Tratos sucios

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Informe Tratos sucios

Las grandes compañías petroleras, a través de los gobiernos de Canadá y EE UU, han utilizado las negociaciones comerciales, con la UE, para lograr rebajar regulaciones ambientales. La Directiva de Calidad de los Combustibles, que podría poner un freno a la entrada del petróleo procedente de arenas bituminosas -mucho más contaminante que el petróleo convencional- podría verse comprometida por las presiones en las negociaciones, de acuerdo a un informe elaborado por Amigos de La Tierra Europa. Esta organización, junto a Ecologistas en Acción y Transport & Environment, denuncia así al lobby petrolero internacional, incluido Repsol, y su insistencia por imponer el consumo de petróleo sucios.

El petróleo procedente de arenas bituminosas es un 23% más contaminante que el convencional. Uno de los dos mayores yacimientos del mundo se encuentra en Alberta (Canadá) y desde 2001 las mayores petroleras del mundo (Shell, ExxonMobil, BP, Sinopec, Chevron, ConocoPhillips and Total) llevan importantes sumas de dinero invertidas en hacer viable su extracción y distribución. Repsol, por su parte, ha destinado también cantidades económicas significativas a las refinerías españolas para permitir el procesamiento de este tipo de petróleos. Hace tan solo un mes, la refinería de Muskiz, recibió el primer cargamento de prueba para testar su correcto funcionamiento.

Por otro lado, en 2009, la UE aprobó reformar la Directiva de Calidad de Combustibles (FQD en sus siglas en inglés) con el objetivo de lograr que en 2020 el petróleo consumido en el sector transporte tuviera un 6% menos de emisiones asociadas a su consumo respecto a 2010. Esta Directiva era una de las herramientas clave para que la UE lograra en 2020 cumplir con el compromiso de reducir sus emisiones de efecto invernadero en un 20% frente a las de 1990. Desde entonces, ya han pasado cinco años, y la Comisión Europea tiene todavía pendiente aprobar el contenido, mecanismos y procedimientos, para ponerla en práctica. Un retraso, que cómo se demuestra en un informe elaborado por Amigos de la Tierra Europa, ha sido debido a las presiones ejercidas por las compañías del lobby petrolero a través de los gobiernos de Canadá y EEUU durante las negociaciones comerciales (el acuerdo CETA con Canadá y el TTIP con EE UU, ambos por sus siglas en inglés). Todo apunta a que, de continuarse con las negociaciones, la Directiva acabe sin ver la luz, o lo haga de una manera muy poco efectiva.

En el informe, elaborado con documentos oficiales, se exponen los diferentes agentes implicados (gobiernos de Canadá y EEUU, Cámara de Comercio de EE UU, la patronal Business Europe de la UE, el embajador americano, los técnicos encargados de las negociaciones, la Organización Mundial del Comercio, etc.) y los mecanismos de presión empleados por las compañías petroleras para sabotear esta Directiva: envíos de cartas y reuniones con los técnicos encargados de las negociaciones y los respectivos gobiernos, amenazas de llevar el caso a la OMS en el caso de que se aprobara la Directiva, así como múltiples declaraciones públicas. En todas ellas se pone de manifiesto el interés por eliminar una Directiva que de ponerse en marcha impediría la entrada masiva del petróleo sucio procedente de las arenas bituminosas de Canadá. Unas presiones que contrastan con la tremenda opacidad con la que se están llevando estas negociaciones, y con las enormes dificultades que supone acceder a la información de los acuerdos.

Si la presión del sector petrolero es tan grande es porque la única manera de hacer viable la explotación del petróleo de las arenas bituminosas de Canadá es a través del mercado europeo, ya que el mercado de EE UU se encuentra saturado. Pero si todo este petróleo acaba llegando a Europa, se pondrá en riesgo el compromiso climático de la UE para 2020, y la Unión seguirá agravando su enorme contribución al calentamiento con impactos irreversibles sobre las poblaciones y los recursos naturales.

Para Ecologistas en Acción y Amigos de la Tierra resulta inaceptable que la UE renuncie a sus compromisos ambientales, ya de por sí mínimos, por la negociación de un acuerdo de índole comercial. Si ambas organizaciones ya habían denunciado en múltiples ocasiones que los acuerdos comerciales con Canadá y EE UU supondrían una amenaza para las políticas ambientales de la UE, con este informe se demuestra que, incluso antes de haberse aprobado, ya constituyen una amenaza; se han puesto sobre la mesa no sólo aspectos económicos sino también normativas ambientales.

Con esta información en la mano, las organizaciones exigen a la UE que cese cuanto antes las negociaciones comerciales con Canadá y EE UU y que en ningún caso se utilice la normativa ambiental vigente como moneda de cambio.




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