Reservas inutilizables, activos obsoletos

Quemar las reservas fósiles probadas aumentaría la temperatura global más de 3ºC.

Samuel Martín-Sosa Rodríguez, responsable de Internacional de Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 82.

Ya se sabía, pero los datos más recientes lo corroboran: no tiene sentido seguir buscando combustibles fósiles porque ni siquiera se deberían quemar gran parte de las reservas disponibles si queremos evitar un cambio climático catastrófico. Esta situación resta relevancia al debate sobre el pico del petróleo y pone el foco en otro lugar: el papel de las compañías energéticas privadas, que se siguen lucrando con unas reservas que no deberían poder extraer, y la urgencia absoluta de que los Gobiernos lleguen a un acuerdo vinculante que limite drásticamente las emisiones.

Si de aquí a final de siglo la concentración de CO2 eq (equivalentes de dióxido de carbono) en la atmósfera se mantiene entre 430 y 480 ppm [1], entonces tendremos un 66% de probabilidad de contener el aumento global de temperatura por debajo de 2 ºC. Ese es el umbral a partir del cual el cambio climático (que ya sucede) podría tomar un cariz mucho más severo e irreversible. Hay consenso científico al respecto [2]. Obviemos que ese porcentaje suena demasiado parecido a jugársela a cara o cruz, al aceptar un 34% de probabilidad de que ocurra lo contrario. Y obviemos también que cada vez más científicos apuestan por establecer un umbral de seguridad más bajo aún [3]. Porque al fin y al cabo lo que tenemos en mano es un acuerdo internacional firmado en Cancún (México) en 2010 por los Gobiernos para no sobrepasar el aumento de esos 2 ºC a final de siglo respecto a los niveles preindustriales [4].

La Universidad de San Diego (EE UU) mide las concentraciones de CO2 en la atmosfera en la estación de Mauna Loa (Hawai) desde 1958 (Curva de Keeling) [5]. El 14 de mayo de 2013 por primera vez se registró en esta estación la icónica cifra de 400 ppm [6].Y en abril de este año, las concentraciones mensuales de CO2 [7] en la atmósfera ya superaron esta cifra para todo el hemisferio norte [8]. La tasa de crecimiento de la Curva ha sido aproximadamente de 2 ppm cada año como promedio durante la última década. Es importante recordar que hay un lapso de tiempo hasta que la temperatura global responde o se pone al día con el CO2 que los humanos ya hemos añadido a la atmósfera, por lo que las temperaturas seguirán aumentando durante muchos años después de que la cantidad de CO2 atmosférico se estabilice.

Presupuesto de carbono

La foto anterior nos aboca a la gran pregunta: ¿cuánto CO2 podemos todavía emitir a la atmósfera sin que crucemos ese umbral de los 2 ºC a final de siglo? O en términos más economicistas ¿qué presupuesto de carbono nos queda?

Los climatólogos del IPCC cifraron en otoño de 2013 esa cantidad en 3.670 Gt [9] de CO2 [10] (para un 66% de probabilidad de conseguir el objetivo de 2 ºC). Y al parecer, desde el comienzo de la revolución industrial hasta 2011, ya habíamos emitido algo más de la mitad (1.890 Gt), lo cual arroja un presupuesto restante de 1.780 Gt. Según el IPCC el presupuesto disponible se encoge aún más, hasta las 1.010 Gt, si le hacemos sitio en el cálculo al calentamiento procedente de gases diferentes del CO2 (metano, óxido nitroso, CFC...) [11]. Si mantenemos el ritmo actual de emisión de más de 30 Gt al año, podemos seguir emitiendo CO2 solo durante los próximos 25-30 años aproximadamente.

Sin embargo, si contabilizamos el CO2 incorporado en todas las reservas de combustibles fósiles ya conocidas y probadas actualmente, que aún no han sido extraídas, el potencial de emisión es de 2.860 Gt. Contrastando ambas cifras queda claro que no podemos utilizar todos los combustibles fósiles que nos quedan porque la emisión de CO2 a la atmósfera que ello implicaría superaría con creces el presupuesto del que disponemos. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ya avanzó en su informe de 2012 que para cumplir los compromisos climáticos, al menos dos terceras partes de las reservas tendrían que quedarse bajo tierra [12].

Una apreciación: estas cifras no solo deberían servir por si solas para aparcar cualquier apuesta política por la búsqueda de nuevas reservas de combustibles fósiles –como las de gas de esquisto en toda Europa, o las prospecciones petrolíferas de Canarias o el Mediterráneo–, sino que convierten en estéril el debate sobre el pico del petróleo [13]. Aunque algunos autores se empeñen en negar su relevancia argumentando la capacidad de la innovación tecnológica para retardar su llegada hasta un futuro muy lejano, tendrán que convenir en la irresponsabilidad que supone seguir apoyándonos en una fuente energética que, si nos queda algo de cordura, no podemos seguir usando. El primer factor limitante en este caso no parece que vaya a llegar por el lado de la disponibilidad de recursos sino por el de la posibilidad de utilizarlos.

Coincidencia en las cifras

Además del informe del IPCC, existen otros estudios que manejan presupuestos muy similares, con diferentes horquillas de cifras en función de la probabilidad de lograr el acuerdo de 2 ºC de Cancún. Así, Carbon Tracker y el Grantham Research Institute for Climate Change and the Environment calcularon en 2013 que disponemos de un presupuesto de 900 Gt de CO2 de aquí a mitad de siglo para tener un 80% de probabilidades de mantener el aumento por debajo de los 2 ºC, mientras que se podrían emitir hasta 1.075 Gt de CO2 si nos conformamos con un 50% de probabilidades de conseguir dicho objetivo [14] (ver tabla 1). Este presupuesto asume un escenario en el que se producirían grandes avances de reducción en la emisión de otros gases de efecto invernadero (como el metano) respecto a los niveles actuales. Sin embargo, considerando los datos más recientes sobre las emisiones de metano, no parece que podamos ser muy optimistas [15]) ha revisado el potencial de calentamiento del metano, concluyendo que también es mayor de lo que pensábamos hasta ahora. Para más información consultar: “El gas que ralentiza” Samuel Martín-Sosa, Energías Renovables, junio 2014.]].

Tabla 1. Diferentes presupuestos de CO2 en relación a la probabilidad de aumento de temperatura

Aumento máximo de temperatura Presupuesto de CO2 para el período 2013-2049 [16] (Gt CO2)
Probabilidad de no exceder el umbral de temperatura (ºC) 50% 80%
1,5 525 -
2,0 1.075 900
2,5 1.275 1.125
3,0 1.425 1.275

Reelaborado a partir de [24]

Ante semejante panorama, la tentación de implorarle a la tecnología una solución mágica está cantada. De hecho la AIE muestra la ventana de la Captura y Almacenamiento de Carbono (CAC) como la opción para no tener que dejar esas reservas bajo tierra [12]. Sin embargo, los proyectos de CAC parecen hacer aguas [17], y aun asumiendo el escenario idealizado de desarrollo de la CAC sugerido por la AIE, los datos indican que solo aportarían un presupuesto adicional de CO2 de 125 Gt [14], con lo que la foto no cambia sustancialmente.

¿En manos de quién está ese CO2?

Hemos dicho que si quemáramos todas la reservas a día de hoy conocidas y probadas (1P) [18], se emitirían 2.860 Gt de CO2 a la atmósfera. Esto es suficiente para producir un aumento de 3 ºC de la temperatura global. Pero, ¿quién tiene esas reservas?

La mayoría de las reservas están en manos de Gobiernos. Si traducimos las reservas en emisiones de CO2, según Carbon Tracker el potencial de emisión en manos de compañías privadas es tan solo de unas 762 Gt. Aun así, si lo comparamos con el presupuesto total de 900 Gt de CO2 calculado en ese estudio, y asumimos que las empresas privadas pretenderán quemar todas sus reservas probadas, eso deja muy poco margen para las reservas de propiedad estatal.

Más allá de las reservas probadas, si consideramos también aquellas que las compañías esperan poder desarrollar pronto (reservas 2P) [19], vemos que el potencial de emisión de CO2 en manos privadas es mayor todavía. Si todas estas reservas 2P se desarrollan comercialmente el potencial de emisión de CO2 en manos privadas se doblaría hasta 1.541 Gt.

Podemos por tanto decir, que si se cumplen los planes que actualmente tienen las compañías energéticas en cuanto a explotación y desarrollo de reservas fósiles, las emisiones que se producirán (1.541Gt CO2) no solo superarán el presupuesto que teníamos para conservar tan solo un 50% de probabilidades de conseguir el objetivo de los 2 ºC (1.075 Gt CO2) sino que superarán la cantidad necesaria para provocar un aumento de temperatura superior a los 3 ºC (1.425 Gt CO2) (ver tabla 1). Y eso considerando que los Gobiernos, por responsabilidad climática, dejaran sus reservas en el subsuelo sin tocar.

Una burbuja de carbono

Si prorrateáramos el presupuesto total de carbono entre los propietarios de las reservas probadas (Gobiernos y empresas), las empresas tendrían derecho a emitir tan solo unos 125-275 Gt de CO2 (es decir un 20-40% de su potencial actual –762 Gt–). Ante semejante panorama cabe preguntarse si los accionistas de dichas empresas saben que el 60-80% de las reservas de gas, carbón y petróleo en la cartera de su compañía no se podrán quemar nunca. Podría pensarse que existe un desconocimiento en los mercados financieros sobre el valor real de las compañías energéticas; muchos productos financieros importantes como las pensiones están ancladas a unas reservas que de forma razonable nunca podrán explotarse [20].

El cortoplacismo endémico de los mercados financieros no permite considerar los riesgos inherentes de unos activos que, si pretendemos que los compromisos climáticos se lleven a la práctica, se han convertido en tóxicos u obsoletos al perder su valor [21]. Se asume implícitamente, basándose en los comportamientos pasados del mercado, que las empresas seguirán ad infinitum desarrollando y vendiendo combustibles fósiles y que el capital obtenido se utilizará para reemplazar las reservas con nuevos descubrimientos. Las reservas están en el subsuelo pero su valor ya se vende en la superficie. Un análisis del HSBC sugiere que la valoración de las acciones podría reducirse un 40-60% en un escenario de bajas emisiones. Pende por tanto sobre los inversores la amenaza de una burbuja de carbono que inexorablemente estallará si se quiere limitar realmente las emisiones.

Hay informes que sugieren que tomando medidas encaminadas a una mayor regulación y supervisión de los mercados se podría reconducir paulatinamente la situación, produciendo una reubicación del capital de los inversores en activos bajos en carbono [22]. Algunas ciudades importantes como San Francisco, Seattle o Vancouver, ya sea por prudencia financiera o por responsabilidad política, han iniciado procesos para desinvertir en combustibles fósiles [23].

Sin embargo, esta no parece ser la tendencia general. En 2012 las empresas de gas y petróleo se gastaron 647.000 millones de dólares en buscar nuevas reservas y en el desarrollo de tecnología extractiva, y se prevé que en la próxima década se gasten un total de 6 billones de dólares [24]. Un camino diametralmente opuesto al necesario para avanzar hacia las renovables, cuya inversión descendió en EE UU en 2013 un 5% respecto al año anterior [25]. Las compañías energéticas actúan como si fueran a poder quemar todas esas reservas porque realmente no hay nada sobre la mesa que se lo impida. Corresponde a los Gobiernos actuar en consonancia con los datos científicos y poner en marcha medidas firmes para producir una transición energética urgente, para la cual queda cada vez menos tiempo.




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