Denuncian el uso generalizado de herbicidas en solares

Solar fumigado con herbicidas en el cruce de las calles Astronomía e IngenieríaEcologistas en Acción ha comprobado como el uso de herbicidas para el control de las hierbas en solares se ha generalizado, fumigándose en zonas donde se venía actuando con medios mecánicos.

Los herbicidas son tóxicos para las personas y el medio ambiente. El
herbicida más utilizado es el glisofato, un herbicida no selectivo que
aniquila todo tipo de plantas. El glifosato se vende bajo diversas marcas,
siendo el más vendido el RoundUp, comercializado por Monsanto, cuya venta
le supone miles de millones de euros cada año.

Estudios de la Universidad de Caen en Francia han demostrado que el
glifosato estimula la muerte de las células de embriones humanos. También
descubrieron que algunas células de la placenta humana son muy sensibles
al glifosato, incluso en dosis muy inferiores a las utilizadas en agricultura. Se ha llegado a determinar que una exposición 500 veces menor a la que tiene lugar en los campos tratados con este herbicida induce a la muerte celular.

Los riesgos son mayores para las mujeres embarazadas, pero no sólo les
afectan a ellas. La práctica de deportes o el simple paseo por zonas
fumigadas pueden dar lugar a efectos perjudiciales para la salud.

Otras pruebas toxicológicas independientes han revelado toxicidad subaguda
por lesiones en glándulas de la saliva, toxicidad crónica con inflamación
del estómago, daños genéticos en células sanguíneas, trastornos
reproductivos como esperma anómalo en ratas y conejos y cancerígeno con
aumento de la frecuencia de tumores de hígado y de tiroides en ratas.

Estos efectos han llevado a la Unión Europea a legislar para limitar el
uso de los plaguicidas (Directiva 2009/128/CE) “Los Estados miembros [...]
velarán porque se minimice o prohíba el uso de plaguicidas en las
siguientes zonas específicas: a lo largo de las carreteras [...], en los
espacios utilizados por el público en general, o por grupos vulnerables,
como los parques, jardines públicos, campos de deportes y áreas de recreo,
recintos escolares y campos de juego y los espacios cercanos a los centros
de asistencia sanitaria”.

Pese a estas recomendaciones, el glifosato se emplea de forma habitual en
nuestro entorno por los operarios públicos o de las subcontratas de
Parques y Jardines. Especial proliferación del uso de herbicidas se viene
dando en solares próximos a viviendas como ocurrió en la huerta del Rey
Moro y esta temporada en solares de Pino Montano.

El glifosato se infiltra en el suelo, es muy soluble en el agua y persiste
de dos a seis meses. Contamina los acuíferos, es tóxico para la fauna
acuática, los animales domésticos o el ganado y se esparce sin control por
el subsuelo. Además, cada preparado herbicida que contiene glifosato viene
acompañada de otras sustancias que facilitan su absorción y que
multiplican su toxicidad.

Sofía Gatica, premio Goldman 2012, el equivalente al Nobel de Medio
Ambiente, y las Madres de Ituzaingó han logrado demostrar la relación
directa de las fumigaciones de glifosato a los campos de soja junto a las
casas de su barrio en Córdoba (Argentina) con las decenas de casos de
bebés con malformaciones, muertes por cáncer, leucemias, enfermedades
respiratorias y dermatológicas, etc.

La prohibición del uso de herbicidas en la ciudad de Sevilla debe ser una
exigencia ciudadana de responsabilidad de los responsables públicos para
con sus ciudadanos y el entorno.

Hay alternativas. El glifosato se puede sustituir por métodos no
contaminantes, que no dañan la salud ni el medio ambiente, escardas
manuales o mecánicas mediante desbrozadoras, utilizadas por operarios de
Parques y Jardines hasta hace poco en estos mismos lugares o térmicos con
quemadores con infrarrojos son comunes en los países de la Unión Europea.

Es importante cambiar el concepto de “mala hierba”. Ninguna planta es
mala, ya que fijan carbono y nitrógeno del aire y lo convierten en
alimento para los animales, siendo la base del ecosistema; bombean con sus
raíces nutrientes del suelo hacia la superficie, para ponerlos a
disposición de otras plantas, animales y microorganismos; y protegen los
suelos y la vida que hay en ellos del sol directo y la lluvia, frenando la
erosión.

En parques, jardines y solares se deben diseñar suelos tapizados con
vegetación natural y controlarla mediante siega. Esto ofrece la
posibilidad de realizar el control de hierbas con ganado, con lo que del
actual problema de contaminación podemos pasar a aprovechar racionalmente
un recurso, la hierba, generando trabajo autosostenido por las
producciones con el consiguiente ahorro para la comunidad. Ya hay
experiencias y el ayuntamiento de París cuenta con un rebaño al servicio
de estas tareas.

Las próximas elecciones municipales pueden ser la oportunidad para exigir
a l@s candidat@s un compromiso por la erradicación del uso de herbicidas y
otros agrotóxicos en el tratamiento de las zonas verdes y el compromiso
por una jardinería ecológica que provea beneficios sociales y ambientales
y no sea una fuente más de toxicidad para la ciudadanía.