La hipoteca de los residuos de envases



Ecoembes, un sistema de gestión de envases a medida de la industria.

Alberto Vizcaíno López, Consultor Ambiental. Revista El Ecologista nº 84.

La normativa europea exige, desde hace ocho años, que gestionemos los residuos de forma separada por tipos de materiales. Pero en España seguimos a otra cosa. Lo razonable sería destinar los 400 millones de euros pagados por los consumidores a atender las necesidades de los municipios y a realizar una gestión más sostenible de los envases y de los residuos en general. Pero estos fondos se emplean a través de Ecoembes en comprar voluntades políticas que luego redactan leyes estatales y ordenanzas municipales para que nada sustancial cambie, mientras los fabricantes de envases siguen facturando sin restricciones.

Reciclar mola. Con 400 millones de euros al año de presupuesto, la entidad que debería hacerse cargo de la gestión de residuos de envases nos intenta convencer de que el modelo que sufrimos la mayoría de los ciudadanos es el mejor. Incluso en contra de los compromisos europeos, que priorizan la reutilización como forma más sostenible de gestión de residuos, todos los días se reproducen notas de prensa con datos que no se cuestionan y apenas hay información sobre alternativas al contenedor amarillo.

El modelo actual de gestión de residuos predominante en España responde al intento de aplicar la Directiva 94/62/CE relativa a los envases y sus residuos. Esta norma concretaba medidas para que los Estados miembros de la Unión Europea alcanzasen unos objetivos mínimos de valorización y reciclaje de los materiales contenidos en los residuos de envases.

Persiguiendo esos objetivos, España aprobó una legislación [1] para que los agentes participantes en la cadena de comercialización de productos envasados (envasadores, importadores, mayoristas y minoristas) garantizasen que los envases no acababan abandonados a su suerte, quizá flotando en mitad del océano. De manera general, se obligaba a cobrar a los clientes, hasta el consumidor final, una cantidad por cada producto objeto de transacción y devolver idéntica suma de dinero por la devolución del envase vacío. Este mecanismo, conocido como sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) premia al que entrega un envase vacío, reintegrándole la cantidad de dinero que, en concepto de depósito, aportó quien compró el envase.

Nace Ecoembes

También se daba la opción a los agentes de eximirse de las obligaciones derivadas del mecanismo anterior si participaban en un sistema integrado de gestión de residuos de envases y envases usados, que garantizase su recogida y el cumplimiento de los objetivos de reciclado y valorización. Así nace Ecoembalajes España, S.A., Ecoembes, el único sistema integrado de gestión (SIG) para envases ligeros implantado en nuestro país.

Con cada compra de un producto envasado contribuimos por adelantado al reciclaje del mismo dando la parte correspondiente de los 441.382.000 euros que el SIG ingresó en 2013. Jurídicamente Ecoembes no tiene ánimo de lucro, a pesar de ser una sociedad anónima, pero sí un modelo de negocio muy claro: conseguir que los envasadores se libren de su responsabilidad al menor coste posible.

Para saber si el SIG funciona necesitaríamos información: datos, estadísticas, indicadores, que permitan tomar decisiones racionales e informadas sobre qué técnicas y tecnologías nos ayudarían a reducir y valorizar nuestros residuos de la mejor manera posible.

¿Alguien cuenta cuántas latas entran en el contenedor amarillo para poder calcular las tasas de reciclaje? Básicamente, la respuesta es no. Existen estadísticas más o menos fiables de los envases puestos en el mercado y de las toneladas de materiales recuperados en las plantas de clasificación de envases, pero el resto del sistema es una caja negra.

A pesar de ello la prensa nos ofrece titulares sobre lo bien que va la gestión de residuos en España. No en vano Ecoembes ha sido merecedor del premio a la transparencia informativa en el Congreso Nacional de Periodismo Ambiental que generosamente patrocina [2].

Su compromiso con la información ambiental se refleja en la cantidad de profesionales del sector que directa o indirectamente tienen su nómina cubierta gracias los más de 400 millones de euros anuales que maneja el SIG. Y con jornadas de periodismo ambiental [3] o una cátedra universitaria, en la que parte del organigrama de Ecoembes [4] se redondea el sueldo, a la vez que deforma la mente de todo aquel que pueda tener algo que ver con la toma de decisiones en materia de residuos, si es necesario con una beca a cuenta de los residuos de envases.

Alguien ha corregido a esta sociedad “sin ánimo de lucro” con la más precisa definición de “sinónimo de lucro”. Basta con ver la partida dedicada por el SIG a salarios en su memoria anual [5]. Pero lo relevante es que, en la práctica, Ecoembes actúa como un monopolio que torpedea todo intento de implantar sistemas alternativos como los devolución, depósito y retorno de envases, que son los que intenta promover la plataforma Retorna.

Los datos no son muy consistentes. Según el último Informe Anual de Indicadores [6] del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente en “2012 se generaron en España 154,8 kilogramos de residuos de envases por habitante, reciclándose un 64,4% de los mismos”. Según el informe de Ecoembes para 2012 [7] “se reciclaron 1.199.775 toneladas de envases domésticos, colocando la tasa de reciclaje en el 70,3%”.

El último dato disponible de la Comunidad de Madrid [8] dice que en 2012 entraron 131.937 toneladas en las plantas de clasificación de envases de la región, de las que se recuperaron 64.485. Es decir, no se recicló ni el 50% de lo que los ciudadanos depositaron en el contenedor amarillo. Pero la última campaña de Ecoembes habla de 166.928 toneladas de envases domésticos recicladas durante 2013 en la Comunidad de Madrid, dos veces y media más. Una mejora que, cuanto menos, llama la atención.

Para redondear las cifras cabe destacar que en 2014 existen municipios a los que no ha llegado la recogida selectiva y casos en los que los residuos recogidos van a vertedero sin pasar por tratamiento previo. O que las industrias a las que llegan los residuos recuperados en las plantas de clasificación se quejan de que su mala calidad no permite utilizarlos como materia prima en sus procesos, paso imprescindible para cerrar la cadena del reciclaje.

La cuestión sin resolver de la materia orgánica

En este sentido se aprobó la Directiva 2008/98/CE sobre los residuos [Directiva 2008/98/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 19 de noviembre de 2008, sobre los residuos]], que insta a los Estados miembros a priorizar la prevención y reutilización, fomentando un reciclado de alta calidad mediante la recogida separada de los residuos. Antes de 2015 debía efectuarse una recogida separada para papel, metales, plástico y vidrio. También exige la recogida separada de biorresiduos con vistas al compostaje y la digestión de los mismos, para lo que resulta clave que no se mezclen con otros residuos que puedan contaminarlos.

Así, mientras Europa nos pide, desde hace ocho años, que cambiemos el modelo y nos ocupemos de gestionar los residuos de forma separada por tipos de materiales, en España seguimos a otra cosa. En lugar de destinar los 400 millones de euros pagados por los consumidores a atender las necesidades de los municipios en relación a la valorización de envases, se destinan a comprar voluntades políticas que llegan a hacer las leyes estatales [9] y las ordenanzas municipales a la medida de Ecoembes [10].

En lugar de mejorar la dotación de contenedores y las condiciones de los trabajadores que se dedican a su recogida, Ecoembes lleva monitores a los colegios para que adoctrinen a la siguiente generación en un modelo obsoleto que se ha mostrado inadecuado para afrontar los retos futuros. Monitores a los que no se les permite decir que al contenedor amarillo solo se puede tirar aquello que Ecoembes quiere en el contenedor amarillo [11]. A pesar de que las plantas de clasificación, financiadas por la Administración pública, procesan y recuperan los materiales, tengan o no forma de lata de refresco.

En lugar de adaptar el sistema a las necesidades de las familias que inconscientemente enviaron a sus retoños a ser adoctrinados, gastamos el dinero en campañas publicitarias que los regañan por tirar un cepillo de dientes [12] al contenedor que, intuitivamente, todo el mundo sigue asociando después de casi 20 años de bombardeo publicitario con los plásticos y las latas.

En lugar de destinar el contenedor gris a la materia orgánica fermentable y el amarillo a todo lo que se puede separar en una planta de clasificación, seguimos hipotecando el futuro de los residuos, contaminando la materia orgánica, considerando impropios una gran cantidad de materiales residuales que podrían ser reciclados y prolongando un sistema de gestión caduco y obsoleto.

En lugar de destinar el espacio público a un modelo que ayude a solucionar el problema de los residuos municipales desde la óptica del interés general, estamos sacrificando el espacio de nuestras calles para satisfacer las necesidades particulares del sector de los residuos de envases con un modelo que les permite seguir hipotecando el futuro en lugar de aportar soluciones más sostenibles.

¿Reciclar y dar una “segunda vida” a los envases?
Carlos Arribas

Un aspecto poco conocido por el público y contradictorio con la intensa propaganda que difunde Ecoembes por los medios, intentando identificar su actividad en exclusiva con el reciclaje de los envases de un solo uso, es el apoyo que da a la incineración de los envases.

Ecoembes financia a las 10 incineradoras de residuos municipales existentes en el Estado español por la destrucción térmica de los residuos de envases que se incineran en esas plantas. Además, financia a los Ayuntamientos o Consorcios que trasladan sus residuos de envases recogidos selectivamente a esas incineradoras, y que les supone un sobrecoste sobre el modelo tradicional de traslado a vertedero. Esa segunda vida en este caso sería la supuesta recuperación de energía en el proceso de incineración y la conversión del envase en escorias y cenizas que habrá que trasladar a vertedero.

Además, los objetivos de Ecoembes no se limitan a financiar la valorización energética (eufemismo de la incineración) en las incineradoras de residuos municipales, sino que también promueven la utilización de los envases para elaborar combustible derivado de residuos (CDR) para su utilización en plantas cementeras, altos hornos o cualquier tipo de horno industrial.

Por ejemplo, en 2012 Ecoembes financió con 364.907 euros a los 19 municipios o mancomunidades de Bizcaia (Basauri, Getxo, Galdakao, Erandio, etc.) que transportaron sus residuos en bruto (sin selección previa) a la incineradora Zabalgarbi en Bilbao. Por otra parte Ecoembes financió a la sociedad pública Garbiker A.B., que depende de la Diputación Foral de Bizcaia, con 205.260 euros, en concepto de valorización energética de los envases y por hacer posible esa entrada de envases a la incineradora.

¿Quién está detrás de Ecoembes?
Carlos Arribas

Ecoembes S.A. es una sociedad (Sistema Integrado de Gestión) cuyos propietarios son en su mayor parte envasadoras (Nestlé, Pescanova, Coca-Cola, etc., 55%), grandes superficies de distribución comercial (Corte Inglés, Carrefour, Mercadona, etc., 20%) y productores de materias primas (Tetra Pak Hispania S.A., Asociación Nacional del envase de PET, ARPAL Reciclado de aluminio, etc., 20%).

Fue formada en 1996 al calor de la inminente aprobación de la Ley 11/1997 [1], bajo el principio de la corresponsabilidad de los productores de los residuos de envases que ponían en el mercado, que le dio respaldo legal, al contemplar los Sistemas Integrados de Gestión como una exoneración a la opción alternativa contemplada, es decir el sistema de depósito, devolución y retorno, que es minoritario y combatido por este SIG, aduciendo el mayor coste económico que supone para las empresas envasadoras adheridas al mismo. Los objetivos de Ecoembes son el reciclado y la valorización de los residuos, incluida la incineración.