Gas de esquisto en España

Desmesuradas previsiones de capacidad de los yacimientos, con tintes de burbuja especulativa.

Jesús Garijo, economista y miembro de Ekologistak Martxan. Revista El Ecologista nº 77.

Se están difundiendo unos datos de reservas de gas de esquisto –o ‘shale gas’– en el subsuelo del Estado español que no se corresponden con la realidad. Sin embargo, estas sobreestimaciones tienen un gran interés especulativo para las empresas explotadoras. Por otra parte, muchos estudios apuntan al tremendo error que supone continuar con la economía de los combustibles fósiles detrayendo recursos para el desarrollo de las fuentes renovables.

En el pasado mes de marzo, la prensa se hizo eco tendenciosamente de sendos informes del Consejo Superior de Colegios de Ingenieros de Minas [1] y de la ACIEP (Asociación Española de Compañías de Investigación, Exploración y Producción de Hidrocarburos y Almacenamiento Subterráneo) [2]. Los titulares que se hacían eco del primero de ellos, proclamaban a bombo y platillo que nuestro subsuelo albergaba gas natural para abastecernos durante 39/40 años, mientras que quienes se referían al segundo elevaban nuestro autoabastecimiento a 70 años.

Es tarea imposible imaginar cuál era el razonamiento que soportaba los titulares de los primeros, pues el informe del Colegio de Ingenieros de Minas [1] se limita a introducirnos en el mundo de los yacimientos de hidrocarburos, sin aventurar ninguna evaluación de cuáles pueden ser nuestras reservas de gas tanto de yacimientos convencionales como no convencionales. Poca atención debemos pues dedicarle salvo resaltar el hecho de que uno de sus redactores, Fernando Pendás Fernández, tiene intereses económicos en dicha actividad [3].

¿70 años de reservas?

Mayor consideración merece el segundo de los informes, el de ACIEP [2]. Tras una confusa definición de lo que son, según ellos, los Recursos Prospectivos de Hidrocarburos, en la que aluden a un amplísimo rango de incertidumbre (10%, 50% y 90% de probabilidad), y en la que parecen englobar de forma indiscriminada las definiciones de Reservas Probadas, Reservas Probadas y Probables (o reservas 2P) y Reservas Probadas, Probables y Posibles (o reservas 3P) [4], abordan la evaluación de los Recursos Prospectivos No Convencionales de Hidrocarburos, cifrando los de gas de esquisto, también conocido como shale gas, en 1.977 miles de millones de metros cúbicos.

Es obvio que estas cifras no corresponden a Reservas Probadas, por lo que quienes difundieron que contábamos con reservas de gas para autoabastecernos durante 70 años, en el mejor de los casos, mordieron el anzuelo que les lanzaron desde ACIEP. Simplemente se limitaron a dividir los supuestos 2,45 billones de metros cúbicos de Recursos Prospectivos de gas metano (de yacimientos convencionales y no convencionales) evaluados por ACIEP, entre los 35.000 millones que consumimos anualmente en España, lanzando a los cuatro vientos ese falaz mensaje.

La realidad es bien diferente. A la vista del estado actual de los sondeos realizados estaríamos hablando en el mejor de los casos de reservas 2P, esto es de recursos que en la hipótesis más favorable tienen una probabilidad del 50% de convertirse en reservas que puedan ser extraídas de manera rentable. Si ese fuese el caso las cifras se reducirían a la mitad: dispondríamos de unas hipotéticas reservas de shale gas de 1 billón de metros cúbicos.

Pero debemos tener en cuenta que para extraer esas reservas del subsuelo es necesario invertir una importante cantidad de energía, que en el caso del gas de esquisto se estima en un tercio de la energía potencial almacenada en el subsuelo (TRE = 3) [5], por lo que la cantidad neta de gas disponible para el consumo sería la equivalente a 666.000 millones de metros cúbicos de gas, lo que reduce los años de hipotético autoabastecimiento a 19.

Pero si dicha cifra correspondiese a reservas 3P, la cantidad de shale gas extraíble se reducirían a 200.000 millones de metros cúbicos, que nos proporcionarían solo 3,8 años de autoabastecimiento. No hay mayor mentira que una verdad a medias

Burbuja especulativa: el ejemplo de EE UU

Analizando la cuestión desde otra perspectiva, y a partir del exhaustivo análisis de la realidad actual del gas de esquisto en EE UU realizada por J. David Hughes en su reciente trabajo Drill, Baby, Drill [6], hemos podido comprobar el rápido agotamiento de los pozos y de los yacimientos de shale gas en EE UU, tal y como se recoge en el gráfico 1 en el que se refleja el declive en la producción media de los pozos de los tres mayores yacimientos de gas de esquisto en EE UU, que representan 2/3 de la producción total.

Gráfico 1: Evolución de la producción de shale gas de 3 pozos en EE UU

El rápido agotamiento de los pozos es consecuencia de la propia naturaleza del shale gas: la escasa porosidad de la roca madre donde están atrapadas las moléculas de metano. Habida cuenta que tan solo se liberan las moléculas de aquella zona de la roca madre que ha sido fracturada, la cantidad de gas extraída durante la vida total del pozo depende de tres factores: la cantidad de gas atrapada en la roca madre por unidad de volumen, el espesor de la capa y la longitud perforada horizontalmente.

Dichas variables varían, obviamente, según las características geológicas de cada yacimiento y de cada pozo en concreto. Si analizamos las estimaciones que hemos realizado para los tres yacimientos de EE UU citados, comprobamos que tan solo el de Haynesville con una producción total media por pozo de 105 millones de metros cúbicos de gas es capaz de obtener unos ingresos netos (descontada la cantidad de gas equivalente a la energía consumida en la extracción), al precio actual del gas en EE UU de 4 $/MBtu, superiores a la inversión necesaria estimada para la perforación de un pozo [7]. Los otros dos yacimientos, Barnett y Marcellus, ni tan siquiera consiguen que los ingresos brutos (sin tener en cuenta el coste de la energía empleada en la extracción) sean suficientes para cubrir el coste de la perforación del pozo. Y eso sin tener en cuenta los gastos operativos de explotación ni los gastos financieros, que para una actividad con grandes desembolsos iniciales representan una suma importante.

Y los datos relativos al conjunto de los pozos EE UU son todavía peores. Esa es la realidad de la industria extractiva del shale gas en EE UU: salvo que se triplique el actual precio del gas se enfrenta a una bancarrota inevitable.

Dudamos mucho que los eventuales yacimientos de gas de esquisto que se pudieran explotar en el futuro en España posean unas características mejores que los de EE UU. Más bien opinamos lo contrario, por lo que la rentabilidad económica de estas explotaciones es más que dudosa [8].

No hemos hecho en este breve artículo ni una sola referencia a los evidentes e importantes impactos que acarrea la actividad de la fractura hidráulica, tanto para los acuíferos y el entorno natural como por la emisión de metano a causa de las inevitables fugas que se producen.

Este último hecho se ha puesto de manifiesto en varios trabajos [9] donde se evidencia que en un horizonte temporal de los próximos 20 años –los decisivos si queremos llegar a frenar el calentamiento global– y como consecuencia fundamentalmente de las fugas de metano, la sustitución del carbón por el gas metano, especialmente el procedente de yacimientos de shale gas, no sería una alternativa útil contra el cambio climático.

Así, la sustitución del carbón por el gas de esquisto no implica una ruptura con el modelo de explotación de los combustibles fósiles, ni un significativo cambio de tendencia en la lucha contra las emisiones de gases de efecto invernadero. Lo razonable, como también concluyen muchos trabajos, es dejar la mayor parte los combustibles fósiles en el subsuelo, para no incrementar peligrosamente el calentamiento global. Pero, además, las inversiones en fractura hidráulica detraen fondos necesarios para el desarrollo de las energías renovables.

Una última reflexión

¿Qué sentido tiene, habida cuenta de su nula y probablemente negativa rentabilidad, esta fiebre por explorar los hipotéticos yacimientos no convencionales de gas, que se ha desatado en todo el mundo?

Todo parece indicar que el interés último de las empresas del sector no es tanto el de obtener un beneficio de la extracción y venta del gas, sino que el auténtico negocio consiste en contabilizar las reservas de los yacimientos que eventualmente se puedan explorar. Así consiguen un incremento ficticio de los activos de sus balances. Como señala Pedro Prieto, tiene un esquema financiero similar a las subprime. Es decir, estamos frente a una nueva burbuja financiera que más pronto que tarde va a estallar.