Las granjas de porcino a examen en el Pirineo

Ecologistas en Acción se adhiere a la plataforma "Stop Cerdos Canal de Berdún" al considerar que el auténtico desarrollo sostenible del entorno pasa por el aprovechamiento de los recursos locales bajo un modelo respetuoso con el medio ambiente y la conservación del patrimonio cultural y artístico de la zona. El conjunto del Camino de Santiago es demasiado valioso para someterlo a la amenaza de granjas de porcino.

Hace unas semanas se conoció que varios promotores querían instalar un total de siete granjas de cerdos en el término municipal de Berdún y al mismo tiempo la justificada alarma generada entre los habitantes de la zona. Esta coincidencia de iniciativas no es fruto de la casualidad; más bien responde a una maniobra diseñada por alguna o algunas de las grandes empresas integradoras del sector porcino, que constituyen un oligopolio bien conocido al igual que sus formas de actuación.

Las empresas de integración porcina surgen en España a finales de los años cincuenta, como tentáculos de las compañías comercializadoras de cereales y piensos compuestos con el fin de asegurarse un mercado para sus productos, fomentando el modelo ganadero intensivo a partir de razas de origen foráneo con mayores rendimientos. La asfixia a la que se ha sometido a los productores independientes y las crisis inducidas en el sector han terminado por afianzar un auténtico oligopolio.

Las granjas de cría intensiva de porcino equivalen a una colonización del territorio y como tal suelen dejar nulos o ínfimos beneficios en la zona a costa de fuertes impactos. El volumen de excrementos de un cerdo equivale al generado por tres personas, por lo que si sumamos los cerdos de las granjas existentes en la zona más los de las proyectadas, se alcanzaría el equivalente humano de una ciudad de 110.000 habitantes, con la diferencia que las deyecciones de los cerdos no depuran, se dispersan por los campos. Este volumen de residuos es inaceptable por los peligros de contaminación de acuíferos por saturación de nitratos y otros componentes. El cálculo de la necesidad de suministro de agua, emisión de gases de efecto invernadero al igual que el volumen de purines generados es insostenible para el territorio.

Los edificios de las granjas suelen ser un proyecto modelo suministrado por la empresa integradora, ejecutados mediante elementos prefabricados de rápida edificación en los que la demanda de mano de obra local, en caso de necesitarla, es escasa y de muy corta duración. Los lechones para engorde son suministrados por la integradora al igual que los piensos y tratamientos de sanidad veterinaria. Una vez alcanzado el estado de madurez idóneo para el sacrificio, los ejemplares son recogidos y transportados por camiones de propiedad de la integradora al matadero o por empresas contratadas por estas. Es a partir de la recepción del animal vivo en el matadero, cuando el cerdo empieza a crear puestos de trabajo con el sacrificio, despiece envasado y transformación en productos elaborados.

Es en ese territorio donde se generan la mayor parte de las plusvalías que crean una trama económica y social por los fuertes beneficios obtenidos. En la lejana zona de crianza y engorde, sólo quedan los residuos con las consecuencias ya conocidas y como mucho un puesto de trabajo a media jornada, dado el proceso de automatización de las nuevas granjas.

Está más que demostrada la incompatibilidad de las granjas de cerdos con otras actividades y en concreto con las ligadas al turismo de cualquier naturaleza. Berdún y los otros términos municipales de la zona tienen un potencial turístico muy rico y diverso que está en claro auge y no ha logrado, ni de lejos, el desarrollo que permiten todos los recursos disponibles. Se está a tiempo para optar por un desarrollo perdurable y respetuoso del territorio y desechar actividades de fuertes impactos, en esto consiste el interés general.




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