El meloncillo

Una especie indicadora del cambio climático en nuestro país.

Santiago Martín Barajas, Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 88.

El meloncillo (Herpestes ichneumon), es un mamífero carnívoro pertenece a la familia de las mangostas, los herpéstidos, si bien su aspecto recuerda al de un mustélido de tamaño mediano. Tiene una cabeza afilada y un cuerpo alargado con patas cortas y cola larga. El color es pardusco con finas motas más claras y con los pies y el hocico negros.

Su peso ronda los tres kilogramos, un poco más en los machos y algo menos en la hembras. El tamaño es de 50-55 cm de cuerpo y cabeza y unos 45 cm de cola. Las huellas son semiplantígradas, marcan cinco dedos y uñas, el meñique más retrasado, y son de unos 5-6 cm de largo por 3-4 cm de ancho.

El meloncillo se comporta de forma social aunque variable según muchas circunstancias y menos estructurada que la de otros miembros africanos de su familia. Es habitual verlo en grupos familiares, sobre todo, cuando las crías están crecidas. Es la especie de mamífero carnívoro de hábitos más diurnos de nuestro país, teniendo lugar la gran mayoría de los avistamientos a plena luz del día.

Llegada del meloncillo a la Península Ibérica

Es una especie africana que se extendía por el cuadrante sudoccidental de la Península Ibérica. No hay restos fósiles en Europa, por lo que se cree que nuestra población tiene su origen en introducciones históricas. Muy posiblemente la introducción tuvo lugar en torno al siglo VII antes de Cristo, cuando los barcos empezaron a cruzar el Estrecho de Gibraltar de forma periódica. En esos años numerosas especies cruzaron en los barcos el Estrecho en ambas direcciones, posiblemente como mascotas adquiridas en mercadillos, y posteriormente se asilvestraron. Una parte de esas especies no lograron adaptarse al nuevo entorno y se extinguieron, mientras que otras sí lo consiguieron y ocuparon aquellas zonas donde se daban las condiciones ambientales adecuadas para su supervivencia.

De esta manera, cruzaron de África a Europa entre otros la gineta, el meloncillo, la tortuga mora y el camaleón, mientras que en dirección contraria posiblemente cruzó el zorro y el jabalí, y es posible que la nutria, aunque esta última bien pudo cruzar el Estrecho a nado.

Desde esas etapas históricas hasta prácticamente hace 20 años, el área de distribución del meloncillo se circunscribía al tercio meridional de la Península, ocupando parte de Andalucía, la mitad sur de la provincia de Badajoz y el sur de la provincia de Ciudad Real, siendo esta las áreas donde se daban las condiciones ambientales adecuadas para su presencia. Sin embargo, en los últimos años se ha extendido su población hacia el norte del país. Así, en 2006 se confirmó la primera reproducción de esta especie en el ámbito de la Comunidad de Madrid, donde actualmente se reproduce de manera estable, principalmente en el suroeste de la Región. Ya está presente también en las provincias de Valladolid y Salamanca, por el norte, y Albacete por el este, y también existe una cita confirmada de un ejemplar en Villablino (León), ya en plena Cornisa Cantábrica.

Motivos de la expansión de la especie

La pregunta que cabe hacernos es ¿por qué esta especie, que durante más de 2.500 años ha estado circunscrita al tercio meridional del país, desde hace 20 años se está extendiendo con cierta rapidez hacia el norte, y lleva camino de poblar la mayor parte de la Península Ibérica?

Si nos fijamos, el periodo de expansión está coincidiendo con los incrementos de las temperaturas que se están produciendo a causa del cambio climático. Según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), durante el periodo 1973-2005, tanto las temperaturas medias como las máximas y mínimas, han sufrido un incremento considerable.

Para el periodo 1980-2006, Aemet elaboró una serie de temperatura media anual de la España peninsular y Baleares, a partir de los datos de unas 40 estaciones. Esta serie muestra una tendencia creciente de 3,7 ºC/100 años. Los cinco años más cálidos de este periodo han sido –la temperatura media estimada está entre paréntesis–: 2006 (15,87 ºC), 1995 (15,81 ºC), 1997 (15,75 ºC), 2003 (15,73 ºC) y 1989 (15,65 ºC), los cinco coincidentes con el periodo de expansión de la especie.

Por ello, todo apunta a que la presencia de esta especie en el territorio está condicionada de manera determinante por las condiciones climáticas imperantes, habiéndose desplazado hacia el norte conforme el clima se está haciendo más caluroso y árido, pareciéndose cada vez más al imperante en el norte de África, de donde es originario.

Además, la rapidez y amplitud del desplazamiento, del orden de 400-500 kilómetros hacia el norte en tan sólo 20 años, constituye un indicio evidente de lo rápido que se está produciendo el cambio climático.

Efectos del cambio climático en otras especies

Hay otras especies de origen norteafricano que, a la vez que el meloncillo, también se están expandiendo hacia el norte, y que también constituyen una prueba patente e indiscutible del cambio climático que se está produciendo. Ese es el caso del camachuelo trompetero (Bucanetes githagineus), pajarillo típicamente norteafricano, propio de ambientes desérticos y subdesérticos. En la década de los ochenta empezó a nidificar por primera vez en la Península, en puntos concretos de Almería. En la década del 2000 ya estaba presente en la mayor parte de la provincia de Almería, así como en las de Granada, Murcia y Alicante. Actualmente existen ya datos de su reproducción en el valle del Ebro.

Por contra hay otras especies propias de nuestro país, que se están viendo muy gravemente afectadas por el cambio climático, en concreto aquellas propias del norte de Europa, que quedaron aisladas en Pirineos y la Cornisa Cantábrica, como son el urogallo, la perdiz pardilla y la perdiz nival, cuyas poblaciones se están viendo disminuidas en los últimos años y que toda apunta a su próxima extinción de nuestro país en las próximas décadas.

Las modificaciones en las áreas de distribución de ciertas especies animales, como es el caso del meloncillo, constituyen una prueba irrefutable más de las muchas que ya existen, del cambio climático que está teniendo lugar ya en nuestro país, así como de la velocidad a la que está produciendo. Estas evidencias deben contribuir a que tanto el gobierno como los poderes económicos adopten las medidas necesarias para frenarlo y paliar sus efectos, que tan graves efectos ambientales y sociales están generando y que se agravarán con el tiempo.




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