Corrupción y medio ambiente

Más de un millar de políticos encausados por corrupción, aparte de que contamos con la asombrosa cifra de 17.621 cargos públicos aforados (no pueden ser juzgados por los tribunales ordinarios y disponen de un sofisticado blindaje que, en demasiadas ocasiones, les libra de las pesquisas judiciales). Únicamente 11 jueces por cada 100.000 habitantes (frente a los 21 de media en la UE). La situación es insostenible, aunque se llevan años reclamando más recursos estos nunca llegan y lo más grave es que se está haciendo de forma deliberada, encontrándonos con un problema de tal calibre que está devorando el crédito de partidos e instituciones y atacando los mismos cimientos de la democracia.

Volvemos a los tiempos en que el enemigo público era el “robagallinas” mientras que los maleantes de cuello blanco campaban a sus anchas. Esta infección silenciosa (que se arraiga de forma perenne en el ADN nacional) ha echado raíces en todos los partidos, ninguno está exento de la gangrena. La lista es interminable y sus “hazañas” muy diversas: financiación ilegal, tráfico de influencias, captación de fondos públicos, prevaricación, falsedad documental…

Y, como era evidente, una riqueza natural como nuestro Medio Ambiente no podía quedar a salvo de sus tentáculos. La destrucción ha sido devastadora, enterramientos masivos de toneladas de residuos sin tratar en Orihuela, corrupción en la gestión de los mismos en Mallorca (caso Cloaca), recalificaciones de terrenos rústicos a urbanos (caso Malaya), construcciones ilegales en zonas de alto valor ecológico (que con la nueva Ley Orgánica 7/2015 va a ser misión imposible demoler) y un largo, largo etcétera.

La verdad es que la situación da que pensar. Si quien ha de velar por nuestros intereses nos está robando y destrozando de paso nuestro hábitat… ¿qué nos queda? Pues muy fácil… siempre tendremos nuestra capacidad para señalar al culpable, para denunciar, movilizándonos y organizándonos, haciendo el delito visible, para que por lo menos les pongamos cara a los verdaderos delincuentes (que seguramente no llevarán rastas y serán muy patriotas).




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