Espacios naturales de Tenerife amenazados por las cabras asilvestradas

La escena es impactante, un pequeño grupo de cabras asilvestradas ha arrasado un importante reducto de flora endémica en el camino de montaña Tafada al faro de Anaga. Un buen número de floraciones de tajinastes blancos o arreboles (Echium simplex) y góngaros de Anaga (Aeonium cuneatum), ambas especies exclusivas de Tenerife y con poblaciones restringidas, han sido devoradas por las cabras. Prácticamente no hay plantas con flores al borde del camino, privando al visitante de uno de los espectáculos naturales más hermosos de la isla. Las cabras también están empezando a crear problemas a los vecinos de Roque Bermejo, al penetrar en sus cultivos.

Este no es un episodio anecdótico, sino más bien un síntoma de que en los parques rurales de Anaga y Teno, dos de los más importantes espacios naturales de Tenerife, empezamos a tener serios problemas con el ganado salvaje. Y estamos hablando de dos de las principales reservas de biodiversidad de Canarias. En el caso de Anaga, las cabras deambulan sin control en plena Reserva Natural Integral de Ijuana y representan una seria amenaza para endemismos botánicos vulnerables o en peligro de extinción, tales como el cabezón de Taganana (Cheirolophus tagananensis), el tomillón de Juan Bay (Micromeria rivas-martinezii) o el bejeque de San Andrés (Aeonium volkerii).

¿De qué sirven figuras de protección tan estrictas como la de Reserva Natural Integral si dejamos que una especie catalogada como invasora por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) amenace los recursos naturales del lugar? Además, es absurdo e hiriente que estando prohibido y limitado el pastoreo en buena parte de los espacios naturales, se deje que las cabras asilvestradas prosperen.

El Cabildo de Tenerife, como responsable de la gestión del medio ambiente insular, debe actuar antes de que tengamos un problema de la magnitud del que padecen La Gomera o Gran Canaria, donde miles de cabezas de ganado andan sueltas por montes y barrancos. En estas islas se ha llegado a una situación donde el control del ungulado ya es muy complicado, además de comportar un importante coste económico.

En el manejo de las invasiones biológicas es fundamental una rápida intervención, superando las inercias propias de la administración en la lentitud de la toma de decisiones. A fecha de hoy, las cabras aún son controlables en Teno y en Anaga. Pero cada año que se pospongan medidas será peor, puesto que la población de cabras salvajes puede incrementarse a un ritmo del 50% anual.

Es evidente que existe un debate sobre los métodos de control. Quizás se podría plantear la apañada como primera opción y, una vez cumplidos los plazos, empezar con otros sistemas más efectivos, como la caza. Respecto a la utilidad de las apañadas tengo mis dudas después de haber participado en varias en los barrancos y acantilados de Teno. Desgraciadamente, en este aspecto, como en otros, hemos perdido la imprescindible sabiduría ancestral de nuestros antepasados que sabían dónde, cómo y cuándo atajar el ganado. En la actualidad las apañadas se convierten en un despliegue confuso de recursos humanos, poco operativo y no exento de riesgos. Además, las apañadas tradicionales se realizaban con un ganado que se dejaba suelto temporalmente, mucho más manejable que la cabra salvaje, la cual es casi imposible capturar viva. He sido testigo en varias ocasiones de cómo las cabras esquivaban embistiendo un cerco humano.

Este no es un problema exclusivo de Canarias, pues la cabra como especie invasora ha sido erradicada ya de más de 120 islas, con algunos ejemplos cercanos como es el caso de las islas Desertas en Madeira. Por otro lado, en la actualidad se están llevando a cabo ambiciosos proyectos de control y erradicación en las islas Galápagos y en Mallorca.

No se trata de proferir un anatema contra las cabras. El ungulado es un diseño biológico prodigioso que transforma, prácticamente sin necesidad de agua, pastos en proteínas. Como animal doméstico lleva con nosotros al menos 10.000 años y fue esencial para que los antiguos habitantes de Canarias pudieran sobrevivir en las islas, proporcionando no solo alimento (leche, sebo y carne), sino también pieles para confeccionar vestidos, huesos con los que diseñar útiles punzantes y tendones que se convertirían en hilos de coser.

Pero la cabra debe gestionarse como animal doméstico que es bajo la responsabilidad directa del ganadero y con la densidad que cada zona pueda tolerar. Las poblaciones invasoras deben eliminarse en beneficio de la flora, la fauna autóctona y de los seres humanos que compartimos con ella este territorio.

Juan Manuel Martínez Carmona. Biólogo. Ecologistas en Acción de Tenerife




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