Ozono troposférico

Es uno de los gases contaminantes con mayor incidencia en el Estado español.

Pedro Belmonte Espejo y Eduardo Gutiérrez González, Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 79.

El ozono es un gas complicado. No se emite directamente por ninguna fuente, pero los contaminantes que salen de los tubos de escape de los vehículos a motor, sobre todo diesel, en condiciones de fuerte insolación, reaccionan entre sí dando niveles de ozono malsanos a veces a una distancia importante de los focos originarios de contaminación. Según los límites que marca la Organización Mundial de la Salud, el ozono afecta negativamente a un 82% de la población española. Pero también tiene un importante efecto sobre los cultivos, pues disminuye su productividad.

Respirar aire limpio y sin riesgos para la salud es un derecho inalienable de todo ser humano. Está sobradamente demostrado que la contaminación atmosférica causa daños a la salud de los ciudadanos y al medio ambiente. Se trata de un problema con una importante vertiente local, pero también de magnitud planetaria, ya que los contaminantes pueden viajar largas distancias.

El origen de este problema en nuestras ciudades se encuentra principalmente en las emisiones originadas por el tráfico rodado. En determinadas regiones puede también resultar relevante el problema causado por determinadas industrias, centrales energéticas (térmicas y de ciclo combinado), refinerías e incineradoras; sin olvidar el aporte causado por fuentes naturales.

El ozono troposférico u “ozono malo”

El ozono (O3) es un gas incoloro generalmente y de un olor acre, cuya molécula está compuesta por tres átomos de oxígeno. La capa de ozono en los niveles altos de la atmósfera (estratosférico) constituye un filtro de protección contra las radiaciones solares. Sin embargo, el ozono en superficie (troposférico) resulta ser un contaminante que tiene graves impactos sobre la salud pública y los ecosistemas

El ozono troposférico no se emite directamente a la atmósfera. Es un contaminante secundario, esto es que se forma a partir de reacciones fotoquímicas complejas con intensa luz solar entre contaminantes primarios como son los óxidos de nitrógeno (NO, NO2) y compuestos orgánicos volátiles (COV) (ver figura 1). Los óxidos de nitrógeno se generan en los procesos de combustión y especialmente por el tráfico rodado. Los compuestos orgánicos volátiles se generan a partir de un número de fuentes variado, transporte por carretera, refinerías, pintura, limpieza en seco de tejidos, y otras actividades que implican el uso de disolventes.

El monóxido de carbono (CO) y el metano (CH4) también intervienen en la formación de O3. El metano, también un compuesto orgánico volátil, se genera en la minería del carbón, la extracción y distribución de gas natural, vertederos, aguas residuales, quema de biomasa, granjas de animales, etc. El ozono tiende a descomponerse en las zonas en las que existe una alta concentración de NO. Esto explica que su presencia en el centro de las grandes ciudades suele ser más baja que en los cinturones metropolitanos y en las áreas rurales circundantes.

Figura 1: Formación del ozono troposférico

Los parámetros establecidos por la legislación europea y estatal son los siguientes:
- valor objetivo para la protección de la salud humana: 120 microgramos por metro cúbico (µg/m³) octohorario, que no debe superarse más de 25 días por año civil;
- el umbral de información a la población: 180 µg/m³ (promedio horario);
- umbral de alerta: 240 µg/m³ (promedio horario).
- además se establece un valor objetivo para la protección de la vegetación (AOT40) de 18.000 µg/m³ por hora de promedio en un período de cinco años [1].

Sin embargo, estudios epidemiológicos recientes de series cronológicas han demostrado que se producen efectos en la salud con concentraciones de ozono por debajo del valor guía anterior de 120 µg/m³. Este valor se ha quedado obsoleto y no asegura una adecuada protección de la salud pública y de la calidad de vida ciudadana. Así, la Organización Mundial de la Salud, ha rebajado el valor límite de protección para la salud de 120 a 100 µg/m³ sobre la base de la relación concluyente establecida entre el nivel de ozono y la mortalidad diaria en concentraciones inferiores a 120 µg/m³ [2].Usando el valor límite de la OMS, aumentarían muchísimo más los días de superaciones de ozono troposférico en las diferentes zonas de la Península.

Impactos en la salud humana y en los ecosistemas

El ozono troposférico es un potente oxidante que produce efectos adversos en la salud humana. Estudios a corto plazo muestran que concentraciones de O3 (especialmente en el verano) tienen efectos adversos en la función respiratoria, causando la inflamación pulmonar, insuficiencia respiratoria, asma y otras enfermedades broncopulmonares.

Varias investigaciones europeas han mostrado que la mortalidad diaria se incrementa con el aumento de la exposición al ozono [3]. También hay nuevas evidencias que vinculan la exposición al ozono, a largo plazo, con mayores efectos de lo que se pensaba en cuanto al deterioro de la salud reproductiva y de la mortalidad. Desde 2005, se han publicado varios análisis de cohorte sobre la exposición al ozono a largo plazo y mortalidad respiratoria. También hay evidencias en estudios sobre cohortes y mortalidad entre las personas con enfermedades previas (enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), diabetes, insuficiencia cardiaca, infarto, etc.) [4]. En este contexto, hay que señalar también el reciente informe de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC en inglés), organismo dependiente de la OMS, que ha clasificado la contaminación ambiental como carcinógeno del Grupo 1 (el nivel más alto de clasificación) [5].

El ozono en el aire ambiente interior puede también reaccionar con otros componentes (formaldehído, acetaldehído y otros ácidos orgánicos) produciendo contaminantes de corta duración pero que resultan altamente irritantes y que también tienen efectos sobre la salud a largo plazo [6].

Altos niveles de O3 también pueden dañar la vegetación, perjudicando la reproducción y el crecimiento de las plantas, lo que lleva a la reducción de la biodiversidad, disminución de crecimiento de los bosques y reducción del rendimiento de los cultivos agrícolas. El ozono disminuye el proceso de fotosíntesis, reduciendo la absorción del dióxido de carbono por la planta [7].

Los daños a los cultivos agrícolas causados por el ozono son un problema significativo en el sur de Europa que puede llegar a ser catastrófico para el sector agrícola. El daño por el ozono puede reducir tanto el rendimiento del cultivo y la calidad, como el valor de la cosecha. Hay cultivos más sensibles al ozono, como el algodón, la lechuga y los tomates. El efecto del ozono en las plantas varía en función de diversos factores, como la edad de estas, los niveles de luz, humedad o las condiciones del suelo; pero los estudios indican que la combinación de niveles máximos de ozono y la duración de la exposición son los factores más importantes [8]. Nuevas evidencias científicas sugieren que el ozono y el nitrógeno pueden tener efectos sinérgicos y antagónicos sobre la salud de las especies y los procesos de los ecosistemas, y que pueden interactuar de manera impredecible, afectando a las comunidades vegetales [9]. Además de sus impactos sobre la salud humana, vegetación y cultivos, al ozono se le considera actualmente como el tercer gas en importancia del efecto invernadero (después del dióxido de carbono y el metano).

La situación en Europa y el Estado español

Puede decirse que la Unión Europea tiene un grave problema de contaminación por ozono y que un elemento significativo de este problema es el Estado español. Las conclusiones de un estudio europeo, analizando las tendencias en los niveles de ozono troposférico en Europa entre 1996 y 2005, indican que los niveles promedio se han incrementado a pesar de la reducción de los contaminantes que influyen en la formación de ozono [10]. El informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente de 2013 advierte que el 90% de la población urbana europea está sometida a concentraciones de contaminantes atmosféricos perjudiciales para la salud y es concluyente al señalar que los contaminantes más problemáticos para la salud de dicha población son las partículas en suspensión y el ozono troposférico [11].

En el Estado español, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, en el documento Avance de la Evaluación de la Calidad del Aire, constata que gran parte de Castilla y León, Castilla-La Mancha, Madrid, el Valle del Ebro, zonas significativas de Galicia y Cataluña, la mitad occidental de Valencia, Andalucía y Murcia superaron en 2012 el valor objetivo para la protección de la salud humana (120 µg/m³ más de 25 días al año), lo que nos da una idea de la importancia del problema. En el mismo documento se señala que ha habido problemas de superación del valor objetivo para la protección de la vegetación en la práctica totalidad de Andalucía, Castilla-La Mancha, Cataluña, Madrid, Extremadura, Valencia y Murcia, con lo que el daño a la biodiversidad y a la vegetación adquiere una magnitud preocupante [12].

Así, el ozono troposférico afecta a una población de 38,3 millones de personas, un 81% de la población total, según los valores recomendados por la OMS. Entre esta población se incluyen 8,8 millones de personas, un 19% sobre el total, que se ven afectadas por unas concentraciones que superan los valores establecidos por la normativa para este contaminante [13].

Según el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (ver figura 2) más de 22,6 millones de personas en España viven en zonas que superan el límite recomendado para el ozono. De esta manera, en relación a la población afectada por otros contaminantes, podemos decir que el ozono es el contaminante más problemático en el ámbito estatal [14].

Figura 2: Fuente: Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

Dos casos paradigmáticos pueden servir como síntomas del problema. En el municipio de Lorca (Murcia), se superaron con creces solo en 2012 los 75 días de valor objetivo de protección de la salud que se establecen como máximo para el trienio 2010-12. Y en el presente año, 2013, solo en los meses de enero-agosto, se han superado los días que se establecen para el trienio 2013-15. En las poblaciones de Huesca, Monzón y Bujaraloz también se ha incumplido la normativa AOT40, que fija unos límites para proteger la vegetación, tanto la natural como la cultivada. Este índice no debe superar la cifra de 18.000 microgramos/m3 por hora y Huesca ha alcanzado la cifra de 19.529, Monzón 19.053 y Bujaraloz 20.584. En el caso de Huesca capital, también se superó en los años 2011 y 2012.

En este sentido, el Gobierno, consciente de que en España “aún existen niveles de contaminación preocupantes para la salud humana y el medio ambiente” publicó recientemente el llamado Plan Aire (Plan Nacional de Calidad del Aire y Protección de la Atmósfera 2013-2016) la mayor parte del plan contiene medidas que se pueden considerar casi siempre como positivas para la mejora de la calidad del aire, pero que rara vez son llevadas a la práctica pese a que se repiten una y otra vez en todo tipo de planes, estrategias y documentos [15].

El Plan Aire adolece del mismo defecto que otros muchos documentos similares: pretender que con promesas de mejoras en el transporte público, en el uso de la bicicleta o similares, se va a reducir la contaminación en nuestras ciudades. La experiencia demuestra que estas medidas, aunque se lleven a la práctica (algo que no es lo usual) no resultan suficientes, si no se acompañan de unas medidas nítidas de restricción al uso del coche. Y esas apenas aparecen en este Plan Aire.

Un cambio de rumbo

Es necesario un cambio fundamental en las acciones a corto y medio plazo y los mecanismos para afrontar la lucha contra la contaminación del ozono troposférico, en particular, y las políticas sobre calidad del aire, en general, tanto en el ámbito de la UE como en el Estado español.

El Comisario de Medio Ambiente, Janez Potocnik, declaró, en la presentación del ultimo informe de la OMS sobre salud y calidad del aire, que: “La política de calidad del aire de la Unión Europea debe estar basada en las últimas evidencias científicas” [16]. Es fundamental y urgente que la Comisión Europea revise su legislación, modificando las directivas sobre calidad del aire, para la inclusión de los valores límites propuestos por la OMS, mucho más estrictos, preventivos y precautorios, basados en el peso de las evidencias científicas actuales. Es el caso del valor objetivo de protección de la salud diario (octohorario) de ozono, que la OMS lo reduce a 100 microgramos por metro cúbico, frente a los 120 que marca la ley.

La legislación obliga a la elaboración de planes de mejora de la calidad del aire cuando en determinadas zonas o aglomeraciones los niveles de contaminantes en el aire ambiente superen cualquier límite o valor objetivo, como es el caso del ozono troposférico, con el fin de reducir la contaminación a los niveles de ese valor objetivo [17], que lleven asociados una dotación presupuestaria para su puesta en práctica. El desarrollo de estos planes de mejora debe coordinarse en el Plan Nacional de Calidad del Aire en el que un mayor control y reducción de las emisiones del tráfico rodado y las actividades industriales, quedan como tareas pendientes.


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