Loba muerta en el Parque Natural

Finalizábamos el año 2015 con la noticia de que la Junta de Castilla y León recogía el cadáver de una loba en las inmediaciones de la localidad de Ventanilla y que, activando el Protocolo por la posibilidad de envenenamiento, la trasladaba al Centro de Recuperación de Burgos para su necropsia.

Con lo cual, el año finalizaba para el lobo como se inició, con muerte, esa muerte de lobos que tanto gusta a varios colectivos y que, con la ayuda de la mayoría de los medios de comunicación, se hacer ver como necesaria por la culpabilidad del lobo.

Debemos confiar en que la Junta de Castilla y León, además de necropsia, realice los obligatorios análisis toxicológicos que son los únicos que pueden descartar totalmente el veneno, confiamos en que no haya sido el veneno la causa de la muerte y esperamos que el Protocolo haya sido correctamente ejecutado.

Recordar lo que supone el envenenamiento nos hace retroceder en el tiempo, ese tiempo que parece no haber pasado en las mentes de numerosos habitantes de nuestro medio rural.

Es verdad que el lobo es una especie que debe participar en el juego de su regulación y gestión, aunque solo sea para saciar las mentes enfermas del homo sapiens, pero esto es difícil cuando la partida se juega con las cartas marcadas.

En lo que no haya rigurosidad, criterio científico y ausencia de ningún tipo de interés oscuro en la gestión y conservación del lobo, esto seguirá siendo la gran mentira del lucro de pocos.

Esto en el terreno de la teoría y de la nostalgia, si aterrizamos en la realidad nos encontramos con una Administración como la Junta de Castilla y León, que debería buscar el equilibrio entre posiciones y gestionar con rigor, se posiciona claramente a favor de las posturas de caza intensiva del lobo, auténtico filón económico para todos aquellos que participan de su caza, legal o ilegal da lo mismo porque la segunda no existe ni se persigue.

No olvidemos el grupúsculo de ganaderos de una zona muy concreta del Parque Natural que están ejerciendo una presión insostenible en contra del lobo apoyados por los sindicatos agrarios que intentan mantener afiliados, cuotas de poder, protagonismo y con buena penetración en los medios de comunicación, sobre todo los más numerosos y cercanos al poder político.

La gestión cinegética realizada hasta ahora ya hemos visto a donde nos ha traído. Llevan años contándonos el cuento de las bondades de la caza del lobo, que conduciría a más ingresos y al control de la especie, pero esto también era mentira. Ahora está de moda matar lobos a precio de saldo, porque los caciquillos locales, con algún diputado provincial incluido, consideran que el lobo está caro. Lo que faltaba, matar a una de las gallinas de los huevos de oro y además casi gratis.

El personal de campo de la Junta de Castilla y León, como siempre, viendo como los problemas van y vienen, les pasan por encima, y la vida sigue. A ver cuando llega el momento de la prevención y del control exhaustivo de las actividades ilícitas.

A los grupos ecologistas solo nos queda intentar equilibrar un poco esa balanza a favor del lobo, a favor por argumentos de sobra conocidos y que nada tiene que ver con esas etiquetas retrógradas que nos colocan mentes en su mayoría ignorantes y algunas malintencionadas, aunque ese equilibrio de la balanza a corto plazo se nos antoja imposible, pero que nadie dude que pelearemos por ello hasta encontrar responsables.




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