El río Chícamo

Reserva Natural Fluvial en Murcia.

Raúl Urquiaga y Rubén Vives, Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 87.

En una de las zonas más áridas y cálidas de la Península Ibérica, al noreste de la Región de Murcia, discurre uno de los ríos más singulares de nuestro patrimonio hidrológico, el Chícamo. Su curso alto, gracias al trabajo realizado por Ecologistas en Acción, ha sido recientemente declarado como reserva natural fluvial. Esto significa la máxima protección ambiental que puede darse al dominio público hidráulico en nuestro país y una garantía para la conservación de su patrimonio vegetal, faunístico y geológico.

Si a cualquiera le hicieran aparecer de repente, por arte de magia, en la ribera del río Chícamo, difícilmente diría que se encuentra en el continente europeo. De hecho su propia configuración y el entorno que lo rodea nos evocaría paisajes más propios del norte de África: aridez; aguas temporales e intermitentes entre baladrales, palmerales y tarayales; vegetación escasa, rala y dispersa entre barrancos y cárcavas fuertemente ramificadas y erosionadas por lluvias torrenciales (los llamados badlands).

El río Chícamo nace en la pedanía de Macisvenda, en una surgencia natural del acuífero de Quibas. Drena una extensa cuenca de unos 450 km2 (cuenca de Abanilla), situada entre los municipios de Pinoso (al norte) y Orihuela, donde sus aguas se infiltran en el terreno antes de entrar en contacto con el río Segura. Esta cuenca es una de las más secas y cálidas del país. Los valores medios anuales de precipitación no llegan a los 280 mm (similar a la existente en Marrakech, Marruecos) y la temperatura media varía entre los 14 y los 18 ºC.

Una de sus singularidades es la de contar con aguas hiposalinas (<20 g/l) debido a los sustratos evaporíticos y sedimentarios de la cuenca. Este hecho va a condicionar la fuerte especialización de la vegetación e incluso de la fauna existente en el ecosistema fluvial, encontrando plantas muy especializadas a estas condiciones tan extremas. Entre las formaciones vegetales amantes de la salinidad hay que destacar los extensos tarayales de Tamarix boveana y T. canariensis que ocupan el cauce a su paso por Abanilla.

Un río con interés geológico

Desde el punto de vista geológico llama la atención las formaciones de badlands originadas en los suelos margosos de la zona circundante al río. Son sustratos muy fácilmente erosionables en los que se han escavado profundos barrancos y torrenteras propias de un paisaje lunar. También es posible encontrar otras formaciones de interés como las llamadas chimeneas de hadas.

A un par de kilómetros de su nacimiento, el Chícamo se adentra en un impresionante estrecho, llamado garganta del Cagel. Paredes verticales de hasta 40 metros de altura con apenas 2 metros de anchura. Parece ser que esta zona estuvo ocupada por un mar (tortoniense para los entendidos) que dio lugar a los conglomerados que han sido abiertos por el cauce del Chícamo. Merece la pena remontar el río, eso sí, mojándonos los pies pues no hay otra.

Endemismos peninsulares

Entre pozas y pequeños saltos de agua es posible encontrar a uno de los peces más amenazados de la Península Ibérica, el fartet (Aphanius iberus), un endemismo en peligro de extinción. La población del río Chícamo es la única población interior de esta especie en la cuenca del Segura. Este pequeño pez depende de la existencia de aguas salobres y permanentes, por lo que la cabecera de este río es un espacio de crucial importancia para la pervivencia de la especie en la región murciana.

Otro pez endémico de interés presente en el río Chícamo es el barbo gitano (Barbus sclateri). Se trata de un ciprínido que puede alcanzar hasta los 40 cm de longitud. Su presencia se limita a charcas con aguas permanentes.

Dentro de las singularidades ambientales del Chícamo, no puede dejarse de destacar la presencia de una especie de palmera endémica de la Península Ibérica, la llamada palmera de rambla (Phoenix iberica) Su distribución está restringida a unos pocos ríos y barrancos del sureste peninsular, siendo nuestro río uno de sus núcleos de población más importantes.

También son de destacar los altos, frondosos y floridos baladrales o adelfares. El baladre o adelfa (Nerium oleander) es una de las plantas más típicas en los lechos de las ramblas y ríos con marcado estiaje. Los adelfares son una formación vegetal protegida por la Directiva Hábitat, uno de los 12 hábitats de interés comunitario presentes en el curso alto del río.

Un río a proteger

A pesar de ser un espacio protegido dentro de la Red Natura 2000 (LIC Río Chícamo) y estar declarado Lugar de Interés Geológico, no es ni mucho menos un curso fluvial sin problemas ni amenazas. Quizás la más grave de todas fue la provocada en los años 70 y 80 del siglo XX por la sobreexplotación y salinización del acuífero de Quibas. La sobreexplotación provocó la compartimentación del acuífero en 1981 y por tanto la reducción de aportes de agua. En la actualidad el caudal del río se encuentra estabilizado, sin que se produzcan captaciones ni extracciones en la zona de cabecera.

Otra de sus amenazas proviene de la existencia de especies exóticas invasoras. Especialmente preocupante es la presencia de cañaverales (Arundo donax), muy abundante y con carácter de acaparador de suelo entre su nacimiento y el estrecho del Cagel. En algunos puntos, es tan abundante que su erradicación puede ser más que complicada.

Entre los peces invasores hay que nombrar la gambusia (Gambusia holbrooki), pececillo muy voraz introducido desde Norteamérica en 1921 para combatir las poblaciones de mosquitos responsables del paludismo. La gambusia entra en competencia directa con el fartet, pudiendo ocasionar daños importantes para su existencia en la zona.

Por último, muy próximo a la surgencia donde nace el río, existe una cantera de arcillas cuyas escorrentías provocan una disminución significativa de la calidad de las aguas, provocando una turbidez evidente.

Estas y otras amenazas hacían necesario dotar de una mayor protección al río Chícamo como forma de garantizar su conservación en el futuro. Por ello, Ecologistas en Acción lo identificó como merecedor de ser declarado reserva natural fluvial, una figura de protección que limita al máximo los usos que puedan alterar la calidad natural del río (nuevas captaciones, vertidos, infraestructuras, etc.). Junto con otros ríos de la cuenca del Segura, fue propuesto en un informe que fue asumido por completo por la Confederación Hidrológica del Segura, incorporándolo en los documentos del nuevo Plan Hidrológico de la cuenca. A la espera de una inminente ratificación de la propuesta de las confederaciones en Consejo de Ministros, el río Chícamo va a estar en la red de ríos mejor conservados y más característicos de nuestro país. Un honor que sin duda se merece.