El botijo

El botijo: tradición, ecología y economía.

Ángeles Murciego, Ecologistas en Acción de León. Revista El Ecologista nº 81.

Un botijo es una vasija de barro cocido, poroso, con base redonda y vientre abultado para darle capacidad. Suele tener en la parte superior un asa y dos orificios, uno por el que se bebe y otro por el que se rellena. Sirve para enfriar agua y conservarla fresca.

El botijo es un recipiente tradicional de la cultura española. La gran variedad de colores y formas se debe a las características de la arcilla de cada región y al buen hacer de los artesanos, alfareros y alfareras, herederos de unos conocimientos que desde tiempos remotos han ido pasando de padres a hijos.

¿Cómo enfrían el agua los botijos?

Los botijos, por muy simples que parezcan, son capaces de enfriar el agua y mantenerla fresca incluso cuando la temperatura ambiente es elevada. El agua que introducimos en el botijo va poco a poco filtrándose a través de los poros de la arcilla y al entrar en contacto con el ambiente seco exterior una parte del agua se evapora, produciendo un enfriamiento equivalente a unas 500 calorías por cada gramo de agua evaporada.

Es decir, al igual que la piel de los humanos deja salir el sudor para refrescar el cuerpo, el botijo también “suda” a través de sus poros.

Ventajas

  • El agua del botijo no sale fría, sino fresca. En un día de mucho calor, nuestra temperatura corporal es muy elevada. El contraste con la baja temperatura del agua de la nevera nos puede provocar varias dolencias (como mínimo, dolor de garganta), mientras que el botijo nos proporciona agua a una temperatura agradable y saludable.
  • Refrigerar el agua en la nevera consume mucha energía eléctrica. El botijo es capaz de enfriar el agua sin gastar energía, por lo que su uso ayuda a reducir los impactos asociados a la producción de electricidad.
  • El botijo no es hermético y por eso facilita la evaporación del cloro y la desaparición de los malos olores que pueden estar presentes en el agua de grifo. Es decir, mejora las propiedades del agua del grifo, que bien tratada es la más sana y barata.

El uso del botijo reduce el consumo de agua embotellada. En ocasiones se ha publicado que el agua del grifo no está tan limpia como sería deseable, pero las aguas envasadas también ofrecen problemas. Por ejemplo: los plásticos de las botellas pueden contener sustancias contaminantes que migran al agua.

Hay que tener en cuenta que el consumo de agua embotellada, impulsado fuertemente por la publicidad, supone la privatización de manantiales y acuíferos; provoca un enorme gasto de envases, que luego se convierten en residuos; y de energía, la que se emplea tanto en la elaboración de los envases como en el transporte del producto.

Tres consejos prácticos:

  1. Para eliminar del agua el sabor a barro que da el botijo recién estrenado no hace falta echar anís u otro licor. Basta cambiar con frecuencia, durante dos o tres días, el agua con la que llenamos el botijo antes de empezar a beberla.
  2. Debido a su porosidad es conveniente colocar el botijo sobre un plato para recoger el agua exudada que no llega a evaporarse.
  3. El botijo siempre debe tener agua. Si queda vacío durante varias semanas el agua volverá a saber a barro.



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