Entrevista a Antonio Lucena

“Creo que las crisis de este siglo las ha provocado la economía”.

Mariola Olcina Alvarado [1]. Revista El Ecologista nº 85.

Antonio Lucena fue ingeniero de minas y ecologista durante casi 40 años. Lúcido y con buen humor, nos recibió en su casa de Madrid. Sentado en su mecedora no paraba de moverse, inquieto por los recuerdos. Ese día, la enfermedad no hizo mella en su memoria. El 28 de marzo, una semana después de esta entrevista, Antonio Lucena nos dejó a los 81 años de edad.

Revolucionario, rebelde e irreverente. Antonio Lucena es una de esas personas que te hacen desear haber nacido en otra época para asistir junto a él a las primeras asambleas ecologistas o para estar a su lado en una acción no-violenta.

El activista nos regala uno de sus libros: La economía al alcance de los economistas. El libro del que más orgulloso se siente: “Yo no tengo ni idea de economía, pero la crítica se da mejor que el estudio”.

¿Por qué un ecologista se pone a criticar la economía?

Le hacemos esta primera pregunta y nos contesta que en realidad la economía es una ciencia inventada y aplicada a este mundo para hacer a los ricos cada vez más ricos y a los pobres, más miserables: “Esa es la misión fetén de la economía. Hace poco leí un artículo sobre la bajada del precio del petróleo que decía que esto beneficiaba a las clases medias. Y en el texto se decía, literalmente, que los combustibles fósiles tan solo tienen un inconveniente: el cambio climático. Y, oigan ustedes, la destrucción del clima no es cualquier cosa”.

Continúa contando una anécdota: “Hace ya muchos años, me invitaron a un simposio en el que habló un economista defendiendo que los índices económicos tienen que crecer para que la sociedad funcione. Ante esto, yo no me pude quedar callado y le contesté: “Creo que las crisis de este siglo las ha provocado la economía y no otra cosa”. Y él me contestó de muy mal modo... pero, vamos, a mí no me convenció”.

Irreverente desde adolescente, recuerda los encontronazos con su padre por desavenencias ideológicas. La austeridad como filosofía de vida chocaba con la herencia de su familia, una de las más adineradas de Canarias: “Yo he sido muy austero en mi vida y eso me ha permitido ser más rico en sentimientos. En parte, fue el ecologismo y su gente quienes me enseñaron a vivir mejor con menos. Aunque en número de hijos no he sido austero. Tengo cuatro”. Enumera con orgullo sus nombres, sus respectivas ocupaciones y las aventuras con sus nietos.

Antonio Lucena fue uno de quienes fundaron de Ecologistas en Acción [2] y desde entonces es todo un referente en el campo del ecologismo social. Con su talante y su actitud dialogante fue una de las personas decisivas en el ensamblaje del ecologismo conservacionista y el ecologismo político dentro de esta organización.

¿Cómo te metiste en el movimiento ecologista?

Se ríe a carcajadas y haciendo memoria nos remontamos a las elecciones del año 1977.

“Yo estaba en un partido de izquierdas y no conseguimos casi ni un voto, claro. Y yo pensé: “esto va muy mal, la militancia política no es suficiente”. Entonces, me metí en el movimiento ecologista. Mi primera intención fue empezar a militar en el movimiento feminista. Pero yo soy ingeniero de minas y sé distinguir un kilovatio de un kilovatio hora, y me pareció que con mis conocimientos podía ser más útil en el ecologismo.

Yo he sido un ecologista un tanto extraño porque nunca he sabido distinguir con fundamento una patata de un pino. Me dediqué en profundidad a la cuestión energética. Podría decirse que soy un ecologista político. Nosotros dividíamos el ecologismo: el conservacionista y el político. Pero ninguno es más importante que el otro y todos vamos a lo mismo: a que se conserven los pajaritos y que las personas vivan dignamente y bien”.

Seguimos hablando de ecologismo y el escritor aprecia cierta diferencia entre activistas de entonces y de ahora. “Los ecologistas se han culturizado”. Se ríe. “En tiempos atrás se oía cada burrada... ahora el ecologista tiene unos conocimientos rigurosísimos. En este momento da gusto asistir a cualquier reunión de Ecologistas en Acción por lo abiertas que son, por la facilidad para dialogar y por lo que se aprende. Es una gozada intelectual asistir y empaparse de gente que lo hace muy bien y que está muy bien preparada”. De hecho, Antonio Lucena ha contribuido al estudio de diversas cuestiones socioambientales con la publicación de varios libros, entre los que se encuentran Energías alternativas y tradicionales: sus problemas ambientales y Consumo responsable.

De repente, recuerda un debate dentro del movimiento ecologista acerca de la escasa participación de las mujeres en las asambleas: “Y es que, cuando una mujer habla, inevitablemente, mete la cuestión de feminismo, y los valores femeninos son muy necesarios en la política”. Inevitablemente, aparece en la conversación Lola, su mujer, la persona que más le ha enseñado sobre feminismo. Lola Ferrero, con una larga trayectoria en movimientos sociales, participa desde hace tiempo en Mujeres por la Paz. Antonio recuerda un momento vital en su vida:

“Ella llegó un día muy entusiasmada porque se había apuntado a un curso de no violencia y me insistió en asistir. Abriéndote el corazón: yo siempre he tenido una contradicción muy gorda. Yo siempre he sido revolucionario y siempre me ha molestado terriblemente la violencia”.

Se emociona, golpea el brazo de la mecedora, tose y con lágrimas en los ojos, continúa...

“Esta contradicción se manifiesta cuando tú quieres cambiar las cosas pero no puedes hacer uso del arma más evidente: la violencia. Utilizar la violencia va contra otros principios... y entonces, te deja en un punto en el que no hay nada por aquí y nada por allá, solo impotencia. La violencia te deja sin principios.

Yo viví muy mal esa contradicción y esta gente del movimiento no-violento de Madrid me explicó cómo salvarla. Éramos unas 40 personas muy amigas y ellas me enseñaron muchísimas cosas... y me salvaron la vida, literalmente”.

Bebe agua. Yo trago saliva. Nos concedemos una cómplice mirada y seguimos conversando.

Los ecologistas alertaban de esta crisis hace ya mucho tiempo, ¿qué ha fallado?

“Es cierto, nosotros predijimos esta crisis. Sabíamos que la burbuja inmobiliaria iba a estallar en algún momento, pero la prensa no se hizo voz de nuestros análisis. Hemos fallado en decírselo a la gente. Pero, sin duda, la gran culpa es de los periódicos que no tratan los temas importantes y vitales para la vida de las personas. El periodismo se ha convertido en un negocio. Ese es el problema. No poder contar la verdad de manera independiente. Todas las profesiones del mundo se pueden hacer bien, mal o regular. Y te puedes vender... o no”.

Terminamos hablando de política. Antonio lo tiene claro. “Dicen que la gente de Podemos no está preparada para gobernar... Bien. Supongamos que Pablo Iglesias hace una lista de ministros... esa la comparamos con la lista del Partido Popular. ¿Cuál sería peor? Yo apuesto que sería peor la del PP. ¡Vamos, apuesto toda mi confianza en ello! ¡Qué incapacidad más grande tiene la gente del PP para gobernar!”.

Hablamos de Marx y la propiedad privada: “El primer canalla fue aquel que valló un terreno y dijo: “todo esto es mío”. Y volvemos de nuevo a la economía. Pero esta vez, hablamos en positivo. Hablamos del emprendimiento social. Le cuento que la Economía Social y Solidaria en España es una realidad que cada vez emplea a más gente. Abre la boca sorprendido al saber que son cientos de cooperativas las que están funcionando con criterios sociales y ambientales.

Le regalo un billete de dos Boniatos de la I Feria de Economía Social y Solidaria de Madrid: “Veo que ya sois mayorcitos... con moneda propia y todo”. Nos echamos unas risas, él en su mecedora y yo en una cómoda silla. Es la primera vez que hablo cara a cara con Antonio Lucena y enseguida se ha creado un ambiente agradable y cálido.

Reflexiona: “Estamos consumiendo el mundo. Esta economía capitalista impone una medida negativa tras otra que solo sirven para destruir el planeta y las personas que vivimos en él. ¿Qué queremos que sea el mundo? ¿Qué debe ser? Yo solo sé que la solución no pasa por el consumismo, de ninguna manera”.

¿Cómo te gustaría que fuera el mundo?

“Un mundo mucho menos consumista, es decir, más austero en el consumo. Un mundo más colectivo, más cooperativo y más rico en valores”.

Su mujer Lola ha encontrado todos los libros que ha escrito Antonio. Los ponemos encima de la mesa: Los residuos sólidos, Transgenia y alimentación, El agua: un bien escaso. Llegan su hijo y su nieta. Lola me enseña el jardín trasero donde jugaba ella y ahora juegan sus nietos y cuenta con tristeza que hace poco talaron varios grandes árboles que eran como de la familia.

Nos despedimos con un abrazo. Antonio me dice: “Hoy he hecho algo que pensaba que no iba a ser capaz... no en estas condiciones... no tengo dolor, pero estoy molestísimo y me alegro de haber podido hacer frente a esta entrevista”.