La burbuja del fracking

Algunas explotaciones abren más de 1.000 pozos anuales para sortear el declive.

Manuel Peinado Lorca [1], director de la Cátedra de Medio Ambiente de la Universidad de Alcalá. Revista El Ecologista nº 82.

En el actual debate sobre el "fracking" se está obviando una cuestión esencial: la insostenibilidad económica a corto plazo de un negocio ruinoso sostenido por una burbuja financiera surgida de Wall Street.

En este artículo intentaré resumir los argumentos que he expuesto con mayor extensión en un libro [2] y que sustentan mi hipótesis de que el "fracking" [*], además de los riesgos ambientales y sanitarios que lo rodean, presenta las características de la burbuja financiera creada por las hipotecas subprime y su versión hispana del ladrillo.

Me centraré en el gran protagonista de la independencia energética norteamericana: el shale gas [*], esto es, el gas natural no convencional [*] (GNNC), pero aunque ponga el foco en él, los planteamientos y los factores implicados son también de aplicación al caso del petróleo no convencional, aunque su producción sea infinitamente menor que la del gas.

Barriles de papel

En EE UU el propietario de un terreno posee también los derechos del subsuelo. Esa propiedad genera unos derechos que el tenedor puede ceder, arrendándolos, a una empresa que desee explotarlos. Como ocurre con las hipotecas, las pólizas de arrendamiento tienen un valor como activos financieros [*], lo que quiere decir que las entidades bancarias pueden utilizarlos como garantía fiduciaria a la hora de acudir al mercado interbancario (o al correspondiente banco central) para obtener efectivo. Además, los activos se negocian en los mercados una vez empaquetados y después de que hayan sido calificados por las agencias de rating. Obviamente, lo que interesa a la banca es que los activos conformados con las pólizas tengan el mayor valor fiduciario posible, de la misma forma que durante la pasada década lo que interesaba era que el suelo y las hipotecas tuvieran la máxima valoración, aunque luego se demostrara que los paquetes hipotecarios calificados con la máxima nota por la agencias estaban infestados de hipotecas basura.

La ceremonia de la confusión

Un recurso [*] es la cantidad total de un hidrocarburo que, mediante estimaciones técnicas, se supone que existe en un área determinada. Una reserva [*] es la fracción del recurso que se puede recuperar de manera rentable con las condiciones económicas actuales y utilizando las tecnologías existentes. Lo que sistemáticamente hacen los departamentos publicitarios de la industria y la banca es confundir deliberadamente recursos y reservas para manipular al alza el valor de sus activos.

La diferencia real entre reservas y recursos tiene un componente legal importante y es que aquellas tienen un valor como activos, por lo que están sujetas a las mismas reglas de auditoría y control de los organismos reguladores que cualquier otro valor que cotice en Bolsa, de manera que inflar las reservas para utilizarlas como activos es un delito. El problema se soslaya cuando las transacciones financieras se realizan en los desregulados mercados OTC [*], un tipo de mercado paralelo, extrabursátil, en el que se negocian instrumentos financieros directamente entre las partes.

Un demoledor –y lamentablemente desconocido– informe elaborado en 2006 por el Senado estadounidense decía que los dos principales mercados internacionales energéticos, NYMEX e ICE Futures, controlados desde Wall Street, operan al margen de la supervisión de la agencia federal independiente CFTC, encargada del control de las bolsas de valores. Liberados del supervisor gracias a la desregulación del mercado energético que se aprobó en tiempos de Bush y Cheney, los mercados OTC se han convertido en un patio de Monipodio global donde toda especulación encuentra cómodo asiento.

Descorchando botellas de cava

La productividad inicial (PI) de un pozo es la tasa de producción más alta de toda su vida operativa y, generalmente, se alcanza el primer mes después de la perforación. La PI de un yacimiento o de los diferentes yacimientos que componen un campo es la media de las PI de los pozos que soportan. Haciendo un símil, se puede decir que el "fracking" produce en un estrato de lutitas [*] –rocas sedimentarias compuestas por partículas del tamaño de la arcilla y del limo–un efecto similar al que se provoca al agitar una botella de cava. Cuando se quita el tapón, el contenido sale a chorros, luego a borbotones y rápidamente cesa, lo que significa que su PI es extraordinaria. Empero, solo un porcentaje muy pequeño de los pozos de un campo presentan PI superiores a la media (figura 1).

Figura 1. Productividad inicial (PI) de los tres principales campos estadounidenses de GNNC.

El eje de abscisas indica el porcentaje acumulado de pozos ordenados de menor a mayor PI. La distribución es la típica de los campos de lutitas, con una PI muy alta en unos pocos pozos (en Haynesville, por ejemplo, solo un 2% de los pozos presentan PI > 20 Mpc/d [3]) y la inmensa mayoría con PI mucho más bajas (media para Haynesville: 8,2 Mpc/d). A, B, C: datos de los campos Haynesville, Barnett y Marcellus, respectivamente.

En contraposición, la eficiencia de recuperación (ER) de los campos de GNNC es muy baja: solamente se pueden recuperar un 6,5% de las reservas, un porcentaje ridículo cuando se compara con la ER de los yacimientos convencionales (75-80%). Ese es un elemento esencial de la trama. Cuando se perfora por primera vez un pozo, la producción es extraordinaria. Después de la explosión inicial, la producción cae en picado hasta que, pasado el tercer año, los pozos producen un 80-90% menos y dejan de ser rentables aunque se mantengan abiertos para alimentar el espejismo de las reservas inacabables. Siete años después serán abandonados.

Un tobogán imparable

La tasa de declive es el ritmo al que decrece la producción de un pozo, de un yacimiento o de un campo a medida que avanza su vida productiva. En el caso de las lutitas, unos y otros presentan aceleradas tasas de declive que, representadas en forma de curva, se asemejan a las pendientes extremadamente empinadas de un tobogán (figura 2).

Figura 2. Curvas típicas de declive para los pozos de gas Haynesville (A), Barnett (B) y Marcellus (C).

Aquí no hay franquicias

La industria energética estadounidense se empeña en presentar todos los campos de GNNC como si fueran franquicias con producción homogénea y uniforme en todo el campo. Al sostener que todos los pozos de un campo –y hay campos del tamaño de la mitad de España– tienen una producción uniforme, distorsiona escandalosamente los datos a su favor. Además de ocultar el acelerado declive de los pozos, se encarga de que la publicidad y los medios den una cobertura desproporcionada a los pozos con mayores PI para que se tenga la falsa impresión de que esa es la productividad de todos los pozos del campo y de que así se mantendrá durante muchos años.

Sin embargo, como puede verse en la tabla 1, las tres cuartas partes de la producción proceden de los cuatro primeros campos. Los dos siguientes añaden un 12% más, hasta completar el 88% de la producción. Los restantes 24 campos de gas no convencional actualmente operativos completan la producción total del país. También puede verse cómo la disparidad entre los campos es extraordinaria.

La interminable cinta de correr

Convenientemente manipulados, los parámetros que acabo de mencionar se convierten en una herramienta clave para entender que el funcionamiento operativo en los campos de GNNC puede compararse con una cinta de correr. Para sostener el crecimiento y enmascarar el declive en la producción que daría al traste con el valor de los activos, el negocio del "fracking" requiere incesantes programas de perforación. En otras palabras, tal y como sucede con las estafas piramidales, los campos de lutitas dependen en gran medida de la expansión perpetua: conforme crece la producción, se necesitan más pozos y capital simplemente para compensar el escaso rendimiento y los fuertes declives que los caracterizan. Si se detienen las perforaciones, el negocio se derrumba.

Cómo se infla la burbuja

El análisis de los datos estadísticos oficiales procedentes de los 65.000 pozos de "fracking" operativos en EE UU en 2012 demuestra que los costes de producción en la mayoría de ellos son muy superiores a los precios actuales del gas y que el mantenimiento de la producción requiere cada vez mayor número de perforaciones y la entrada de capital a raudales para sostenerla (columnas 9, 10 y 11 en la tabla 1). En números redondos y probablemente conservadores, por cada dólar que la industria obtiene vendiendo un determinado volumen de GNNC, se gasta al menos dos en producirlo. Pese a ello, lo que a todas luces es un negocio ruinoso continúa expandiéndose por EE UU y comienza a exportarse a otros países. ¿Por qué está ocurriendo esto? ¿Por qué ese empeño en seguir perdiendo dinero a espuertas año tras año?

En la burbuja urdida en la Gran Manzana que está en el origen de la actual recesión subyacía la idea básica e imposible de toda burbuja: había un recurso infinito cuyo valor no dejaría nunca de aumentar. El recurso, llámese suelo o llámese gas, crea a su alrededor todo un universo de activos financieros que pasan de mano en mano generando beneficios hasta que alguien pincha la burbuja. Como acabamos de ver, las estimaciones de la industria derivan de la corta vida productiva de los pozos que se proyecta como si se tratara de una producción a largo plazo. Los operadores, apoyados por potentes agencias publicitarias, enseñan unos resultados de explotación espectaculares obtenidos de las PI de unos cuantos pozos y extrapolan esos resultados a yacimientos enteros todavía no probados.

El procedimiento es siempre el mismo. Cuando se descubre un posible yacimiento, comienza el frenesí de los alquileres de tierras. A este le sigue un auge de perforaciones centrado en las zonas más productivas. Lo que hacen los creativos analistas financieros es aplicar curvas hiperbólicas a los datos iniciales de producción y pronosticar una vida media de los pozos de unos cuarenta años. Con esos datos en mente y los contratos de arrendamiento en la mano, Wall Street está haciendo lo mismo que hizo con las hipotecas basura: desarrollar sofisticados productos de ingeniería financiera.

Las transacciones financieras basadas en los alquileres de terrenos se han convertido en una actividad más rentable que perforar para obtener GNNC con los actuales costes. Las grandes multinacionales energéticas están acaparando derechos de arrendamiento para añadirlos a sus reservas de barriles de papel y compensar así el declive de sus reservas reales con objeto de inflar artificialmente el precio de las acciones y mantener su propia solvencia, algo que la mayoría no hubiese podido hacer sin las fantasiosas reservas adicionales procedentes de las lutitas. El objetivo no es vender gas sino vender alquileres de terrenos y empresas enteras con derechos de explotación convenientemente inflados por las estimaciones hiperbólicas. Empaquetar derechos de alquiler resultó ser un negocio tan rentable como lo fue empaquetar hipotecas.

La avaricia está rompiendo el saco: como la exportación de hidrocarburos está prohibida en EE UU desde el siglo pasado, el exceso de oferta de gas hizo que, a partir de 2008, se desplomaran los precios domésticos. En enero de 2012, los precios del gas natural [*] cayeron por debajo de los tres dólares por cada mil pies cúbicos (kpc). Los costes medios por pozo de explotación eran entonces de unos 4-6 dólares por kpc, por lo que los operadores sufrían pérdidas importantes, pero debían seguir perforando para cumplir con sus obligaciones crediticias con los bancos.

Como se trata de mantener los datos de producción inflados para que las acciones de las petroleras y los derivados de Wall Street se mantengan al alza, hay que perforar nuevos pozos. Eso supuso abrir 7.200 nuevos pozos en 2012; como el coste medio de perforar un pozo ronda los seis millones de dólares, las compañías invirtieron 42.000 millones simplemente para enmascarar la disminución en la producción. Ese mismo año, el GNNC estadounidense generó ventas comerciales por valor de 33.000 millones. Parece un negocio ruinoso, pero no lo es: entre el pistoletazo de salida de 2009 y 2011, el entramado financiero ligado al gas de lutitas movió 135.000 millones de dólares (figura 3).

Figura 3. Relaciones entre las transacciones financieras y los precios del gas en Estados Unidos. La línea anaranjada indica la evolución de los precios del gas natural, que se desplomaron a partir de 2008 debido al exceso de oferta provocado por las expectativas desatadas por la especulación del GNNC.

Así las cosas, los bajos costes del gas están cobrándose su precio con los pequeños y medianos operadores de GNNC, que tienen que vender sus activos, principalmente títulos de arrendamiento, para evitar la bancarrota. Perforar, perforar y perforar, ese es el destino de las operadoras atrapadas por las deudas bancarias. La deuda del sector casi se ha duplicado en los últimos cuatro años, mientras que los ingresos se han incrementado en tan solo un 5,6%, según un análisis realizado con una muestra de 61 pequeños y medianos operadores de "fracking", cuya carga financiera alcanzó 163.600 millones dólares en el primer trimestre de 2014. Los bancos, que están ingresando grandes sumas por las transacciones y fusiones de las compañías de GNNC y por los intereses de los préstamos, siguen calificando a las explotaciones de "fracking" como una buena opción de compra para los inversores.

En resumen, que la banca obtiene de todo ese trasiego estos beneficios: a) gracias los activos obtiene dinero a bajo interés en el interbancario o en el banco central, dinero que luego presta a intereses más altos o utiliza en otras actividades financieras lucrativas; 2) préstamos a los operadores, de los que obtiene intereses siempre superiores a los que tiene que pagar en el interbancario y que tienen arruinado al sector; 3) venta de activos financieros; 4) cobro de comisiones por todas las operaciones generadas. Exactamente lo mismo que en el caso de las hipotecas basura, pero ahora partiendo de barriles de papel, que pasan a ser nuevas fichas en el casino del capitalismo global.

Lo de siempre: la banca siempre gana. Visto el éxito de las subprime, Wall Street quiere expandir urbi et orbi el "fracking", ese nuevo maná.

Tabla 1. Estadísticas de producción, calidad de los pozos, tasa de declive y previsiones y estimaciones de los costes anuales de perforación necesarios para mantener la producción en los ocho principales campos estadounidenses de GNNC ordenados según su posición en el ranking productivo.

Campo1234567891011
Haynesville 6,9 25,7 2.802 2.493 8.201 D 68 52 774 9,0 6.966
Barnett 5,8 21,5 14.871 393 1.619 E 61 30 1.507 3,5 5.275
Marcellus 4,9 18,3 3.848 1.290 1.947 C 47 29 561 4,5 2.525
Fayetteville 2,8 10,3 3.873 818 2.069 E 58 36 707 2,8 1.980
Eagle Ford 2,1 7,9 3.129 685 1.920 D 59 43 945 8,0 7.558
Woodford 1,1 4,2 1.827 620 2.292 D 58 29 222 8,0 1.776
Granite Wash 0,9 3,5 3.090 308 2.080 D 78 49 239 6,0 1.434
Bakken 0,6 2,2 4.598 122 345 C 56 29 699 10,0 6.990

Columnas:

  1. Producción del campo en miles de millones de pies cúbicos diarios.
  2. Porcentaje sobre la producción total estadounidense de gas de lutitas.
  3. Número de pozos operativos.
  4. Producción media por pozo en miles de pies cúbicos diarios (kpc/d).
  5. Media de PI (kpc/d).
  6. Tendencia PI (C, crece; D, en declive; E, estable).
  7. Porcentaje de declive durante el primer año.
  8. Declive general del campo antes de 2011 (%).
  9. Número de pozos a perforar anualmente para evitar el declive.
  10. Precio aproximado por pozo.
  11. Coste anual de los pozos necesarios para compensar el declive (10 y 11 en millones US$).



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