Aumentan los incidentes con gaviotas patiamarillas en el casco urbano de Melilla

La población de gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) ha crecido exponencialmente en pocos años y ya cría en los tejados de casi todos los barrios de la ciudad. Hasta hace algunos años sólo criaba en los acantilados de Aguadú y Melilla la Vieja, desde donde empezó a extenderse por los tejados de las casas y comenzaron los problemas con ellas. También provocaron algunos sustos en el cementerio, pero sólo eran anécdotas comparadas con los problemas que ocasionan hoy en día.

La patiamarilla es una gaviota grande, la más grande de las que viven por aquí. En su hábitat natural depreda sobre los pollos e incluso adultos de las otras especies de gaviotas que viven en su entorno, así como cualquier ave o animal que se ponga a su alcance. Donde su población se dispara, disminuyen o desaparecen las demás especies. En Chafarinas, es la principal causa de muerte de pollos de la gaviota de pico rojo. Curiosamente, muchos melillenses confunden a la patiamarilla con la gaviota de pico rojo, por tener la primera una mancha roja en su pico; en realidad, la gaviota de pico rojo (Ichtyaetus audouinii) tiene el pico rojo por completo, es más pequeña y NUNCA cría en el casco urbano.

En Melilla, las patiamarillas matan muchos de los pollos de los cernícalos que crían en los acantilados, ya sean vulgares o primillas. Los pocos enemigos que mantenían el control sobre la población de esta gaviota hace tiempo que desaparecieron, y sus hábitos alimenticios son poco escrupulosos, con lo que hace tiempo que su principal fuente de alimentación es la basura. Ese es el motivo principal que ha hecho que la patiamarilla se haya extendido por toda la ciudad. Cualquier bocadillo abandonado en un recreo o los desechos de pescado de los mercados son aprovechados por esta especie, que además no duda en atacar y dar muerte a las palomas que se pongan a su alcance. Crías de perros o gatos callejeros también son víctimas en no pocas ocasiones de sus ataques.

Pero cuando se muestra más agresiva es en época de cría, y especialmente cuando los pollos ya están volantones, a finales de junio y hasta mediados de julio. Los primeros intentos de vuelo de estos pollos provocan que caigan de los tejados a patios de viviendas y colegios, y los progenitores mantendrán fuera del alcance de su pollo a todo el que intente acercarse. En la actualidad, no hay un servicio de atención definido para este tipo de incidencias, y la policía local no da abasto en estos días, y el año que viene será peor. Por lo pronto, las gaviotas ya han llegado a los cuarteles cercanos al aeropuerto, y han provocado problemas para aterrizar a algún avión, lo que da una idea de la seriedad del asunto.

Hace ya algunos años que Guelaya viene solicitando a las autoridades que intervengan en el control de esta especie para evitar que el problema persista y siga aumentando. Una empresa local especializada en control de fauna, El Quinto, ya presentó hace dos años un proyecto de control de la especie a la consejería de medio ambiente, que no fue atendido. El proyecto proponía controlar la población con un sistema que ya ha funcionado en otras ciudades y que siguen empleando con éxito en Chafarinas: el parafinado de los huevos. Es un sistema incruento que evita que haya intercambio de temperatura entre el huevo y los progenitores, por lo que no es fecundado y nunca llega a eclosionar.

En nuestra última reunión con el consejero de medio ambiente Manuel Ángel Quevedo y parte de su equipo, entre otros temas, volvimos a hablar del problema irresoluto con esta especie, y nos confirmaron que estaban al tanto de las incidencias que estaban provocando. Volvimos a proponer que se llevara a cabo el proyecto presentado en su día por El Quinto, y la propuesta tuvo buena recepción. Hasta ahora no tenemos noticias de si se han iniciado contactos, pero esperamos que este sea el comienzo de la solución para este problema. Debemos recordar, por último, que las gaviotas no son culpables de seguir su instinto, por lo que no deben ser tratadas con crueldad. Es nuestro deber empezar a reparar los errores que provocan que ésta y otras especies terminen convirtiéndose en una plaga.