Enresa no tiene alternativa en caso de que los terrenos no sean aptos

El 22 de noviembre, ENRESA organizó una Jornada Monográfica sobre el Cementerio Nuclear en el que intentó vender el proyecto como beneficioso y seguro. Con esta maniobra la empresa que gestiona los residuos nucleares, intenta contrarrestar los informes sobre la inestabilidad de los terrenos y las dudas expresadas por el propio Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). La negativa de ENRESA a responder sobre los riesgos no hace sino incrementar la desconfianza sobre un proceso cada vez más opaco.

En la exposición, ENRESA reconoció públicamente que no tienen un plan B, en caso de que, tras la caracterización de los terrenos (que todavía se están realizando), el CSN rechace los terrenos. Mariano Navarro (Jefe de Ingeniería de ENRESA) se centró en indicar que los elegidos eran “los mejores de los disponibles entre los adquiridos en Villar de Cañas” situándolos en la zona Noroeste de la finca adquirida. El ponente intentó pasar por encima de la polémica que ha centrado las últimas semanas sobre el informe destapado por la prensa que habla de la inestabilidad de los terrenos [1] o las dudas expresadas por el CSN [2].

La jornada, realizada en el Campus de Cuenca de la Universidad de Castilla-La Mancha, comenzaba con la introducción realizada por, entre otros, Benjamín Prieto (Presidente de la Diputación de Cuenca) y Francisco Gil-Ortega (Presidente de ENRESA). Los ponentes insistieron en las bondades del proyecto: el dinero que atraería a la región, trabajo, industria, infraestructuras, oportunidades de negocio... en un tono como si se hablase de traer algún producto inocuo o incluso beneficioso para toda la región, en vez de los residuos más peligrosos y mortíferos que conoce la humanidad. En toda la ponencia apenas se escuchó la palabra “residuo” ni “radiactivo” y palabras como “Plutonio”, “Uranio” o “accidente” estaban vetadas. Obviando que, precisamente, el proyecto no contempla otra cosa que de traer a Cuenca los residuos radiactivos de toda España. Y ENRESA tiene como único cometido (por ley) la gestión de residuos radiactivos, pero no la promoción del desarrollo económico ni la creación de empleo, para lo que, además, no tiene ni medios ni experiencia.

En el turno de preguntas los asistentes insistieron en su preocupación por los terrenos y Navarro indicó que el ATC se instalaría sobre una zona que, aunque yesífera, posee una capa superior de arcilla y más estable y que la zona que da más problemas se situaría más al este. Esto dio lugar a que se planteara si el proceso de elección del lugar no habría sido inadecuado ya que al tener solo 8 candidatos frente a los más de 8.000 municipios españoles dejaba fuera el 99,9 % del territorio español, en concreto se le preguntó a Navarro si el lugar “más idóneo” para los residuos “más peligrosos” no estaría probablemente ubicado en ese 99,9 % del territorio español no tenido en cuenta. Ante la insatisfactoria respuesta de Navarro, Álvaro Rodríguez (Director Técnico de ENRESA) tomó la responsabilidad de responder aludiendo a que, en realidad no existe el “emplazamiento idoneo” sino “emplazamientos adecuados” y que gran parte de España cumpliría estas características porque en realidad el terreno no es lo verdaderamente importante para la seguridad.

Estas ambiguas respuestas generan inseguridad, ya que mientras ENRESA ha dicho desde el principio que el proceso era el mejor de los posibles, admite ahora que prácticamente cualquier ubicación les habría valido. De hecho, ante la pregunta de si se tiene en mente un Plan B por si el CSN no admitiese los terrenos propuestos, Navarro reconoció que esa posibilidad no se tienen en cuenta. Esto nos deja una doble y preocupante pregunta: ¿El proceso está decidido de antemano incluso antes de recibir los permisos definitivos? o ¿ENRESA no ha tenido la previsión de considerar alternativas? El mero planteamiento de estas preguntas genera muchas sombras sobre un proceso que, por tratarse de algo tan delicado, debería ser claro y sin resquicios.

Dado que las preguntas del público no estaban favoreciendo a los objetivos de las jornadas, el moderador (Carlos Dávila, Director de Comunicación de ENRESA) decidió pasar al descanso y al café dejando sin respuesta varias de las cuestiones que los asistentes habían formulado. En concreto, ni Navarro ni Rodríguez quisieron o supieron dar respuesta a las siguientes preguntas:

  • Si no hay riesgo en el ATC y se ha hablado de inversión, empleo, industrialización e infraestructuras para la región... si todo son ventajas ¿Por qué se paga una importante suma en concepto de indemnización a los municipios afectados?
  • Los informes geológicos han sido negados a organizaciones políticas y ecologistas que los han pedido, ¿Si todos avalan el emplazamiento a que se debe esa negativa?

Se ha perdido una oportunidad excelente para explicar la problemática y los riesgos reales del proyecto que se pretende traer a Cuenca. Habría sido mucho más interesante que los ciudadanos conocieran de mano de los técnicos de ENRESA los riesgos a los que se les pretende exponer para que, libremente decidan si quieren aceptarlos. Pero ello implicaría hablar abiertamente de residuos radiactivos, Plutonio, Uranio, riesgos de accidentes, consecuencias de la radiactividad, cáncer y muerte y quizá esos no son términos apropiados para un acto de mera propaganda.




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