O el TTIP o el clima

Hace aproximadamente un mes, en la COP21 de París, los líderes mundiales se comprometían a que el clima planetario no superara el aumento medio de 2ºC. Lamentablemente, el acuerdo no entraba en las causas del cambio climático ni incorporaba ninguna medida obligatoria que encaminara a la consecución del objetivo. Las movilizaciones que acompañaron la COP21 dejaron claro que detener el aumento de temperatura global pasaba por descarbonizar la economía y repensar el sistema económico. También alertaban sobre el peligro que los tratados de libre comercio, como el TTIP (entre EE UU y la UE) o el CETA (entre Canadá y la UE), suponen para alcanzar estos fines.

La semana pasada la multinacional TrasCanada ejemplificó la incoherencia que supone luchar contra el cambio climático y fomentar los tratados de libre comercio. La compañía denunció al Gobierno de EE UU por haber denegado la construcción del oleoducto Keystone XL, por el que se pretendía transportar arenas biotuminosas (un tipo de petróleo pesado) de Canadá hasta la Costa Este de EE UU para ser exportados a Europa. La denuncia se produjo por partida doble: en un tribunal del Estado de Texas y mediante el mecanismo ISDS, un controvertido sistema de arbitraje privado internacional que otorga a las multinacionales la capacidad de denunciar a los Estados, sellado en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre EE UU, Canadá y México (NAFTA por sus siglas en inglés).

La paralización de la construcción del oleoducto se produjo tras las protestas de la sociedad civil, que denunció el enorme impacto ambiental del proyecto, ya que las arenas bituminosas se extraen mediante minería a cielo abierto y emiten un 23% más que el petróleo convencional. El despropósito era tan evidente que el mismo Obama se vio obligado a clausurar el proyecto. Algo contra lo que TransCanada está dispuesto a pelear utilizando las cláusulas firmadas en un tratado de libre comercio.

El caso es un nuevo episodio de cómo los tratados de libre comercio anteponen el lucro de las empresas a los derechos de las personas y la lucha contra el cambio climático, como ya ocurrió con la Directiva de Calidad de los Combustibles. Por ello, la Unión Europea debería abandonar la negociación del TTIP y la ratificación del tratado CETA, que incluyen el mecanismo ISDS y favorecen el comercio de combustibles fósiles.




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