Pesticidas en colegios

Riesgos y estrategias para reducir la exposición a productos fitosanitarios de escolares y docentes.

Anna Font Coll, psicóloga, formadora y divulgadora sobre riesgos ambientales y salud. Revista El Ecologista nº 86.

Para el tratamiento de distintas plagas es frecuente que, incluso en el interior o las cercanías de nuestros centros escolares, se utilicen sustancias químicas cancerígenas, mutágenas, tóxicas para la reproducción y neurotóxicas. Urge, por tanto, en aplicación del principio de precaución, prohibir estas sustancias en colegios y espacios públicos, dando prioridad a las técnicas no químicas en el mantenimiento de la vegetación municipal. Pero mientras se adoptan estas medidas, es necesario minimizar la exposición de niñas y niños con algunos de los consejos que se plantean en este artículo.

En la mayoría de poblaciones españolas se utilizan plaguicidas en el control de plagas de espacios públicos, y productos fitosanitarios en el mantenimiento de la vegetación municipal, centros escolares incluidos.

Según el Real Decreto 1311/2012 [1], los jardines existentes en los recintos o en las inmediaciones de colegios y guarderías infantiles tienen la consideración de zonas específicas, en la cuales se debe minimizar o prohibir el uso de plaguicidas, y priorizar los productos fitosanitarios de bajo riesgo [2]. Sin embargo, la realidad es que en los centros escolares, a su alrededor y en las calles de acceso a los mismos se emplean herbicidas, insecticidas y fungicidas y otros productos fitosanitarios que, a pesar de estar aprobados para su utilización, pueden desencadenar trastornos en adultos y en la salud infantil –a corto, medio y largo plazo–, y repercutir negativamente en el aprendizaje, el rendimiento académico y el comportamiento [3].

A pesar de la obligación de realizar los tratamientos fitosanitarios en ausencia de terceras personas [4], no es fácil evitar la exposición. Por un lado, se aplican durante el horario de trabajo de la brigada municipal de jardinería y de empresas aplicadoras [5], que en parte coincide con el horario escolar. Por otro, la exposición puede tener lugar no sólo en el momento de la aplicación, sino también horas o días después, –al volatilizarse y desplazarse los residuos por efecto del calor y del viento–, al llegar y salir del centro, a la hora del recreo, al mediodía, o en clase de Educación Física. Por último, al no ser obligatorio proteger el mobiliario exterior ni las áreas de juego infantiles, existe riesgo de exposición al lado de hierbas tratadas o bajo árboles fumigados.

Los ayuntamientos están obligados a comunicar a los vecinos, con 8 días de antelación, el lugar y fecha previstos de los tratamientos y los productos fitosanitarios a utilizar [6]. En centros escolares, deben informar al director o directora para que pueda adoptar medidas preventivas, como proponer una fecha u hora más apropiada por razones justificadas, con al menos 48 horas de antelación al tratamiento previsto [7].

Aunque existen métodos no químicos para el control de las hierbas, siguen utilizándose herbicidas químicos –la mayoría de ellos a base de glifosato–, incluso tras la reciente clasificación por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de este principio activo como sustancia probablemente cancerígena para humanos (categoría 2A), y la obtención de pruebas limitadas de carcinogenicidad para linfoma no Hodgkin [8] [9], un tipo de cáncer para el que la Sociedad Española de Oncología Médica estima un enorme incremento en los próximos años [10]:

Estimación prevalencia Linfoma no Hodgkin a 5 años (España)

Año 2012 Prevalencia a 5 años
Casos reales: 6.130 Casos estimados: 16.342

A pesar de ello, de momento, el glifosato sigue autorizado en todos los países de la Unión Europea hasta el 31 diciembre de 2015 [11], pero algunos municipios españoles [12] y europeos [13] que sí aplican el principio de precaución, ya han optado por restringir su uso o excluirlo de los tratamientos fitosanitarios destinados a espacios públicos.

En cambio, no siempre es posible evitar insecticidas o fungicidas de síntesis. En situaciones de emergencia fitosanitaria, o en ejemplares pertenecientes a especies con plagas declaradas de utilidad pública, es obligatorio aplicar las medidas fitosanitarias adoptadas por el Magrama o por la autoridad competente de la comunidad autónoma [14].

Recordemos los polémicos tratamientos aéreos decretados en 2014 para luchar contra la plaga de la procesionaria del pino en varias comunidades autónomas, y que vienen realizándose desde hace años en algunas de ellas. En las comunidades mediterráneas se combate la plaga del picudo de la palmera con varias aplicaciones anuales de clorpirifós [15] e imidacloprid [16], que en algunos casos se complementan con otros fitosanitarios y nematodos. Deben ser aplicados de forma obligatoria en ejemplares sanos, afectados y recuperados, aunque estén situados en patios escolares y varios de los tratamientos coincidan con la temporada lectiva, con riesgo de exposición para alumnos y docentes. La destrucción de las palmeras afectadas suele ser la última opción, porque supone un elevado coste, a menudo inasumible por las arcas municipales en crisis. Es el precio a pagar para mantener la “sanidad” vegetal.

Estrategias para reducir la exposición

Para hacerse una idea del grado de exposición al que está sometido el alumnado y los docentes, hay que conocer cuáles son los tratamientos programados para el recinto educativo y sus inmediaciones, su frecuencia, tipo de vegetación a la que se aplican, nombre comercial de los productos utilizados, fechas, horario y método de aplicación, así como las medidas de precaución que toma el director o la directora para evitar los riesgos. A partir de esta información, se abren varias líneas de acción. A título orientativo:

Madres y padres de alumnos:

1 Pedir información al ayuntamiento y a la dirección del centro sobre los puntos anteriores.

2 Consultar la ficha de datos de seguridad de los productos fitosanitarios en Internet.

3 Exponer la situación al AMPA, valorar los riesgos y buscar asesoramiento en alternativas no tóxicas y viables para el mantenimiento de la vegetación escolar.

4 Si todavía no existe, proponer la elaboración de un protocolo para reducir exposiciones en el centro, con pautas de actuación antes, durante y después de los tratamientos. En caso necesario, solicitar la ayuda de algún técnico municipal de medio ambiente.

5 Aportar certificados médicos al director o directora en caso de hijos e hijas con salud frágil, patologías respiratorias, oncológicas, ambientales y otras que empeoren con la exposición a pesticidas.

6 Dar pautas a los hijos e hijas para reducir la exposición dérmica (llevar la piel cubierta con pantalón largo, manga larga, capucha, calcetines y zapatos cubiertos), respiratoria (bufanda, buff), ocular (gafas) y digestiva (no comer cerca de zonas tratadas, prepararles un desayuno o merienda bebible para evitar que dejen el bocadillo sobre zonas con posibles residuos).

Profesorado:

7 Entregar certificados médicos sobre patologías de riesgo, embarazo o lactancia a dirección.

8 En caso de detectar la aplicación de tratamientos fitosanitarios en o cerca del centro durante el horario escolar, pedir a los operarios –desde una distancia prudencial– la suspensión inmediata de los mismos y reclamar la presencia de sus superiores, conducir a los alumnos a una zona resguardada e informar a la dirección.

9 Al planificar salidas educativas, averiguar las previsiones de tratamientos fitosanitarios, buscar fechas favorables y evitar rutas o destinos que comporten el paso por, o cerca de, zonas recientemente tratadas, consultando en la página web de las localidades a visitar la sección de medio ambiente, de parques y jardines, mantenimiento de la vegetación pública o similares. Si esta información no aparece, solicitarla al departamento correspondiente de cada ayuntamiento [17].

10 En la materia de Educación Física, optar por el gimnasio interior los días de tratamientos fitosanitarios en la zona [18] y los inmediatamente posteriores.

11 Explicar a los alumnos en lenguaje comprensible que los pesticidas comportan riesgos y, antes de salir al patio, recordarles que bajo ningún concepto pueden acceder a las zonas recientemente tratadas –las cuales deben estar delimitadas–, ni siquiera para ir a buscar una pelota.

12. Durante el recreo, vigilar que nadie se acerque a las zonas tratadas.

Dirección del centro:

13 Averiguar las precauciones a tomar para cada uno de los tratamientos.

14 Proponer –con más de 48 horas de antelación al inicio del tratamiento previsto– una fecha con varios días festivos por delante, y una hora sin presencia humana en el recinto, ni siquiera el personal de la limpieza. Argumentos a considerar: la mayor vulnerabilidad infantil y de alumnos y alumnas, docentes y otros trabajadores del centro con enfermedades o situaciones que lo requieran.

15 Solicitar al ayuntamiento que los aplicadores coloquen elementos de protección en espacios sensibles dentro del recinto educativo (áreas de juego infantil, cajones de arena, bancos, estanques, huerto escolar...) cada vez que se apliquen tratamientos en o alrededor del mismo, porque se desconoce la composición completa de los preparados comerciales, y existen evidencias de que algunos ingredientes considerados inertes son cientos de veces más tóxicos que los principios activos declarados por los fabricantes [19].

16 Comunicar a todos los trabajadores del centro (profesorado, personal administrativo, de cocina, de limpieza, de portería...) el día y hora de los tratamientos, las precauciones a tomar, y toda la información adicional que soliciten los interesados.

17 Informar a los padres y madres, para que puedan tomar las medidas necesarias para proteger la salud de sus hijos e hijas.

18 Activar el protocolo del centro para tratamientos fitosanitarios. Debería incluir, como mínimo:

  • Antes: la retirada de todos los juguetes, triciclos, patinetes, pelotas, piscinas hinchables, mesas, sillas... del exterior, la protección de los espacios sensibles antes comentados y de juegos fijos exteriores con materiales porosos (madera, cuerda, tejido...), el cierre de puertas, ventanas, persianas y orificios y el cubrimiento provisional de los conductos de ventilación, la recogida de cubos y enseres de limpieza.
  • Durante: puertas, ventanas, persianas y orificios de ventilación herméticamente cerrados, aire acondicionado apagado, ausencia de alumnado y personal docente u otros trabajadores del centro.
  • Después: destapar los conductos de ventilación y retirada de las protecciones de las áreas sensibles, limpieza exhaustiva de los bancos, del área exterior de juego y de las instalaciones fijas, asegurarse de que las zonas tratadas estén bien delimitadas, reforzar la vigilancia en la hora del recreo para evitar el acceso a espacios restringidos temporalmente, no permitir el consumo de alimentos del huerto escolar hasta transcurridos unos días más de los indicados por el fabricante de los productos. En caso de que los aplicadores se ocupen de retirar los elementos de protección previamente colocados, no permitir que los manipulen en presencia de niños ni docentes vulnerables, ni a la hora del patio y, si es posible, tratar de supervisar el proceso desde la distancia para evitar malas prácticas.

19 Recordar al personal de la limpieza que, tras sus tareas, deberá dejar todas las ventanas y puertas exteriores del centro bien cerradas, y los útiles de la limpieza en el interior del edificio, antes del inicio de los tratamientos.

20 No permitir el acceso a las zonas recientemente tratadas.

Alumnado:

21 Antes de la ampliación, recoger todos los juguetes y guardarlos en el interior.

22 Después, respetar las indicaciones de la dirección y del profesorado y no acercarse a las zonas tratadas y delimitadas.

Comedor escolar:

23 Proteger los alimentos o las bandejas con comida preparada que lleguen al centro de posibles residuos de pesticidas aplicados en los árboles y otra vegetación del recinto escolar [20].

Estas son sólo algunas sugerencias, pero además de la acción en el propio centro, se pueden buscar alianzas con otras guarderías, colegios e institutos del municipio, distrito o comarca, con asociaciones de vecinos y de enfermos, el colectivo sanitario, entidades ecologistas... y solicitar conjuntamente a cada administración local una ordenanza municipal restrictiva sobre productos fitosanitarios, basada en el principio de precaución, que prohíba el uso de sustancias cancerígenas, mutágenas, tóxicas para la reproducción y neurotóxicas en recintos escolares y espacios públicos, que dé prioridad a las técnicas no químicas en el mantenimiento de la vegetación municipal y, si no fuera posible, que priorice técnicas de aplicación lo más localizadas posible, con mínima deriva, que proteja el mobiliario público y las áreas de juego infantiles, y que promueva la creación de uno o varios canales para informar a la población de los tratamientos fitosanitarios absolutamente imprescindibles, con recomendaciones concretas a la población para evitar exposiciones. Toda precaución es poca ante sustancias diseñadas para matar...




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