Lobo (Canis lupus)

El lobo (Canis lupus) fue durante siglos el mamífero más ampliamente distribuido del hemisferio norte, tras el ser humano. Actualmente ha perdido buena parte de esa área de distribución, especialmente en Asia (India, China), Norteamérica y Europa.

Probablemente el lobo es la especie silvestre que ostenta un mayor número de vínculos históricos y culturales con el ser humano. Es un símbolo de lo silvestre y un referente cultural de primer orden con amplísimas historias, leyendas, mitos y cuentos infantiles. De hecho, es una especie tan indisolublemente asociada a la historia evolutiva humana que hasta existen restos arqueológicos ancestrales de su persecución, las “loberas”.

El lobo, como todos los grandes predadores, es un elemento clave en el funcionamiento y restauración de la biodiversidad. La conservación de poblaciones funcionales de este animal, es imprescindible en términos de biodiversidad.

 En la Península Ibérica

El lobo ibérico es una Especie de Interés Comunitario (Ley del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad y la Directiva Hábitat), en virtud de lo cual sus poblaciones al sur del Duero deben estar estrictamente protegidas y los Estados miembros deben designar zonas de conservación. Sin embargo las administraciones no están gestionando adecuadamente esta especie, se atribuye al lobo todos los daños a la ganadería que se producen, y no se aplican mecanismos de prevención efectiva. Al norte del Duero el nivel de protección es muy inferior; allí el control de poblaciones y la caza de ejemplares quedan a expensas de las administraciones autonómicas donde viven. Hasta el siglo XIX la especie se encontraba distribuida por la práctica totalidad de la Península Ibérica. La etapa de máxima regresión de su población y área de distribución fue la década de los 70. Entonces la población se redujo esencialmente a un núcleo en el noroeste de la península, y otros núcleos aparentemente aislados en el sur.

A finales del siglo XX se produjo una recuperación parcial de la población y del área ocupada. El abandono del medio rural trajo consigo indirectamente la recuperación de ungulados silvestres, fuente de alimento de los lobos. Además provocó la reducción de la persecución sistemática sufrida hasta entonces por los lobos: se prohibió el uso generalizado de veneno y se redujo su caza (que era
incentivada por su consideración como alimaña en tiempos pasados).

 Distribución y estimas poblacionales

Entre 1987 y 1988, por encargo del ICONA (Instituto para la Conservación de la Naturaleza), se llevó a cabo un estudio nacional para evaluar la distribución, la situación y la problemática del lobo en España. Según los resultados, el área de distribución de la especie en aquel momento se extendía por unos 100.000 km2, fundamentalmente en el cuadrante noroccidental del país: la mayor parte de Galicia, la porción meridional de Asturias y Cantabria, la mitad septentrional de Castilla y León. Algunas zonas de La Rioja, el País Vasco, mitad meridional de Castilla y León (Segovia, Salamanca, etc.) constituían focos de dispersión de ejemplares, que eran sistemáticamente abatidos.
Además, en la mitad sur de España se localizaron dos núcleos residuales y aislados en Extremadura (Sierra de San Pedro) y Sierra Morena (Andalucía y Castilla La Mancha).

La población española de lobos se estimó en 300 grupos familiares, asumiéndose la existencia de unos 1.500 ejemplares antes de los partos (5 lobos por manada), y de unos 2.000 a mediados del otoño (7 lobos por manada). El 90% de la población española se concentraba en Castilla y León, Asturias y Galicia, la población septentrional mostraba una tendencia positiva, mientras que la ten-
dencia de los núcleos de la mitad sur era regresiva y fueron considerados en peligro de extinción.

 ¿Y ahora?

Desde entonces no han existido estimas globales de lobos, únicamente conteos regionales. En el período 1999-2003 se realizó una aproximación, donde se agruparon los diferentes censos regionales españoles y el censo portugués. Se concluyó que en aquel momento vivían entre 254 y 322 grupos reproductores de lobos en la Península Ibérica (20% en Portugal, 80% España), distribuidos por unos 140.000 km2. Se dedujo entonces que la presencia era de 2000-300 lobos, pero la cifra exacta se desconocía, porque en España no se ha censado nunca el número de lobos sino el número de grupos con reproducción.

Hay que destacar que estos datos son resultado de estimaciones, no auténticos censos. La metodología con los que se obtienen es muy discutible. Pese a que la Estrategia para la Conservación y Gestión del Lobo establece que se debería disponer cada 10 años de información actualizada sobre la situación de la especie, desde 1988 hasta la actualidad no se ha vuelto a realizar
ningún estudio de ámbito nacional sobre la población de lobos.

El Convenio de Berna relativo a la Conservación de la Vida Silvestre y el Medio Natural de Europa, fue firmado en 1979, incluyendo al lobo en el Anexo II (“Especies de fauna estrictamente protegidas”). Pero a la hora de ratificarlo, en 1986, el Estado español lo hizo estableciendo una reserva que excluía al lobo y otras especies del Anexo II. Lo incluyó en el Anexo III (“Especies de fauna protegidas”), según el cual esta especie puede ser objeto de caza.

La Directiva 92/43/CEE (Directiva Hábitats), actualmente cataloga al lobo como Especie de Interés Comunitario. Sin embargo la directiva distingue el nivel de protección dentro de la Península Ibérica en base al Duero. Los lobos al sur de ese río están categorizados dentro de los Anexos II (“especies animales y vegetales de interés comunitario para cuya conservación es necesario designar zonas especiales de conservación”), y IV (“especies animales y vegetales de interés comunitario que requieren una protección estricta”).

Por su parte los lobos al norte del Duero se incluyen en el Anexo V (“especies animales y vegetales de interés comunitario, cuya recogida en la naturaleza y explotación pueden ser objeto de medidas de gestión siempre y cuando no vayan en contra de un estado de conservación favorable”). Ese “estado de conservación” no se ha definido para el lobo. En términos generales, el estado de una especie se considerará “favorable” cuando:

  • Los datos sobre la dinámica de las poblaciones de la especie en cuestión indiquen que la misma sigue y puede seguir constituyendo a largo plazo un elemento vital de los hábitat naturales a los que pertenezca, y
  • El área de distribución natural de la especie no se esté reduciendo ni amenace
    con reducirse en un futuro previsible
  • Exista y probablemente siga existiendo un hábitat de extensión suficiente para
    mantener sus poblaciones a largo plazo.

 Por territorios

Mientras que en Portugal el lobo está catalogado como Especie en Peligro de Extinción, en el caso del Estado español tiene diferentes estatus legales según la Comunidad Autónoma. En 2005 se aprobó la Estrategia Española de Conservación y Gestión del Lobo, un marco de referencia orientador sobre los principios que podrían regir (o no) la gestión del lobo en España. Este documento carece de implicación legal. El documento no incluye objetivos cuantificables en cuanto a demografía y área de distribución, salvo en lo relativo a la necesidad de conectar de forma natural la población noroccidental con la aislada de Sierra Morena, así como la necesidad de alcanzar unos mínimos en los núcleos meridionales de esa serranía (no alcanzados).

La Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad traspone a la legislación española la Directiva Hábitats, y usa también el Duero como referencia: los lobos al sur del río se incluyen en el Anexo II (“especies animales y vegetales de interés comunitario para cuya conservación es necesario designar zonas especiales de conservación”), y en el Anexo V (“especies animales y vegetales de interés comunitario que requieren una protección estricta”). Los lobos al norte del Duero se incluyen en cambio en el Anexo VI (“especies animales y vegetales de interés
comunitario, cuya recogida en la naturaleza y cuya explotación pueden ser objeto de medidas de gestión”).

Adicionalmente, la ley 42/2007 crea el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, donde se incluyen las posibles poblaciones locales de Andalucía, Castilla–La Mancha, y Extremadura.

En el Estado español son las comunidades autónomas las auténticas responsables de la gestión del lobo, pero utilizando cada una de ellas criterios muy dispares. Cada comunidad autónoma al norte del río Duero decide cuales son las directrices y modelo de gestión del lobo: Castilla y León, Galicia, Cantabria y La Rioja consideran a la caza como la herramienta prioritaria de gestión, estableciendo cupos; En el caso de Asturias y el País Vasco solo se permite la eliminación selectiva en controles de población; en Cataluña está totalmente protegido.

Al sur del Duero el lobo está estrictamente protegido en Andalucía, Castilla-La Mancha y Madrid.
Esta gestión es independiente de controles de ejemplares que son selectivamente eliminados. Las administraciones competentes permiten estos controles selectivos frecuentemente cuando son solicitados por los ganaderos, al amparo de las excepciones dispuestas en la Directiva Hábitats para prevenir daños al ganado y en situaciones excepcionales (que raramente son acreditadas), en toda el
área de distribución lobera española.

 La manada desestructurada

Los lobos habitualmente se estructuran en manadas, creadas en torno a un macho alfa que con su pareja domina el grupo que, en principio, es permanente y la única que procrea dentro del grupo. Con ellos va su prole más reciente. Una manada suele incluir de media entre cuatro individuos y siete.

El orden de la manada se rompe si falta alguno de sus miembros, especialmente si se trata del ejemplar dominante. Por eso, la caza de lobos puede desestructurar el grupo al que pertenecen y modificar el comportamiento de los supervivientes, lo cual puede multiplicar los ataques al ganado.

 El lobo y el conflicto con la ganadería

La ganadería extensiva es el conjunto de sistemas de producción ganadera que aprovechan eficientemente los recursos del territorio, con las especies y razas adecuadas, compatibilizando la producción con la sostenibilidad y generando servicios ambientales y sociales. Para Ecologistas en Acción esta actividad es esencial, ya que no solo genera productos de calidad, sino también configura el paisaje, ayuda a evitar los incendios forestales, contribuye a potenciar la biodiversidad y a conservar el patrimonio cultural y natural.

La gestión de la ganadería extensiva ha registrado grandes cambios y una profunda crisis durante las últimas décadas, debido especialmente a excedentes de la producción agraria, falta de competitividad, y cambios en los mercados. En este contexto se sobredimensiona la importancia de los ataques del lobo a la ganadería. Los daños producidos, escasos en comparación con la cabaña ganadera, están siendo utilizados como mecanismo de presión ante las administraciones por el sector ganadero y también por el sector cinegético, interesado en continuar con la caza.

Actualmente no se dispone de datos contrastados sobre los daños ocasionados por el lobo a la ganadería, pero se estima que los ataques del lobo afectan a menos del 1% de la ganadería en extensivo. Resulta casi irrelevante entre las pérdidas de la industria ganadera si se compara con otras causas de mortalidad y enfermedades en el ganado, e incluso en comparación con los daños causados por los ungulados salvajes a la agricultura.

Según algunas estimaciones realizadas en 2010, los daños ocasionados por el lobo a la ganadería supusieron un coste anual de unos 2 millones de euros, una cantidad que en absoluto justifica el conflicto social que los sindicatos agrarios están provocando con manifestaciones y todo tipo de presiones. Los daños producidos por los lobos son claramente asumibles.

 La coexistencia entre lobos y ganadería

Ecologistas en Acción considera que los ganaderos no deben cargar con el coste económico de estos ataques. Ante el fracaso del actual sistema de indemnizaciones reclama que se establezcan nuevos sistemas de ayudas a priori que permitan que se pague de forma rápida y generosa todos los daños que produzcan los lobos o los perros incontrolados.

Pero además es necesario recuperar prácticas ganaderas que tenían en cuenta la existencia de lobos. Hasta no hace muchas décadas se aplicaban en la ganadería tradicional y todavía se siguen realizando en algunos territorios. Un manejo adecuado de los rebaños, con vigilancia permanente (pastoreo intensivo) y encerramiento nocturno preferiblemente cerca de áreas habitadas, utilización de perros mastines, creación de barreras para impedir el acceso de los predadores al ganado como los corrales, apriscos, y cercados fijos o móviles.

Otras medidas de prevención son producto de nuevas tecnologías, como los vallados eléctricos o pastores eléctricos. Pero, sin duda, la experiencia del pastor y de los perros es fundamental para reducir el riesgo de ataque y su mera presencia ya es disuasoria.

La coexistencia entre la ganadería extensiva y la conservación del lobo es totalmente factible. Lo demuestran ganaderos que ponen en marcha diferentes medidas protectoras del ganado y logran que los ataques del lobo desaparezcan o se reduzcan muy significativamente.

 Propuestas de Ecologistas en Acción para la conservación del lobo

  1. Incluir al lobo ibérico en el Catalogo Español de Especies Amenazadas, impidiendo de esta forma que se considere como especie cinegética en ninguna Comunidad Autónoma.
  2. Elaboración de una nueva Estrategia para la Conservación del Lobo que incluya objetivos cuantificables, por tanto, evaluables.
  3. Puesta en marcha de un Plan de Recuperación del lobo ibérico al sur del Duero, especialmente en Sierra Morena.
  4. Promover la elaboración de un censo global de lobos ibéricos que nos permita conocer la situación real de la especie: para ello es vital establecer una metodología sólida, que se ejecute correctamente por personal cualificado e independiente, y que sea repetible.
  5. Promover en el seno de las instituciones públicas la realización de un análisis de viabilidad poblacionales y de modelos predictivos de idoneidad de hábitat, los cuales permitirán planificar, predecir y evaluar la evolución de las poblaciones, y el control de ejemplares.
  6. Elaboración de programas de acción que contemplen incentivos por objetivos ambientales, con el objetivo de fomentar la coexistencia entre la ganadería extensiva y la conservación del lobo con la participación de todos los agentes implicados, y que cuente con financiación suficiente para indemnizar a los ganaderos afectados e implementar las medidas de prevención como métodos más
    eficientes a largo plazo.
  7. Promover acciones contra el furtivismo y los envenenamientos.
  8. Regulación del turismo de observación del lobo para evitar que genere graves impactos sobre esta especie, para que desplace un uso incongruente con el turismo como la caza, y siempre que incorpore formación destinada a favorecer un mayor conocimiento de la especie.



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