Uso del automóvil y contaminación en Valladolid

Ecologistas en Acción pide, ya que el Ayuntamiento de Valladolid sigue sin adoptar ninguna medida para proteger la salud pública y la vegetación de los elevados niveles de ozono que soporta la ciudad, que no se use el automóvil por la alta contaminación.

La ola de calor y el elevado tráfico motorizado que soportará Valladolid a lo largo de esta semana, coincidiendo con el inicio de las vacaciones de verano, previsiblemente van a provocar el incremento de los niveles de contaminación por ozono por encima de lo admisible para la protección de la salud pública y la vegetación. Ya durante el pasado fin de semana, la contaminación por ozono se mantuvo elevada en Valladolid, y la previsión meteorológica de elevadas temperaturas y tiempo estable para los próximos días amenaza con elevar la contaminación por encima del umbral de información a la población e incluso del de alerta, establecidos por la legislación española respectivamente en 180 y 240 ug/m3 (microgramos por metro cúbico) en una hora.

Esta es una situación reiterada, que en este año ya ha obligado al Ayuntamiento de la capital a avisar a la población en 2 ocasiones (17 de mayo y 11 de junio) del riesgo que estos niveles de contaminación conllevan para la salud de los grupos de población más sensibles, niños, ancianos y enfermos respiratorios crónicos. Pero advertir a las personas más sensibles a la contaminación atmosférica de que eviten cualquier esfuerzo físico y los ejercicios al aire libre no basta para proteger su derecho a la salud y el del conjunto de la población. Además, esta advertencia legal debió producirse también el día 9 de junio, cuando la concentración máxima de ozono alcanzo 193 mg/m3 en la estación del Paseo del Cauce (Rondilla-Barrio España), por encima del límite legalmente establecido para difundir este tipo de avisos. Esta estación es la que está registrando niveles más elevados durante el presente año.

Por ello, Ecologistas en Acción entiende que durante esta semana el Ayuntamiento de Valladolid debe tomar medidas urgentes para limitar la circulación de automóviles en la ciudad en las horas centrales del día, aumentando las frecuencias del transporte público, con la finalidad de disminuir el tráfico rodado que emite los contaminantes atmosféricos precursores del ozono. Otras medidas de protección de la salud pasan por el establecimiento de un horario nocturno para el repostaje de los automóviles, la paralización parcial del funcionamiento de fábricas como Renault y Michelín o el cierre en las horas centrales del día de piscinas y otras instalaciones deportivas al aire libre. Como medida de protección de la vegetación habría que evitar el riego de los parques y jardines durante las horas de más calor.

Pero dado que hasta la fecha las autoridades municipales y autonómicas siguen sin dar muestras de gran preocupación por el problema, los ecologistas apelamos directamente al conjunto de los ciudadanos de Valladolid para que sean conscientes de los daños que esta situación está creando en las personas más desprotegidas, y actúen en consecuencia prescindiendo en todo lo posible del uso del automóvil privado mientras se mantengan las elevadas temperaturas. La utilización del autobús, la bicicleta o simplemente el recurso a caminar son formas de moverse mucho más sanas y respetuosas con los demás y con el medio ambiente.

Incrementos rápidos de ozono como los que se producirán en las horas centrales del día, entre las 3 y las 8 de la tarde, se traducen según la Organización Mundial de la Salud en un aumento del 10% en las admisiones en urgencias por afecciones respiratorias, en particular entre deportistas y enfermos respiratorios crónicos. Este organismo estima como media en 2.000 los fallecimientos prematuros anuales en la Unión Europea producidos como consecuencia de la exposición a estos niveles de ozono, cifra que se incrementó espectacularmente durante la ola de calor del pasado verano, también en nuestro país. Finalmente, la exposición prolongada a estos niveles de ozono es responsable de un aumento de la mortalidad de entre el 2% y el 12% en la Unión Europea (estudio APHEA).




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