburantes como los biodiesel fabricados a partir de aceites de soja o palma, que generan grandes emisiones de gases de efecto invernadero y están provocando importantes problemas de deforestación y contaminación. Estos dos agrocombustibles suponen juntos más de un 73% de todos los biocarburantes consumidos en el Estado español.

Las medidas de fomento de los llamados biocarburantes avanzados aprobadas por el Parlamento vienen desprovistas de la aprobación de unos criterios de sostenibilidad sólidos, como la consideración de la jerarquía en el uso de los residuos adoptada por la UE, y que prioriza la reducción, reutilización o reciclaje de residuos antes de sus valorización energética.

El Parlamento ha aprobado no establecer objetivos de consumo mínimo de energías renovables en el transporte más allá del año 2020. Estos objetivos sólo tendrían sentido si vinieran acompañados de importantes compromisos de reducción de los consumos energéticos totales, y de sólidos criterios de sostenibilidad, situación que en la actualidad no se da y que ha conducido al sinsentido de los agrocombustibles.

La industria ha sometido al Parlamento Europeo a una extraordinaria presión para mantener los beneficios de esta industria insostenible. La posibilidad de una segunda lectura podría permitirle incrementar su presión para eliminar las limitaciones parciales que el Parlamento ha adoptado hoy, por lo que resulta imprescindible que los y las europarlamentarias atiendan y prioricen los intereses de las personas, el clima y los ecosistemas.




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