Sí al turismo pero no a cualquier coste: no todo está en venta

Prácticamente la inmensa mayoría de proyectos turísticos actuales de la comarca al igual que el resto de la provincia, están basados en el turismo de residencia, casi todos ligados al golf (esto es así porque con esta instalación se justifica el porcentaje mínimo de zona verde a que se obliga, además de darle un valor añadido supuestamente a la urbanización, algo que últimamente parece estar logrando el efecto contrario debido a los impactos que esta unión conlleva). En la comarca son trece las instalaciones de este tipo que hay proyectadas, solo en Antequera se pretende llegar a la cifra de nueve campos de golf, de los que casi su totalidad, por no decir todos, llevan emparejado la consiguiente urbanización. Tan solo dos de los anteriores irían unidos solo a hoteles, algo por cierto bastante engañoso, ya que pueden convertirse en apartahoteles o construir las casas posteriormente en nuevos proyectos ligados al mismo grupo promotor cuando ya nadie les preste atención, sirva por ejemplo el caso del grupo inmobiliario Antequera Golf, que a los dos años ya está construyendo sus primeras urbanizaciones y otro campo más anexo al actual existente.

La presión a la que somete el sector inmobiliario a los ayuntamientos y administraciones es tal, que no solo les hace construir irresponsablemente campos de golf sin demanda alguna (con la escasez hídrica que tiene toda la provincia), sino que también les planifica la morfología del municipio haciéndoles crear nuevos núcleos urbanos separados de los ya existentes, todo ello al capricho del promotor, no importando el valor del lugar elegido. En el municipio de Antequera son siete los nuevos núcleos urbanos que se pretenden construir: Las Monjillas, entorno Pastelero, Gandinguela, Pantano Guadalhorce, Colonia Sta. Ana, aeropuerto, y entorno Vva. de Cauche; al menos cuatro de ellos ligados a campos de golf; dos nuevos núcleos urbanos en Archidona: Sierra Lumbral y Country Golf, en encinares protegidos, los dos ligados a campos de golf; un nuevo núcleo urbano casi igual que el actual y también con campo de golf, en Vva. del Rosario: Valle Rosario Golf. Y el último que ha aparecido, del que aun se desconocen ciertos datos sobre su cercanía o no al casco urbano, el constituido por 3000 viviendas con campo de golf en el municipio de Mollina.

Pero no solo los promotores inmobiliarios utilizan a los campos de golf como excusa para construir, y así amortizar rapidamente la inversión independientemente de la rentabilidad del proyecto en sí, sino que la última moda parece estar en la construcción de ingentes cantidades de viviendas ligadas a aeropuertos o aeródromos: Castellón, Ciudad Real, Jimena de la Frontera (ya desestimado) etc., son un ejemplo. En la Vega de Antequera, de dos proyectos que había pendientes en la misma zona: un aeródromo y un aeropuerto, los dos ligados a urbanizaciones; el primero ha sido rechazado por aviación civil por motivos de seguridad, y de actuarse con la misma justicia y responsabilidad el segundo debería de seguir el mismo camino. Este segundo proyecto, promovido por construcciones Vera, en un principio son 3000 -algo que posteriormente siempre aumenta- las viviendas residenciales que llevaría asociadas, que junto a las tres enormes parcelas a recalificar como suelo industrial, ocuparían el 84% del total de los terrenos del complejo, y que crearía uno de los siete nuevos núcleos urbanos antes mencionados.

Obviamente, como ya hemos mencionado, el sector del ladrillo es el motivo real de todos estos proyectos, y aunque solo se han nombrado los modelos y casos más representativos que afectan, en este caso a la comarca; el turismo residencial prácticamente se asocia a todo lo que le pueda valer y su proliferación también esta causando serios problemas en otras zonas de la comunidad y del estado, junto a proyectos, además de los expuestos, como pueden ser: puertos deportivos, parques temáticos, etc.; incluso también se está utilizando últimamente al turismo rural y de naturaleza.

Todo lo anterior, esta trayendo una auténtica invasión de nuevos residentes (algo de lo que no son conscientes las instituciones, mucho más pendientes de otro tipo de inmigración), con un claro efecto colonizador... en pleno siglo XXI, creando en muchos casos verdaderos guetos de población extranjera, en su mayoría improductiva, y gran demandante de servicios.

El turismo de residencia, solo está basado en intereses particulares; cambia bruscamente la composición de las poblaciones, sobre las que no revierte beneficio alguno, sino todo lo contrario; agota el agua; escoge mayoritariamente lugares privilegiados disfrutados tradicionalmente por toda la sociedad, para posteriormente hacerlos inaccesibles, excepto para unos pocos; destruye el territorio y el paisaje con urbanizaciones; y cambia drásticamente la forma de vida tradicional de la población autóctona, además de disparar aun más el coste de la vida a una población, rural en muchos casos, de economía mucho más modesta. La Costa del Sol Malagueña esta plagada de esta forma negativa de turismo, que se quiere introducir en el interior, con urbanizaciones donde literalmente se reserva el derecho de admisión sobre su propiedad privada (constatado con hechos reales); y donde además hay tiendas y bares que solo atienden en inglés. Esta población casi nunca llega a integrarse en los municipios, ni social, ni culturalmente.

Todo este cóctel explosivo ya preparado, y que temerosamente, las instituciones andaluzas dejan que siga aumentando su grado de potencialidad, a voluntad de unos pocos; nos está empezando a afectar directamente a todos los ciudadanos en nuestro día a día, algo a lo que La Junta debe de poner freno de manera contundente, misión que sin duda le corresponde, y que debe de caracterizar a un organismo de su envergadura. Evidentemente norteuropa (lugar mayoritario de origen) no cabe en Andalucía, ni físicamente ni en cuanto a recursos se refiere; y esto que puede resultar motivo de risas en una conversación de primaria, sin embargo, ni siquiera hacer sonrojar a las autoridades andaluzas, que “infantilmente” intentan arreglarlo todo con atractivas campañas publicitarias.

Por otro lado, sí sería conveniente promover un turismo de visitas seriamente controlado, de naturaleza, rural, arquitectónico, cultural, etc. que crea riqueza y se marcha; un turismo que derrocha menos recursos; que controla los verdaderos ingresos promovidos por este sector (recordar que muchos turistas residenciales suelen alquilar sus viviendas a terceros en los países de origen); que atrae menos dinero negro, y por ello menos mafias y delincuencia; que protege más la fauna y el medio natural, el paisaje, el paisanaje y la agricultura; y que permite la conservación del territorio por los lugareños, en definitiva, un turismo que mira más por el bien común.

El día del turismo debe servir no solo para promocionar esta industria, sino para decidir sobre el rumbo hacia el que queremos que camine, reflexionando sobre las oportunidades y amenazas que esta actividad tiene para mantenerse con calidad, rentabilidad, respetando nuestro entorno y haciéndola sostenible en el tiempo.




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