Sierra de Guadarrama, un Parque Nacional liberal

Su declaración es más una marca turística que una garantía de conservación.

Mª Ángeles Nieto y Raúl Díez, representantes ecologistas en el Patronato del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Revista El Ecologista nº 82.

En junio se ha cumplido el primer aniversario de la declaración del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, el decimoquinto de la Red. Este espacio nació marcado por la falta de apoyo social. No cumple los requisitos mínimos que requiere la Ley de la Red de Parques Nacionales y su gestión ‘liberal’ se asemeja más a la de una atracción turística que a la de un espacio protegido.

La Sierra de Guadarrama forma parte del Sistema Central y se localiza entre las Comunidades Autónomas de Madrid y Castilla y León. Desde el comienzo del proceso de tramitación del Parque Nacional se marcaron diferencias entre ambos territorios [1].

En Madrid, buena parte de la superficie incluida en el Parque Nacional ya estaba protegida y formaba parte del Parque Natural de la Cumbre, Circo y Lagunas de Peñalara y del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares. En Castilla y León no existía ningún espacio protegido autonómico, aunque sí contaba con otras formas de protección como la ZEPA Sierra Guadarrama y los montes de Valsaín, propiedad del Organismo Autónomo Parques Nacionales.

Con anterioridad a la declaración del Parque Nacional se aprobaron por separado los respectivos Planes de Ordenación de Recursos Naturales (PORN), requisito previo exigido por la vigente Ley de la Red de Parques Nacionales. En Castilla y León este proceso culminó con la creación del Parque Natural Sierra Norte de Guadarrama. En Madrid, el PORN se utilizó para elaborar una nueva normativa que reducía el nivel de protección con respecto a los espacios previamente protegidos. Además, permitía la unión de las estaciones de esquí de Navacerrada y Valdesquí, una posibilidad hoy anulada por sentencia judicial.

En este contexto, en 2010, Ecologistas en Acción de la Comunidad de Madrid recurrió el PORN de la vertiente madrileña ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM). Como consecuencia, el TSJM lo anuló pero solo parcialmente. Por ello, en 2012, se interpuso un recurso de casación, ante el Tribunal Supremo, solicitando la nulidad plena del documento. Este último recurso está pendiente de sentencia.

A pesar de esta situación, el nuevo parque nacional se aprobó el 25 de junio de 2013. Salió adelante gracias a la mayoría absoluta del Partido Popular, aunque fue rechazado por la casi totalidad de los grupos de la oposición, tanto en el Congreso como en el Senado.

Características del Parque Nacional

El Parque Nacional ocupa parcialmente 28 términos municipales. Tiene una superficie total de 33.664 hectáreas, 21.740 ha en la Comunidad de Madrid y 11.924 ha en Castilla y León. Es el sexto en extensión de la Red. Rodeando este espacio se delimita la zona periférica de protección, con 65.738 ha que engloba 34 municipios de ambas comunidades autónomas.

Como característica singular destaca la existencia, dentro de la zona periférica de protección, de un área de especial protección del Parque Nacional, constituida por la mayor parte de los montes de Valsaín, en Segovia. A esta área se le aplica el mismo régimen jurídico que al Parque Nacional, salvo en lo relativo a las prohibiciones de aprovechamientos forestales y a una central hidroeléctrica ya existente. Esta es la fórmula que se ha implantado para salvaguardar la explotación de madera que se desarrolla en estos pinares desde hace siglos.

En cuanto a los límites del Parque Nacional, se restringen a las cumbres de la Sierra de Guadarrama –por encima de 1.500-1.700 metros de altitud, dependiendo de las zonas– y a los terrenos de titularidad pública. Esta delimitación carece de fundamento científico y solo responde a intereses políticos. Así, se protege lo público, que ya lo estaba, aunque carezca de valor suficiente y se dejen fuera zonas más valiosas.

Como consecuencia de estos criterios arbitrarios, el perímetro del espacio protegido es muy irregular. La forma recuerda a un ancla. Tiene una parte norte que se extiende longitudinalmente a ambos lados de la línea divisoria entre Madrid y Segovia y otra sur que se abre transversalmente entre las dos provincias.

Estrangulamientos, exclusiones y vulnerabilidad

Precisamente en la unión de ambas partes, norte y sur, se produce un pronunciado estrangulamiento, reduciéndose la anchura del Parque Nacional a un kilómetro escaso. Además en esta zona coinciden dos estaciones de esquí, dos carreteras y un ferrocarril que dan acceso a los puertos de montaña más frecuentados –Navacerrada y Los Cotos–. Es decir, se trata de un punto muy crítico porque coincide el área de menor extensión con una gran concentración de instalaciones e infraestructuras que propician un elevado grado de antropización y masificación. La Ley de la Red de Parques Nacionales prohíbe expresamente la presencia de estrechamientos de este tipo en los parques nacionales, no obstante se ha permitido.

A ambos lados de este estrangulamiento se sitúan dos de los ámbitos más valiosos de la Sierra: los montes de Valsaín, en Segovia y el monte Cabeza de Hierro o pinar de los Belgas, en Madrid. En Valsaín se localiza el mayor número de parejas de águila imperial (Aquila adalberti) del ámbito serrano y en el pinar de los Belgas anida la principal colonia de buitre negro (Aegypius monachus) de la Comunidad de Madrid, ambas especies catalogadas en peligro de extinción. Sin embargo, el pinar de los Belgas, con una extensión de 2.000 ha y de propiedad privada, ha quedado fuera del Parque Nacional. En Valsaín de las 10.668 ha, solo se han incluido algo más de 3.000, al resto se le aplica el régimen especial ya mencionado.

Otro monte que ha sido excluido es La Cinta-Cabeza de Hierro, perteneciente al Catálogo de Utilidad Pública de la Comunidad de Madrid, pero propiedad de la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia. Alberga las mejores tejedas (Taxus baccata), con ejemplares milenarios, de la Sierra de Guadarrama. También se encuentran sabinas (Juniperus thurifera) en condiciones muy especiales –en umbría y sobre sustratos ácidos–. Por el contrario, se han incluido pinares de repoblación de Pinus sylvestris –como los de Navafría en Segovia o los de Navarredonda y San Mamés en Madrid– sin valor ecológico suficiente.

Otro problema del nuevo espacio es su perímetro, formado por multitud de invaginaciones y evaginaciones de difícil explicación. Esta irregularidad supone un alto índice de vulnerabilidad a los impactos externos al incrementar la relación entre perímetro y superficie. Esta morfología, favorece los procesos de degradación de borde y no asegura la autosuficiencia del espacio para mantener sus características y las funciones de los procesos naturales, algo que también es contrario a la Ley de la Red de Parques Nacionales.

Gestión y participación

Desde el principio el nuevo espacio protegido se ha promocionado como una atracción turística para revitalizar las maltrechas economías municipales. La conservación y las medidas de protección, que son los objetivos principales de un parque nacional, han quedado diluidas ante las expectativas de ingresos económicos derivados del turismo masivo que barajan los cargos políticos –especialmente madrileños, pero también castellanoleoneses–. El consejero de Medio Ambiente de Madrid, el día que se cumplía el primer aniversario del Parque Nacional, presumía de que en tan solo un año la Sierra de Guadarrama había recibido 3,5 millones de visitantes, posicionándose como el parque nacional más visitado del Estado.

El liberalismo del que alardean quienes gobiernan la Comunidad de Madrid se plasma en la gestión del espacio protegido que sigue unos criterios muy liberales en cuanto a usos y actividades. De esta forma se puede entender, por ejemplo, que en los meses transcurridos de 2014, se hayan celebrado más eventos deportivos multitudinarios en el Parque Nacional que en el Palacio de los Deportes de Madrid –36 eventos en el primero frente a 19 en el segundo–.

La situación se complica si tenemos en cuenta que el Parque Nacional no tiene unidad de gestión ni de dirección. Madrid ha elegido a un codirector carente de experiencia en espacios protegidos. Castilla y León ha nombrado como codirectora a quien ya ejercía como tal en el Parque Natural Sierra Norte de Guadarrama. En ambos casos su capacidad de toma de decisiones está muy condicionada por sus superiores en jerarquía, quienes mantienen las competencias resolutivas.

En cuanto a la participación resulta inexistente. En junio se ha constituido el Patronato y se ha celebrado la primera reunión. El consejero de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid ejerció de Presidente e impidió el debate. Se aprobó la memoria de actividades de 2013 y el plan de actuaciones de 2014 sin tan siquiera pasar a votación. Solo se dio la palabra a quienes se posicionaran en contra pero sin permitirles hablar sobre el documento. Ante las protestas de quienes representan a las organizaciones ecologistas de Madrid y Segovia, el Presidente zanjó el conato de discusión diciendo “yo soy el Presidente y soy quien determina la forma de debate y de diálogo”. Solo se pudo opinar en el punto de ruegos y preguntas pero sobre cuestiones ya aprobadas. Todo un ejemplo de talante democrático.

En definitiva, el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama no cumple los requisitos mínimos establecidos en la Ley de la Red de Parques Nacionales. El objetivo primordial de este Parque Nacional ha sido crear una marca turística que sirva de revulsivo económico, lo que supone un precedente nefasto para la Red. Reduce el nivel de los parques nacionales del Estado y además permite que a partir de ahora, cualquier comunidad autónoma pueda proponer espacios tan poco exigentes como la Sierra de Guadarrama, vaciando de sentido la Red.