AVE: un despilfarro

Hemos conocido recientemente un estudio de la Fundación Fedea elaborado por Ofelia Betancor y Gerard Llobet sobre los principales corredores de alta velocidad [1]. La fundación está promovida por el Banco de España y grandes empresas de energía y comunicaciones. Las conclusiones son demoledoras: El AVE no es rentable ni para las empresas ni para la sociedad. A pesar del intento de maquillaje del informe en algún medio de comunicación murciano, los investigadores señalan que el nivel de demanda no es, ni será, suficiente para generar los ingresos que hagan rentable esta infraestructura. El estudio pone de manifiesto la falta de una justificación económica rigurosa para el gran dispendio de las inversiones de la alta velocidad en nuestro territorio.

En los últimos años, la red de alta velocidad es la infraestructura de transporte en la que más se ha invertido, en torno a los 47.000 millones de euros, hasta 2012. La magnitud de esta cifra adquiere una relevancia especial, cuando las cantidades invertidas en algunos años eran equivalentes a los recortes presupuestarios en fines sociales. La red de AVE ha significado y significa todavía un enorme coste de oportunidad, ya que esos recursos presupuestarios podrían haberse destinado a la inversión en la red de ferrocarril convencional que supondría una mejora significativa en la accesibilidad al ferrocarril con independencia de su situación geográfica o económica.

Los investigadores exponen que beneficios como la descongestión del tráfico por carretera, disminución de los viajes y ahorro de tiempo en los trayectos, no rentabilizan la enormidad de inversiones en el AVE. Un ejemplo de la megalomanía de estas infraestructuras es que la red española, con 2.515 kilómetros en servicio y 1.200 en construcción, es la segunda red mundial sólo por debajo de China. Si atendemos la relación kilómetros/población, es la mayor del mundo con 54 kilómetros por millón de habitantes, frente a los 31 kilómetros de Francia.

Estas cifras contrastan con los datos de utilización de la infraestructura. En el estado español, viajan 11.800 pasajeros por kilómetro operativo de AVE, cuando en Francia son 61.400 viajeros y 158.121 en Japón. En definitiva, pocos viajeros para tantos kilómetros de red de alta velocidad.

Como señala el estudio, el despliegue ha tenido un coste multimillonario para las arcas públicas. Este año electoral, el Ministerio de Fomento quiere poner en servicio 1.000 kilómetros más para conectar a ocho capitales a la red de alta velocidad, casi la mitad del presupuesto anual de la alta velocidad. Estas inversiones representan uno de los más claros exponentes de despilfarro de la política de infraestructuras que se ha llevado a cabo en nuestro país. Supone un tremendo desembolso económico unido a la ausencia de una planificación democrática.

Mientras tanto, en Murcia, asistimos a continuos engaños de la administración a los vecinos sobre el pretendido soterramiento de la línea y no se vislumbra, en el futuro, una conexión con Andalucía por medio del ferrocarril convencional. La desmesura del crecimiento insostenible de la red del AVE está basada, en el beneficio político y propagandístico de los sucesivos gobiernos que han apoyado este megalómano despliegue y no en una red ferroviaria eficaz y sostenible.