Las bolsas de plástico contaminan y no son necesarias

Día internacional libre de bolsas de plástico

Las bolsas de plástico contaminan y no son necesarias: ninguna se recicla. Consumiendo menos y mejor, protegemos el medio ambiente.

La bolsa de plástico es el producto estrella de nuestra cultura de usar y tirar, que malgasta grandes cantidades de materiales y energía para fabricar productos efímeros de un solo uso, muchas veces superfluos. Las bolsas de plástico se pueden reemplazar por recipientes o sistemas duraderos y ecológicos (bolsas de tela, de plástico resistente, de papel, carros de compra...). En España utilizamos unas 250 bolsas por habitante y año. Tanto su fabricación y distribución como su tratamiento posterior provocan importantes problemas ambientales. Por todo ello consideramos que es necesaria su desaparición.

En las tres grandes centrales de tratamiento de basura (Jerez, Miramundo -Medina- y Los Barrios) las bolsas se entierran o se apilan en grandes fardos ya que vale 100 veces más reciclarlas que fabricarlas de nuevo. Esta es una de las razones por las que más del 90 % de nuestros residuos sólidos urbanos acaban en vertederos, o en otras comunidades autónomas, en incineradoras.

Razones para decir no a las bolsas de plástico:

  • Se fabrican a partir del petróleo, un recurso no renovable, costoso, cada vez más escaso y responsable de la emisión de gases de efecto invernadero, es decir, del cambio climático.
  • Su reciclaje no es rentable: cuesta 100 veces más reciclarlas que producirlas nuevas.
  • La mayoría acaba en el mar o quemada en las incineradoras y en los hornos de cemento. Se han encontrado bolsas flotando al norte del Circulo Ártico y en lugares remotos del Atlántico Sur.
  • Contaminan durante su fabricación y su incineración (dioxinas, cianuro...).
  • Algunas están impresas con tintas tóxicas.
  • Tardan entre 150 y 1000 años en descomponerse.

• Su dispersión en la naturaleza causa mortandad de animales en el medio terrestre y acuático. Las tortugas, los delfines o los cachalotes, por ejemplo, se las comen porque las confunden con medusas y calamares. Es cada vez más frecuente encontrarlas en cadáveres de animales marinos porque provocan el bloqueo, irritación o laceración del tracto digestivo y reducen la cantidad de alimento que los animales pueden ingerir.

• Son de fácil sustitución por sistemas tradicionales: bolsas de tela, carritos, cestas, de papel...

Por ello proponemos:

  1. Hacer un pequeño esfuerzo desde la ciudadanía, los ayuntamientos, gremios de comerciantes y cadenas comerciales para animar al consumidor y a los comercios a sustituir las bolsas de plástico gratuitas por otro tipo de recipiente más resistente y duradero.
  2. Los acuerdos voluntarios de sustitución o de cobro serían idóneos para frenar el consumo generalizado de bolsas. Pero como puede ser insuficiente, necesitamos además acciones decididas destinadas a limitar el consumo de bolsas de plástico.
  3. Que el Gobierno grave el consumo indiscriminado y gratuito de bolsas de plástico con un impuesto ecológico lo suficientemente elevado para ser disuasorio. Ese dinero no lucraría al comerciante sino que se invertiría en investigación y desarrollo de tecnologías de producción limpia que minimicen la generación de residuos y en mecanismos para eliminar las bolsas de un solo uso.



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