El amianto, una conspiración de silencio

Se inicia la campaña ‘Amianto Cero en Europa y Justicia para las Víctimas’.

Paco Puche, miembro de Ecologistas en Acción y Málaga Amianto Cero. Revista El Ecologista nº 85.

A pesar de que hace muchas décadas que se conocen los efectos letales del amianto o asbesto, esta sustancia se sigue produciendo y usando en la mayor parte del mundo. En el Estado español está prohibido desde 2002, pero estamos muy lejos de conseguir un desamiantado seguro y completo. Ante la gravedad del problema, varias organizaciones españolas hemos iniciado una campaña europea para que se pongan en marcha medidas contundentes contra este material.

Nombrar lo intolerable es en sí mismo la esperanza. Cuando algo se considera intolerable ha de hacerse algo. La acción está sujeta a todas las vicisitudes de la vida. Pero la pura esperanza reside en primer término, en forma misteriosa, en la capacidad de nombrar lo intolerable como tal: y esta capacidad viene de lejos, del pasado y del futuro. Esta es la razón de que la política y el coraje sean inevitables”.

John Berger, citado en Gustavo Esteva, “Esperanzas”,
en La Jornada, 10 de junio de 2013.

Si estas afirmaciones de Berger tienen visos de ser realistas, que lo tienen, se entiende el porqué, en cuanto al asunto del amianto en el mundo durante todo el siglo XX, el oligopolio industrial criminal que se ha beneficiado del mismo lo ha querido mantener en el máximo secreto, y lo ha conseguido en gran parte. Es lo que llamamos los activistas antiamianto una formidable conspiración de silencio. Naturalmente, esto incluye la portentosa ignorancia que hoy tiene la gente sobre este tema.

Porque si no, no se explica que una industria que va a matar a cerca de diez millones de personas, hacer enfermar a otras decenas de millones, que ha estado instalada durante todo el siglo pasado, que maneja este mineral del que no se conocen dosis mínima seguras que eviten contraer un cáncer específico, y a pesar de que desde principios del siglo pasado hemos contado con estudios serios de su letalidad, no se explica que siga permitida en una cantidad de países en donde habitan los 2/3 de la humanidad, y que siga instalada en todas partes amenazando a las personas con sus inevitables desprendimientos de fibras micrométricas cancerígenas. No se puede explicar.

Necesitamos, pues, seguir nombrando lo intolerable como principio de esperanza y como principio de acción (Berger dixit).

Un diagnóstico global

A la industria del amianto predicamos, desde el orden moral, la categoría de genocidio impune. Y desde el orden político la categoría de crimen sistémico del capitalismo.

Es un genocidio por lo siguiente. En la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio, en el artículo II, inciso c) se define como “sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física total o parcial”. Para que haya genocidio, según la ley internacional, tienen que darse pues tres condiciones: destrucción física o grandes sufrimientos sobre un grupo, carácter sistemático e intencionalidad.

Sobre la destrucción física o grandes sufrimientos sobre un grupo basta recordar las cifras de la OMS, poco sospechosas de exageración, que no hay que cansarse de repetir: “En el mundo hay unos 125 millones de personas expuestas al asbesto en el lugar de trabajo. Según los cálculos de la OMS, la exposición laboral causa más de 107.000 muertes anuales por cáncer de pulmón relacionado con el asbesto, mesotelioma y asbestosis”. Además, hasta un 30% más de afectados sobre la cifra anterior lo son por contaminación familiar (los trabajadores llevan a sus casas el polvo del amianto) y ambiental. En total 150.000 muertes cada año.

El carácter sistemático lo corrobora el hecho de que hablamos de una exposición industrial, diaria, continuada en el tiempo y que en los países más industrializados ha abarcado cerca de cien años, y en la mayoría de los restantes, en los que aún no se ha prohibido, no sabemos cuánto durará. Nada más sistemático que hacerlo todos los días sin apenas descanso.

En cuanto a la intencionalidad, hemos de describir los hitos de los descubrimientos de la letalidad del amianto para mostrar cómo no se puede alegar ignorancia sobre las terribles consecuencias del uso de este mineral. En 1930 el inspector médico E. Merewether establece la relación causal entre el amianto y asbestosis. En 1955, los trabajos de Richard Doll establecen la relación entre el amianto y el cáncer de pulmón. Cinco años más tarde, en 1960, los trabajos de Wagner y otros, desde las industrias de Sudáfrica, establecen relación entre amianto y la contaminación ambiental con este mismo material y el mesotelioma. En 1964 y 1965 los definitivos trabajos del americano Selikoff confirman la estrecha relación entre exposición al amianto y el mesotelioma. Y, por último, en 1977, la IARC (Agencia Internacional de Investigación del Cáncer, perteneciente a la OMS) establece que todos los tipos de amianto tienen categoría 1, es decir son cancerígenos seguros para los seres humanos.

Sin embargo, cuanto más amianto se ha consumido ha sido a partir de los años 1960, es decir a medida que más firmes eran las pruebas de su letalidad. No hay duda. Todo esto le hace decir al fiscal del juicio de Turín, Guariniello, respecto al magnate del amianto, Stephan Schmidheiny, que se trata de un “terrorista” y de “un asesino en serie” [1], y al juez que lo condena en apelación que se puede establecer un paralelismo entre Hitler y este personaje, que recoge la Stampa de Turín (2013) publicándolo en cinco columnas.

Y en cuanto a la impunidad, nos basta con el siguiente diagnóstico de uno de los grandes expertos en el tema:

“El daño causado es tan inmenso, tan absolutamente inhumano, tanto a los trabajadores como a sus familiares y a otros ciudadanos no relacionados laboralmente con el mortal tóxico, como son los vecinos del entorno de las fábricas y talleres del amianto, al igual que los usuarios de los productos que lo contienen, que no hay justicia humana posible, y que, aun aplicada no puede equilibrar mínimamente la devastadoramente dantesca agresión generada” [2].

Y además de un homicidio voluntario a gran escala, la tragedia del amianto es un crimen sistémico del capitalismo. Una vez que en 1900 se descubre la patente del fibrocemento (amianto fijado con cemento), y en 1929 se organiza un oligopolio (la SAIAC) que hace de cártel de las pocas empresas que lo componen llamadas Eternit, se organiza la producción mundial, se controlan los precios, las tecnologías y las mentiras, es decir se pone en marcha una maquinaria sistémica de obtener pingües beneficios. Por un documento desarchivado de una de esas empresas se pueden conocer las intenciones del cártel, dicen:
“nosotros esperamos obtener grandes beneficios gracias al mejoramiento técnico y económico”.

Unos cálculos siniestros

En unos trabajos anteriores mostrábamos la manera de saber, de forma meramente aproximada, un orden de magnitud de la tragedia del amianto [3]. Respondía a la pregunta indispensable de conocer cuántos han sido y cuántos serán los sacrificados en el altar del beneficio, a mayor gloria de cinco familias de magnates europeos.

De manera sencilla, y sobre la base de muchos trabajos de epidemiología existentes, establecíamos una relación directa entre consumo de amianto en un país y número de mesoteliomas esperados. Así, por cada 130 toneladas consumidas se esperaba un mesotelioma (cáncer de pleura específico del amianto). Como gracias al Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) conocemos bastante bien todo el tráfico del amianto por países y durante todo el siglo XX, podemos estimar cuál es la magnitud de la masacre pormenorizada. Si a esto añadimos que entre la exposición al mineral y la manifestación de la enfermedad hay una distancia de 40 años de media (periodo de latencia) podemos saber la distribución temporal de estos fallecimientos.

Como ejemplo, lo mostramos para el caso español. A partir de la gráfica detallada del amianto consumido, podemos trasladar por décadas los mesoteliomas esperados (gráfico 1)

Gráfico 1: Amianto consumido (en el caso de España es igual al importado)

Tabla 1: Consumo y mesoteliomas esperados por décadas

Periodos de consumo Toneladas consumidas en el periodo, según gráfica Periodos de muertes esperadas
(40 años de latencia)
Nº de muertes esperadas por mesotelioma
= toneladas/130
Muertes medias esperadas
por año
antes 1960 185.714 antes 2000 1.428
1960-1970 557.142 2000-2010 4.285 428
1970-1980 928.570 2010-2020 7.142 714
1980-1990 557.142 2020-2030 4.285 428
1990-2002 371.428 2030-2042 2.857 238
Totales 2.600.000 - 20.000 -

La tabla 1 nos permite estimar las muertes esperadas y en qué periodos aproximados. Por lo que se deduce, en España entre los ya fallecidos y los condenados a morir (el mesotelioma tiene poca cura) serán 20.000 personas entre trabajadores –la mayoría–, sus familiares y los enfermos ambientales (cualquiera de nosotros, como se deduce del caso de Mosterín). Y tendremos consecuencias letales, a pesar de que el amianto está prohibido desde 2002, hasta el 2042 al menos. Sin contar las muertes atribuibles al amianto que sigue instalado y que seguirá produciendo mucho daño. Y así para cualquier país y para todo el mundo.

Por estos trabajos sabemos también que por cada muerte por mesotelioma se producirían dos muertes por cáncer de pulmón y 0,8 muertes por asbestosis, las tres enfermedades más graves del amianto. Conociendo el total de mesoteliomas nos bastaba multiplicar por 3,8 veces para saber el total de caídos por el amianto. Aunque la periodificación de estos otros fallecimientos no coincida con la anterior, pues los periodos de latencia son distintos.

Así, en España, con una cantidad total consumida de 2,6 millones de toneladas, estas siniestras cuentas indican que la industria del amianto será responsable de la muerte de más de 75.000 personas.

La preocupación por el amianto: el Parlamento Europeo

Obviamente, estamos ante un asunto de primera magnitud. Se dice que es una de las mayores tragedias industriales de la historia de la humanidad. Y está pasando casi desapercibida. Argucias del capital.

Pero afortunadamente, el pasado 13 de marzo de 2013, el Parlamento Europeo aprobó una Resolución muy favorable a los intereses de los afectados, de las víctimas y del futuro desamiantado (retirada segura del amianto instalado). En dicha resolución se establecen las premisas de la letalidad y peligrosidad del amianto y la urgencia de intervenir a escala mundial. Por la prohibición global, por un plan de desamiantado seguro para antes de 2030 y por la reparación del daño hecho a las víctimas y a sus familiares.

Como esta Resolución es solo una recomendación, el Parlamento pide a las instancias ejecutivas de la UE que ponga en marcha todas las medidas que son necesarias para acabar con esta plaga. Y “anima a la UE a colaborar con los agentes sociales y otras partes interesadas a escala europea, nacional y regional para desarrollar y compartir planes de acción de gestión y eliminación del amianto”.

Recogiendo la invitación del Parlamento, desde la Federación de Colectivos de Víctimas del Amianto, Ecologistas en Acción y los sindicatos CCOO, UGT y CGT hemos puesto en marcha una campaña de recogida de firmas de entidades estatales (consumidores, partidos, padres, entidades de salud pública y laboral, etc.) que con el lema de “Amianto Cero en Europa y Justicia para las Víctimas” pretendemos hacerla llegar a todos los países de la UE, para poder presionar a las autoridades de la Unión con vistas a que se ejecute la Resolución del citado Parlamento [4].

Es una oportunidad única.


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