Caza de fringílidos en Melilla, un despropósito amparado en la tradición

La caza de fringílidos, como el jilguero, el verderón o el verdecillo, se sigue practicando en las provincias del sur y el Levante español a pesar de estar prohibida en Europa, amparándose en una moratoria que dictaron las autoridades europeas por las exigencias del colectivo silvestrista. Este colectivo reclamaba que la prohibición atentaba contra una tradición, la de la captura de fringílidos, que según ellos está muy arraigada.

En julio, las crías de verderones, verdecillos y jilguero abandonan los nidos y comienzan una nueva etapa donde tendrán que aprender a desenvolverse en las cada vez más degradadas y peligrosas áreas verdes de Melilla. Lo primero que les recibirá en esta nueva etapa es el comienzo de la temporada de caza de fringílidos, y un montón de redes esparcidas por el escaso entorno rural de Melilla esperando a atraparlos.

El vivero forestal de Guelaya-Ecologistas en Acción se ha convertido desde hace tiempo en un refugio para estos pajarillos, donde tienen agua y comida y no son molestados. Pero, ay, los cazadores se han dado cuenta y se están instalando alrededor de todo el perímetro del vivero. Como Melilla es uno de esos sitios donde esta caza es una “tradición” y está inexplicablemente amparada por la ley no podemos hacer nada más que ver con rabia e impotencia cómo los mismos pajarillos que oímos cantar en libertad son cazados alrededor de la valla del vivero, una valla que marca la diferencia entre vivir en libertad y cantar para todos o enjaulados y cantar para unos pocos.

La caza de fringílidos está totalmente prohibida en Europa, pero se tuvo que dictar una moratoria para ciertas regiones de España donde el colectivo “silvestrista” puso el grito en el cielo por esta prohibición, ya que según ellos la prohibición atentaba contra una tradición con mucho arraigo en estas regiones. Ciertamente es una tradición ver esas largas colas de jaulas de jilgueros medio desplumados que se debaten en un pequeño e insalubre espacio y cantan más por pena que por otra cosa; pero es una tradición que cada vez horripila a más gente, afortunadamente. Europa avisó hace tiempo que sancionaría al estado español por no haber entendido los términos de la moratoria, que en estas regiones se ha interpretado como una vía libre para seguir cazando como toda la vida. Mientras llega la sanción, aquí se caza como si no hubiera pasado nada.