Más medidas de control en las acerías

El incidente de ayer en la acería SIDENOR de Reinosa es la repetición de los ocurridos en Acerinox en Los Barrios (Cádiz) en 1998, en Alcalá de Guadaira (Sevilla) en 2001 y en Sestao (Vizcaya) hace tan sólo 6 meses. Éste incidente consistió en la fundición de una fuente de Cs-137 procedente de la industria y que no fue detectada en los pórticos de medición de radiactividad que hay ubicados en las entradas. El CS-137 es un emisor de radiactividad gamma, el tipo de radiactividad más peligrosa, que es extremadamente volátil, por lo que se dispersa rápidamente y la contaminación se puede extender con facilidad. La tasa de dosis medida en los polvos de salida del horno, no obstante, indica que el incidente es menos grave que el de Acerinox, donde se fundió una fuente unos 100 Curios, lo que lo convirtió en uno de los sucesos radiactivos más graves de la historia radiológica española. Al igual que en los anteriores casos, la red REVIRA de vigilancia radiológica que, hipotéticamente, sirve para dar la alarma en este caso de sucesos, no detectó ningún incremento de radiactividad durante la fusión de esta fuente en Reinosa.

El incidente tuvo lugar casi con toda seguridad 24 horas antes de que se detectara la radiactividad en el camión, por lo que Ecologistas en Acción considera imprescindible la realización de reconocimientos específicos a todos los trabajadores de la acería, estuvieran o no de turno en el momento de la detección. Estos reconocimientos han de incluir la medición de contaminación radiactiva en heces, sangre y orina, para discernir las posibles dosis radiactivas sufridas por los trabajadores, los responsables de la empresa no puede limitarse a reconocimientos ordinarios.

Según Ecologistas en Acción, la conclusión que cabe sacar de estos sucesos es que el protocolo firmado por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) con las acerías es insuficiente. Hay que reconocer que en este caso ha sido eficaz para detectar la fundición de la fuente radiactiva y limitar los efectos de la radiactividad y la dispersión de la contaminación en las cenizas, pero no ha sido eficaz para evitar el incidente, como no lo fue en Sestao o en Alcalá de Guadaira. Ecologistas en Acción pide que se tomen medidas preventivas más estrictas. Sería imprescindible aumentar la sensibilidad de los detectores de pórtico de las entradas de las acerías, pero sería también necesario instalar detectores en la boca de los hornos que pudieran detectar las fuentes antes de ser introducidas en los hornos, o al menos en el justo momento en que se fundiera la fuente radiactiva, lo que permitiría actuar con más celeridad.

Asimismo sería necesario que las acerías tuvieran una certificación de la procedencia de la chatarra que van a procesar. De esta manera sería más fácil estar preparados para sucesos como éste. Si la chatarra procede de hospitales o de centros industriales que realizan gammagrafías, la probabilidad de que entre la chatarra hubiera alguna fuente radiactiva sería mayor y habría que extremar las medidas de precaución. El problema de fondo, no obstante, es la enorme cantidad de fuentes radiactivas que nos rodean en nuestras vidas cotidianas, lo cual hace irrealizable que se las pueda controlar correctamente. La solución sería que el CSN y los organismos reguladores dieran menos autorizaciones para tener fuentes radiactivas y, además, que la autorización para utilizar una fuente vaya acompañada de la obligación de gestionarla correctamente cuando deje de usarse.