Otra agricultura es posible

Crecen los proyectos de agricultura comunitaria.

Daniel López García, Área de Agroecología, Soberanía Alimentaria y Mundo Rural de Ecologistas en Acción. Revista Ecologista nº 90.

La Agricultura Sostenida por la Comunidad en el Estado español cuenta con más de 75 proyectos. Un censo realizado por Ecologistas en Acción en el marco de un estudio europeo revela que el compromiso entre consumo y producción en estos colectivos se hace mucho más fuerte y genera sistemas agroalimentarios locales y sostenibles.

La Agricultura Sostenida por la Comunidad (ASC) es una forma de organización entre producción y consumo de alimentos ecológicos –CSA por sus siglas en inglés–. En el Estado español, este tipo de proyectos los llevan a cabo diversos grupos como Bajo el Asfalto (BAH!) está la Huerta (cooperativa unitaria de Madrid); las cooperativas agroecológicas Hortigas, en Granada, y Surco a Surco, en Toledo, o las iniciativas de agricultura de responsabilidad compartida como ARCo-COAG, de ámbito estatal, y Nekasarea, en Bizkaia.

Desde el Área de Agroecología y Soberanía Alimentaria de Ecologistas en Acción hemos tenido el placer de realizar la parte española de un censo de iniciativas de ASC en 22 países europeos, impulsado por la Red Internacional Urgenci [1].

Se han identificado 75 proyectos que alimentarían a entre unas 7.000 y 7.500 personas. Sin embargo, dependiendo de la definición de Agricultura Sostenida por la Comunidad que se aplique, podrían ser muchos más.

Compartir riesgos

Podríamos definir Agricultura Sostenida por la Comunidad como un acuerdo de largo plazo, al menos un año, entre producción y consumo. Ese acuerdo incluye cestas de temporada como el sistema básico de distribución de los alimentos, manejo agroecológico, certificado o no y la existencia de sistemas o herramientas para compartir riesgos entre producción y consumo.

Ese sistema para compartir los riesgos de una y otra parte incluye el pago de cuotas fijas independientes de la producción, o prepago de las cuotas al inicio de la temporada y un compromiso del consumo en la distribución, la administración y la toma de decisiones acerca de la producción y la economía del proyecto, por parte de las personas productoras.

Su objetivo es generar prototipos de economía alternativa y sistemas alimentarios como modelos de organización económica para la sostenibilidad social y ecológica.

Origen de los ASC en el Estado español

En el año 2000 se creó Bajo el Asfalto está la Huerta!, el primer proyecto de ASC, situado en el área metropolitana de Madrid, tras la ocupación de una finca agraria abandonada de propiedad pública. El modelo del BAH! se extendió por el centro del Estado español y por otras lugares y en 2005 se realizó en Madrid un encuentro con catorce iniciativas que tenían modelos similares a la Agricultura Sostenida por la Comunidad.

En la actualidad en la Comunidad de Madrid y en provincias cercanas, existen hasta doce iniciativas de tipo ASC, que por sus orígenes son parecidas a Bajo el Asfalto está la Huerta! aunque no están coordinadas en estructuras formales. El principal salto en este tipo de iniciativas ASC se produjo en Euskal Herria, donde la organización profesional agraria EHNE-Bizkaia lanzó en 2006 la red Nekasarea, dentro de un proyecto estatal lanzado por la Coordinadora de Agricultores y Ganaderos con el nombre de Agricultura de Responsabilidad Compartida. La red Nekasarea reúne actualmente a 45 grupos de consumo que articulan a unos noventa agricultores, bajo un sistema similar a la ASC. Además, en Guipúzcoa surgió en 2012 otra red, Basherri Sarea, dentro de la que también existen algunas experiencias con formato de Agricultura Sostenida por la Comunidad.

Poco a poco, en los últimos años han ido apareciendo proyectos dispersos que reproducen esta lógica, incluso algunos están inspirados en los AMAP franceses (grupos de consumo agroecológico franceses que llevan funcionando más de diez años). Esos grupos surgidos últimamente en el Estado español son, por ejemplo, La Montañita, en Burgos, nacido en 2012 o Paca, de Baix Llobregat, Barcelona, surgido en 2013.

El 93% de los ASC contactados en el censo realizado por Ecologistas en Acción censo fueron creados después de 2005 y un 62% después de 2010. Así que este tipo de experiencias se puede considerar como un movimiento joven y aún inestable, pero con una tendencia creciente.

Principales características

La mayor parte de ellos se inician con la producción de hortalizas y sitúan sus campos en zonas cercanas a grandes ciudades. Por su parte, los grupos de consumo también se sitúan en zonas metropolitanas. La superficie media para el cultivo de hortalizas es de 1,1 hectáreas y 150 m2 por cada persona consumidora [2].

Los tipos de alimentos que se distribuyen con mayor frecuencia son hortalizas, pan y frutas; normalmente a través de puntos colectivos de acopio para el consumo y en varios casos es posible recoger las cestas directamente en las fincas. La práctica totalidad de las tierras produce bajo manejo ecológico, si bien solo un tercio está certificado oficialmente.

La principal forma en la que se implica el consumo en los proyectos de ASC es mediante la compra de las cestas. Por otra parte, la participación en la toma de decisiones acerca de la gestión general del proyecto y la financiación del proyecto es a través de préstamos privados.

En algunos casos el consumo se implica en los trabajos agrarios, en la administración o en el empaquetado y distribución final de las cestas (17%). Tan sólo un tercio de las personas productoras perciben el 100% de sus ingresos del ASC, aunque suelen obtener cerca de un 80% de media.

Modelos de ASC

Existen numerosos modelos diferentes de Agricultura Sostenida por la Comunidad que pueden ser agrupados en tres. Por un lado, los ASC promovidos desde la producción (ASC-P) que son personas productoras independientes o grupos de productores y productoras que agrupan al consumo en puntos de distribución colectiva. Suelen poner en práctica herramientas para compartir riesgos. Es el caso de la Paca (Barcelona) o de la Asociación Subbética ecológica (Córdoba), que es una de las experiencias más pujantes en la actualidad.

Por otro lado los ASC promovidos por redes de productores y productoras (ASC-RP) que a diferencia del anterior las herramientas que usa para compartir riesgos no se construyen tan solo desde la producción hacia el consumo, sino también entre productores y productoras. Éstos intercambian alimentos para completar las cestas en el caso de que alguna finca productora tenga problemas, y ofrecen mayor variedad de alimentos desde la red. Es el caso de las redes vascas Nekasarea y BasHerri.

Y por último, los ASC basados en cooperativas unitarias (ASC-U) que son un modelo que consiste en grupos de personas que gestionan colectivamente una tierra y los medios de producción necesarios para cultivarla. En ellas, una persona o grupo de productoras crían alimentos (normalmente hortalizas frescas) para un grupo de Agricultura Sostenida por la Comunidad y suelen estar contratadas por ese mismo grupo.

El ASC también incluye distintos grupos de consumo correspondientes con los puntos de reparto. Cada unidad de consumo aporta una cuota regular independientemente de los alimentos que reciban, y normalmente toda la producción se reparte proporcionalmente entre el número de unidades.

El consumo muestra un fuerte compromiso que incluye la participación en la toma de decisiones generales, tareas de administración, apoyo a la distribución, y realización de labores agrícolas (que en algunos proyectos es obligatorio). Este es quizá el modelo inicial, y el más cercano a los postulados iniciales del movimiento de ASC. Son ejemplos importantes el BAH!, Hortigas, La Acequia en Córdoba o La Reverde en Jerez de la Frontera.

Una alternativa para las pequeñas producciones agroecológicas

Este modelo permite, además, generar empleos agrarios dignos a partir de una superficie productiva muy reducida. A la vez, permite acercar a la población urbana a la realidad rural y agraria, dentro de proyectos económicos que trascienden las lógicas del mercado.

Se convierten así en experimentos sociales en los que vivir nuevas formas de economía, a la vez que se hace viable la distribución de alimentos cercanos, justos y sostenibles. La Agricultura Sostenida por la Comunidad construye formas económicas en las que las categorías de producción y consumo se superan. Las personas integrantes de los proyectos conforman una comunidad que organiza, desde la perspectiva del interés común y el apoyo mutuo, sistemas agroalimentarios locales y sostenibles.

En 2005, el modelo de los ASC representaba un volumen de proyectos importante en el escenario estatal, en un momento de escaso desarrollo de otros modelos de Circuitos Cortos de Comercialización, especialmente los grupos de consumo, que estaban surgiendo.

Desde entonces las experiencias de agricultura han supuesto un importante referente en cuanto a las fórmulas organizativas y su componente social de las redes alimentarias alternativas. Sin embargo no han tenido el mismo ritmo de crecimiento que se ha dado entre los grupos de consumo y otros tipos de canales cortos de comercialización con un compromiso mucho menor entre producción y consumo. No obstante, en territorios como el francés el modelo AMAP ha pasado de 0 a 2.500 proyectos de ASC en los últimos 15 años [3]. Esto supone importantes retos acerca de por qué el movimiento local de Agricultura Sostenida por la Comunidad no ha sido capaz de generalizar los modelos de producción y consumo que propone.

Especialmente en un momento de creciente movilización social y emergencia de numerosos proyectos de economías alternativas. Comparando las experiencias de ASC con otras de economía solidaria con gran crecimiento en la actualidad (mercados sociales, campañas de micromecenazgo o sistemas de finanzas alternativas), quizá el compromiso económico y de participación exigido al consumo no corresponde aún con la sencillez, efectividad y comunidad requeridas por la gente que no se dedica al campo.

En todo caso, actualmente los proyectos de ASC existen y se multiplican en el Estado español, y en muchos casos han alcanzado una madurez que les da una importante estabilidad. Es posible que este pequeño censo pueda resultar una herramienta útil para, a través del debate compartido, reforzar este movimiento de gran importancia para la agroecología y la soberanía alimentaria.