Coste de los residuos nucleares

La energía nuclear es mucho más cara que lo que nos cuentan.

Rodrigo Irurzun y Paco Castejón, Área de Energía de Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 77.

La energía nuclear es un gran negocio para las eléctricas y una ruina para el Estado. Una central nuclear gana del orden de 1 millón de euros diarios, pero la gestión de sus residuos los pagaremos el resto de la sociedad durante siglos. Es la historia de siempre, la de privatizar los beneficios y socializar los costes. Y eso que se trata de una fuente de energía prescindible, peligrosa y con grandes emisiones de CO2 y otros impactos asociados.

En el Estado español, al igual que en otros Estados a nivel mundial, se lleva décadas generando residuos radiactivos. Entre ellos, los de alta actividad, producidos fundamentalmente en las centrales nucleares, son los más preocupantes y para los que sigue sin existir una solución técnica y económicamente viable a medio y largo plazo.

El coste previsto de su gestión a corto y medio plazo es asumido mayoritariamente por los consumidores a través de la tarifa eléctrica, mientras que el coste a largo plazo, imposible de calcular, será asumido por el conjunto de la sociedad. Los costes previstos de gestión hasta 2070, basados en la suposición de que las centrales nucleares del Estado tendrán una vida operativa de 40 años, suponen alrededor de 15.000 millones de euros (a valor de 2006). El 35% de este coste será cubierto por las empresas propietarias de las centrales nucleares, mientras que el 65% se traslada a la tarifa eléctrica, es decir, lo pagamos los consumidores.

Además, estos costes no incluyen la gestión a largo plazo (más allá de 2070), que será cubierta por el Estado, y cuyo coste es impredecible, ya que el periodo en el que estos residuos siguen siendo peligrosos es de muchos miles de años. Aunque la Ley 15/2012 establece impuestos de generación y almacenamiento de residuos radiactivos a las centrales nucleares, es más que probable que las cantidades recaudadas sean insuficientes para cubrir estos gastos.

El coste de la gestión

La gestión de los residuos radiactivos se contempla de forma diferente según sean de alta, media o baja actividad. Estos últimos se depositan en el Almacén de Residuos Radiactivos de El Cabril (Córdoba), mientras que para los primeros no se dispone de una solución definitiva.

En la actualidad el combustible gastado se almacena en piscinas junto a cada reactor, lo que es necesario al menos durante los primeros años para conseguir una refrigeración adecuada. A medida que las piscinas se van saturando o que se clausuran reactores, se construyen los llamados ATI (Almacén Temporal Individual) para albergar los residuos junto a las centrales nucleares, normalmente en seco y refrigerados por aire, como los de Zorita, Trillo o el futuro de Vandellós (2014). El Gobierno español ha tomado la decisión de construir un ATC (Almacén Temporal Centralizado) para albergar los residuos de alta actividad generados en todas las centrales nucleares del Estado, en Villar de Cañas (Cuenca), que se prevé que costará alrededor de 1.000 millones de euros.

Sin embargo, tanto los ATI como el ATC se contemplan para una duración de 60 a 100 años, mientras que los residuos tardan miles de años en disminuir su actividad, y algunas de las técnicas propuestas por la industria, como son la transmutación o el reciclado o no resuelven el problema, o no son viables técnica y/o económicamente.

Coste gestión desde 1985 hasta 2070

Según el VI Plan General de Residuos Radiactivos (2006), el coste de la gestión de los residuos radiactivos en España, desde 1985 hasta 2070 [1], es de 15.000 millones de euros [2], de los cuales en 2006 ya se habían gastado 3.000 millones y quedaba un fondo de 1.800 millones. La mayor parte del coste corresponde a los residuos producidos en la industria nuclear, pero la cifra mencionada no contempla la gestión a largo plazo ni la vigilancia de los residuos para que no se utilicen como armamento, obligación que asume el Estado según la Ley de Energía Nuclear y el Tratado de no Proliferación. Estos costes, entre otras cosas, son imposibles de precisar, según reconocía el Gobierno en el preámbulo de la Ley 15/2012.

Figura 1. Reparto de costes de gestión de los residuos radiactivos según el VI Plan General de Residuos Radiactivos (2006)

Cuantificación de los residuos radiactivos

El VI Plan General de Residuos Radiactivos basó sus previsiones en una vida de las centrales nucleares de 40 años. A finales de 2005 había en el Estado 37.200 m3 de media y baja y 3.370 toneladas de uranio (combustible gastado), y el total a gestionar hasta 2070 ascendería a 176.300 m3 de residuos de media y baja actividad y 12.800 m3 de residuos de alta actividad y combustible gastado. Unos 10.000 m3 de combustible gastado, que corresponden a 6.674 toneladas de uranio, y el resto procedente del desmantelamiento de las centrales.

La generación media de una central tipo de 1.000 MW es de 20 toneladas de uranio al año (combustible gastado), de 50 m3 (centrales con tecnología PWR) y 130 m3 (centrales BWR) de residuos de media y baja actividad, junto con 110 m3 de residuos de media y alta y 13.000 m3 de baja durante el desmantelamiento.

Fondos para la gestión

Según el VI Plan de Residuos, los costes de los residuos generados hasta el 31 de marzo de 2005 se financian a través de la tarifa eléctrica, mientras que los costes de los residuos generados a partir de esa fecha serían financiados por las centrales nucleares. Pero además, de los costes futuros (a partir de 2005), 6.340 millones de euros se financian a través de la tarifa eléctrica [3], y 3.350 millones de euros a partir de las centrales nucleares.

La Ley 15/2012 introdujo nuevos impuestos a la generación y almacenamiento de residuos radiactivos, sobre la base de que el Estado tendrá que asumir los costes de la gestión a largo plazo [4], y asumiendo que dichos costes son impredecibles. Con ellos se recaudarían, si las nucleares funcionasen hasta los 40 años de vida, alrededor de 4.000 millones de euros, pero nadie asegura que esto sea suficiente, sobre todo teniendo en cuenta la larga vida que se espera de los residuos de alta actividad.

Las alternativas de la industria: altos costes en caso de viabilidad técnica

Los costes futuros son imposibles de predecir. Dependerán de la forma de gestión que se adopte más allá de 2070. Desde el punto de vista económico resulta una verdadera aberración: la industria se embarca en una actividad cuyo coste no se puede cuantificar, algo que sin duda no se habría tolerado en cualquier otra actividad industrial.

La transmutación requeriría la construcción de reactores transmutadores que sirvieran para quemar los actínidos menores presentes en los residuos de alta. Un ejemplo de transmutador que jamás llegó a construirse fue el conocido como Rubbiatrón, cuyo coste se estimó en 600 millones de euros, y que solo tenía una potencia de 100 MW. Según algunos cálculos, para quemar todos los residuos se calcula que harían falta construir transmutadores cuya potencia alcanzase el 20% de la potencia instalada. Si estos ingenios llegasen a funcionar algún día, implicarían un encarecimiento de la energía nuclear en un 100%.

La otra opción a largo plazo que se baraja es el enterramiento. Sólo existen planes en Onkalo (Finlandia) donde se planea construir un cementerio de galerías a unos 400 m de profundidad. El coste presupuestado es de unos 3.000 millones de euros, que seguramente se disparará, al igual que lo ha hecho el de la central de Olkiluoto que casi se ha triplicado. A esto habrá que añadir los salarios de las personas que cuiden y mantengan la instalación durante unos 100.000 años. Si hablamos de unas treinta personas con sueldos españoles, esta cifra ascendería a la cifra alucinante de unos 120.000 millones de euros más, a precios actuales, siempre que no hubiera accidentes ni reparaciones imprevistas.

La nuclear, negocio para las eléctricas y ruina para la sociedad

Los costes medios de operación de las centrales nucleares en España, cuya construcción se amortizó hace años, es de 18 €/MWh [5], mientras que el precio de venta de la electricidad en el mercado varía entre 40 y 70 €/Mwh. Según estas cifras, los beneficios extra [6] de una central nuclear pueden estar entre los 160 y los 425 millones de euros al año, dependiendo del precio de la electricidad. Es decir, que cada día que opera una central nuclear genera unos beneficios para sus dueños de entre medio millón y más de un millón de euros.

Sin embargo, los costes de la gestión los asume en su mayor parte la sociedad, empezando por los consumidores a través de la tarifa eléctrica, y continuando por la gestión a largo plazo que asume el Estado. En definitiva, nos encontramos ante un caso más, gravísimo por las terribles consecuencias que puede acarrear tanto en el presente como en el futuro, de externalización de costes para beneficio de las grandes empresas. Pero lo más sangrante de todo es que hoy en día hay opciones renovables con las que dispondríamos de una energía más limpia y sostenible, a un precio igual o menor, y que estas opciones están siendo cortadas por estas mismas empresas, que ven peligrar los suculentos beneficios que obtienen a costa del resto de la sociedad.

Los residuos radiactivos
Los residuos radiactivos se clasifican por su nivel de radiactividad y por el tiempo que tarda en disminuir su actividad. En función de esos parámetros se distinguen:
-  Residuos de Alta Actividad. Contienen concentraciones elevadas de radionucleidos de vida corta y media y concentraciones considerables de radionucleidos de vida larga, generan grandes cantidades de calor, como consecuencia de la desintegración radiactiva y, aunque la actividad decrece con el tiempo, tardará varios miles de años en llegar a un nivel no nocivo para la salud. En ellos está incluido el combustible gastado de los reactores de las centrales nucleares.
-  Residuos de Media y Baja Actividad. Contienen concentraciones bajas o medias de radionucleidos de vida media corta, generalmente inferior a 30 años (isótopos emisores beta-gamma) y un contenido bajo y limitado en radionucleidos de vida larga (emisores alfa). Estos residuos dejan de ser peligrosos para la salud en algunos cientos de años, por lo que pueden ser almacenados de manera definitiva en instalaciones en superficie o a poca profundidad, que garanticen su aislamiento por dichos periodos de tiempo. Se originan en las centrales nucleares, pero también en otras instalaciones que manejan productos radiactivos, como algunas industrias, hospitales, o instalaciones de fabricación de combustible nuclear.
-  Residuos radiactivos de muy baja actividad. Los residuos de muy baja suelen ser cenizas y escombros contaminados, de gran volumen y con un nivel muy bajo de actividad radiactiva. Casi no necesitan blindaje y basta con evitar la cercanía de personas y su dispersión por el medio ambiente. Los radionucleidos contaminantes son los mismos que en los de media y baja actividad.



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