Otra educación es posible (y necesaria)

He dejado transcurrir dos meses desde la publicación de los escalofriantes resultados de las pruebas para acceder al cuerpo de maestros de la Comunidad de Madrid, en noviembre de 2011. Recuerdo: el 86% de los 14.110 aspirantes suspendieron la llamada prueba de conocimiento, que incluía preguntas del nivel de 6º de primaria (niños y niñas de 12 años), con respuestas tan precisas como que “el caracol es un crustáceo” o “la gallina es un mamífero”. Todo ello aderezado con respuestas Logse del tipo “hay que practicar la teoría del andamiaje: el alumno debe aprender por sí mismo”.

Por aquello de matar al mensajero, las respuestas de los sindicatos de la enseñanza han sido del tipo de condenar a la Comunidad de Madrid por filtrar esos resultados con el evidente fin de desprestigiar la profesión docente. Ningún desmentido a esa muestra de indigencia cultural y mucho menos ninguna identificación de los responsables de este desaguisado.

Si la situación de la enseñanza en nuestro país es de emergencia social (un 30% de fracaso escolar, un 50% de paro juvenil, abandono escolar rampante, niveles de conocimiento científico y de comprensión lectora ínfimos), ¿no sería necesario abordar las causas del desastre, identificar los culpables y poner los remedios? Pues bien, ninguno de estos tres apremios se está llevando a cabo.

Sin ánimo de abordar toda la complejidad del asunto, una cosa obvia es que aquellos polvos han traído estos lodos. O sea, un ”mariposeo cognitivo” ejemplificado en la Logse de 1990 (aunque desarrollada un lustro más tarde) es el desencadenante de este marasmo. En palabras de José Aguilar, “una confusa salsa ideológica de igualitarismo a la baja, sobreprotección del alumno e intervencionismo y despotismo ilustrado”. Y para rematar la faena, una neolengua arropada de falso progresismo para silenciar a los disidentes. ¿Es que las fuerzas de izquierda no acaban de percatarse de que estas reformas educativas disfrazaban de psicopedagogismo idealista un intento deliberado de anular las posibilidades de ascenso social que siempre debe tener la instrucción pública? Si la escuela era la segunda oportunidad que disponen los que carecen de recursos económicos y de ambiente cultural para progresar, el igualitarismo a la baja, el despojamiento de rigor intelectual y el regalo de la titulación a cualquier alumno que reclame, han laminado esta posibilidad, con el silencio cómplice de la izquierda.

Indignación es lo que hay mostrar hacia los responsables del estado de degradación en que se encuentra la enseñanza, que tienen nombres y apellidos, por más que se escuden en la falta de recursos o el escaso entusiasmo del profesorado. Mentiras: son un modelo educativo disparatado, unas propuestas psicopedagógicas delirantes, un abandono del rigor y de la excelencia, una intromisión burocrática continua, un desplome de la cultura del esfuerzo,…las verdaderas responsables del hoyo en que nos han metido los hacedores del mal. Y para rematar la faena, la Ley Wert introduce más horas lectivas, menos sueldo, cursos masificados, en definitiva, un panorama que exige poner en práctica las enseñanzas del Movimiento 15M: ¡REBELAOS!

¿Por qué la Marea Verde en todas su movilizaciones, justas y necesarias, ha eludido todo lo que ocurre dentro del aula y concentrando su rechazo solo en los recortes económicos, la masificación y la mercantilización de la enseñanza? Nadie es capaz de desalojar a la secta pedagógica que sigue emponzoñando la educación y burocratizando el trabajo docente con planes y más planes, de igualdad, de convivencia, de mejora, de calidad,…

El Programa de Calidad y Mejora de los rendimientos escolares de los centros educativos públicos de la Junta de Andalucía, afortunadamente ya extinto, ha gastado casi 165 millones de € de 2009 a 2012 para incentivar el aumento de aprobados. ¿No se podrían y deberían haber empleado mejor en conseguir solucionar que el 43,4% de los alumnos de Secundaria andaluces dejen de repetir al menos un curso? ¿O en remediar que el 32,5% de los jóvenes andaluces entre 18 y 24 años carezcan de cualquier formación postobligatoria? Que la Consejería de Educación destine el 1,5% de su presupuesto a “investigación educativa” (cinco veces más que la media nacional), con una clandestina Agencia Andaluza de Investigación Educativa, “evaluando” el disparate, es desmoralizador.

La lenidad con los alumnos, el recorte en gasto público en educación, el confesionalismo religioso de la reforma Wert, el abandono escolar, la renuncia a la exigencia y el énfasis en las competencias por encima del genuino aprendizaje, configuran un coctel tóxico y explosivo.

Me cuesta tener que escribir estas evidencias, porque, como reconoce Muñoz Molina, “en la izquierda, cualquier crítica del estado actual de la educación activa como un anticuerpo la acusación de nostalgia del franquismo”. Frente a la “verborrea pretenciosa y vacua de una supuesta ciencia holística de la educación formal, inmaterial e incontaminada de contenidos conceptuales y empíricos (Enrique Moradiellos), se alza la realidad de los iletrados aspirantes a maestro, que no dejan de ser el resultado de las enseñanzas Logse, de las que ellos han sido víctimas. Frente al tópico falso de la “generación mejor preparada de la historia”, se sitúa la evidencia de lagunas conceptuales y carencias monumentales.

Hannah Arendt decía (“La crisis en la educación”) que “el problema de la educación en el mundo se centra en el hecho de que, por su propia naturaleza, no puede renunciar a la autoridad ni a la tradición”.

La mercantilización, la privatización y la insolvencia intelectual son fines perseguidos por las contrarreformas educativas del gobierno del PP. Nada nuevo bajo el Sol, pero mucho más descarnado. Solo que ahora la sumisión del profesorado se persigue sin disfraces pseudopedagógicos.

Mientras tengamos que soportar gurús inamovibles como Fernández Enguita, que arremeten contra el profesorado: “El malestar docente en muchos es malhacer y en alguno hasta malser. Se trata de un discurso circular y autista, pero cada vez más ruidoso”,

o como Eduardo García: “No hay verdades absolutas que tengamos que imponer, sino verdades relativas, que hay que construir y negociar democráticamente”, la educación no saldrá de su postración.

Y más en los tiempos que corren, en los que la promoción social a través de la educación se ha quebrado (Zygmunt Bauman, “Sobre la educación en un mundo líquido”): “Los jóvenes no han sido preparados para una economía de trabajos volátiles en el que el desempleo sobrevuela sus vidas”.

¿La solución? No la tengo, pero iría por la línea de lo que Barak Obama (mis colegas de Ecologistas en Acción me van a regañar por la cita) decía en su discurso a la escuela secundaria Wakefield, en Arlington:

“Pero en última instancia, podemos tener los profesores más entregados, los padres que más nos apoyen, y las mejores escuelas del mundo, y nada de ello importará a menos que todos vosotros cumpláis con vuestras responsabilidades. A menos que asistáis a esas escuelas; pongáis atención a esos profesores; escuchéis a vuestros padres, abuelos y otros adultos; y trabajéis todo lo duro que hace falta para triunfar”.

Por Daniel López Marijuán