Rechazadas todas la propuestas sobre certificación cinegética

La Consejería de Medio Ambiente, en estrecha sintonía con los colectivos cinegéticos desde hace varios años, ha hecho público un borrador a la carta, de decreto por el que se establecen los criterios, al procedimiento de certificación y el uso distintivo de calidad cinegética certificada en Andalucía.

De las propuestas de mejora presentadas por Ecologistas en Acción en el proceso de debate -una sesión única- desarrollado en el seno del Comité de Caza del Consejo Andaluz de Biodiversidad, sólo ha sido aceptada una propuesta, calificable de segundo orden o anecdótica. El resto de las propuestas, imprescindibles alguna de ellas para no devaluar el concepto de calidad cinegética, fueron sencillamente ignoradas. No hubo lugar al debate ante la negativa de los representantes de ATECA y APROCA-Andalucía. Una a una, las propuestas de Ecologistas en Acción fueron descartadas sin apenas opción de debatirlas, ante la insistencia y el escaso talante democrático de los colectivos más reaccionarios del mundo de la caza en Andalucía.

El comportamiento de algunos de los técnicos de la Consejería de Medio Ambiente, presentes y responsables de dinamizar la reunión, rayó el partidismo más rechazable y deleznable que se puede atribuir a un funcionario público con una elevada responsabilidad como gestor de bienes públicos, como es el caso que nos ocupa, que tiene, básicamente, la responsabilidad de tutelar y representar los intereses generales.

En lo que respecta a las propuestas defendidas en el mencionado órgano de participación social, tal vez una de las más significativas, es la excluir los cotos cercados, independientemente de su superficie, de la posibilidad de obtención de certificado de calidad cinegética. Consideramos que bajo ningún concepto se puede conceder un certificado de calidad cinegética, a los cotos con cercados de gestión, puesto que la calidad cinegética como concepto es en su misma esencia incompatible con la función del cercado de gestión, ya que este tipo de cercado, eliminar la única posibilidad de defensa que tienen las especies de caza mayor, frente al cazador, que es la HUIDA. Consecuentemente, la acción venatoria en cotos con este tipo de cercados se ve desprovista del más mínimo criterio ético o deportivo, ya que la malla asegura, una desproporcionada superioridad y ventaja del cazador sobre la presa, algo que se aleja, de aquello que podemos considerar calidad en la acción de cazar.

También consideramos inadmisible que una normativa que regulará el grado de calidad y sostenibilidad de la actividad cinegética en Andalucía, no contemple, dentro de los requisitos previos para la obtención del mencionado certificado de calidad, un plan de minimización e integración paisajística de las infraestructuras asociadas a la gestión cinegética. Donde se establezcan medidas de integración paisajísticas de los caminos, cortaderos, casetas, puestos, pantanetas de agua, así como el cierre y las actuaciones que se deriven del restablecimiento a su estado original, de las pistas forestales, caminos y cortaderos, particularmente impactantes desde un punto de vista negativo, o sencillamente innecesarios. La suma de la superficie de las infraestructuras asociadas a la actividad cinegética en un coto de caza, se debe de limitar a un máximo de un 10% sobre el total de la extensión del aprovechamiento cinegético. Sin embargo, la propuesta de borrador de decreto de la Consejería de Medio Ambiente ignora esta cuestión de extraordinaria importancia para la conservación de los paisajes y hábitats del medio natural andaluz.

El futuro decreto de certificación cinegética de Andalucía, supone un nuevo reflejo pero seguro que no el último, de la complicidad entre la Consejería de Medio Ambiente y los colectivos cinegéticos, especialmente con las entidades privadas representativas de los grandes propietarios y latifundistas y productores de caza de Andalucía -ATECA y APROCA-.

El peaje que el conjunto de la sociedad andaluza estamos entregando a los cazadores, a cambio de conservar a duras penas a las últimas poblaciones de especies de fauna silvestre casi extinguida, en gran medida por éstos, empieza a ser una carga asfixiante, no sólo para el extraordinario patrimonio natural de Andalucía, sino para el nuestro modelo de convivencia, soportado por un Estado social y democrático, donde los intereses particulares están supeditados y condicionados por los intereses generales.