Posible manipulación política en la tramitación del Aeropuerto de Antequera

Tras las últimas manifestaciones efectuadas sobre todo por el Alcalde de Antequera, en las que daba prácticamente por hecho la construcción del aeropuerto, las sospechas iniciales sobre la posible manipulación de carácter político en dicho procedimiento están tomando cada vez más fuerza, sobre un proyecto que en circunstancias normales no hubiera pasado de un simple borrador, por lo innecesario, insostenible ambiental y económicamente, y por su inviabilidad técnica; al ser solo una cortina de humo de un enorme “pelotazo urbanístico”.

Entre las muchas cuestiones que llevan a que se piense en las mencionadas irregularidades, se encontrarían: el reciente rechazo de un proyecto similar en terrenos anexos; la dudosa viabilidad técnica y de seguridad aérea del mismo o la escasa demanda social y prioridad con respecto a otros más históricos cercanos.A saber:

En parcelas contiguas al proyecto de Construcciones Vera, también en el terreno protegido de la Vega de Antequera, en julio de 2005 un proyecto privado similar especulativo de aeródromo y urbanizaciones llamado “Air Park Las Vegas”, es rechazado por Aviación Civil por algunas cuestiones de seguridad aérea (como el conflicto con la torre de control del aeropuerto de Málaga al estar dentro de su área de influencia, y la falta de cobertura de radio). Recordar que se trataba de un aeródromo, con muchísimas menos operaciones de vuelo, y de menor calibre que el planeado por Vera y aunque ahora nos encontráramos con dos aeropuertos, Antequera y Málaga, con sus respectivas torres de control, por cuestiones del procesamiento de los vuelos y la prioridad del Aeropuerto de Málaga por su importancia, el vuelo que deba aterrizar o despegar en Antequera siempre sería subsidiario de los numerosos vuelos de Málaga, lo que haría que en determinadas horas la tarea fuera más que complicada, debiendo mientras tanto esperar el momento oportuno, que en caso de aterrizaje, significaría esperar, más veces de lo habitual y recomendado, dando vueltas sobre la zona asignada hasta tomar tierra. Esto supone un enorme riesgo, sobre todo al tratarse de aviones de compañías de bajo coste, la mayoría con el combustible justo (menor peso, menor gasto y también más pasajeros y beneficio) -práctica común entre otras no menos sorprendentes, en algunas compañias conocidas de este tipo -. Sería un auténtico caos, tanto de coordinación de sendos aeropuertos, como en lo referente a seguridad aérea, de los pasajeros y de los habitantes de Antequera. Por lo que si el aeródromo no consiguió los permisos necesarios de Aviación Civil, y las causas que llevaron a su rechazo siguen existiendo, cómo podría conseguirlos este proyecto tan similar, con complicaciones añadidas y con intenciones especulativas aun más descaradas.

Los técnicos consultados aprecian claras inconsistencias en este proyecto, además de las expuestas. Entre otras cuestiones las maniobras de aterrizaje y despegue no son las más recomendadas en seguridad aérea para poder garantizar la seguridad de pasajeros y poblaciones cercanas. Entre esas comprometidas maniobras, estaría la de tener que realizar en ocasiones, virajes de 180º sobre las cercanías de Antequera para enfilar con seguridad la cabecera de pista sur.

Además, resultaría irrisorio que en aproximadamente unos 20 km. de distancia aérea llegaran a convivir por capricho dos aeropuertos internacionales, y mucho más cuando uno de ellos, el de Málaga, se encuentra en pleno proceso de ampliación con una enorme inversión de 730 millones de euros (pagados con el erario público) para gestionar más de 20 millones de pasajeros anuales, cifra que no llegaría a cubrirse hasta el 2022, algo imposible por algunos importantes motivos: por un lado, el actual mantiene una aceptable operatividad aun cuando maneje cifras (unos 12 mill. de pasajeros) que según algunos lo colapsarían, por lo que el pronóstico de 20 mill. seguro se superaría muy sobradamente y con ello los años; por otro, el crecimiento producido en 2004, de unos 500.000 pasajeros, no es siempre una constante; y también que, la llegada del AVE a Málaga para el 2007, absorbería indirectamente algunos vuelos internacionales, y sobre todo gran parte de los desplazamientos desde el interior de la península (en Málaga en el 2004 rondaron los 35.600 movimientos y cerca de 2.800.000 pasajeros, según Fomento). Esto deja claro, que de llegar a realizarse el aeropuerto de Antequera para complementar “supuestamente” al de Málaga, se estaría malgastando muchísimo dinero público en obras innecesarias, por lo que resulta contradictorio, sumamente irresponsable y más que denunciable el apoyo de algunas administraciones y de la Ministra Magdalena Álvarez al proyecto de Vera.

Pero aun es más incomprensible si cabe, si en la cercanía del pretendido aeropuerto, existen ya tres aeropuertos, en capitales de provincia, infrautilizados y aun no rentables (en Andalucía sólo es rentable el de Málaga), pero que están experimentando un notable crecimiento, llegando a un 90% en el caso de Córdoba, 18% Sevilla o un 12% Granada en el 2004, Málaga creció solo un 4%. Por poner un ejemplo, el de Sevilla, después de 14 años desde su construcción, aun sigue sin ser rentable y muy infrautilizado. Después del tiempo transcurrido acaba de llegar a los 2.600.000 pasajeros en el 2004 y más de 5.000 toneladas de mercancías gestionadas. Resulta curioso que el de Antequera según los promotores quiera alcanzar en su primer año los 500.000 pasajeros, casi igual que Granada en toda su historia -570.000 pasajeros-; y llegar a los 15.000 movimientos y 2.000.000 de pasajeros anuales, o sea llegar en 10 años (cifra que cambia constantemente, antes era para el 2010) a la mitad de movimientos anuales de Sevilla, o a un volumen similar que Sevilla -con 2.600.000 pasajeros-, ha tardado todo este tiempo en lograr aun siendo la capital Andaluza y tener un área de influencia de más de 1.300.000 habitantes.

Evidentemente toda esta información es casi seguro conocida por los promotores, algo que les puede ser totalmente indiferente, pues suponiendo que llegasen a construir el aeropuerto, para cuando sean de dominio público los resultados económicos del mismo, ya habrán conseguido su verdadera intención: la recalificación de unos 9.000.000. m2 (el aeropuerto solo supone un 16% de 10.500.000 m2 aprox. del total, aprox. más de 1000 campos de fútbol), de suelos industriales y residenciales, y la venta de gran parte de los mismos. Sin contar las gigantescas operaciones especulativas ligadas a las no menos enormes parcelas industriales, sólo la venta residencial podría rondar los 1000 millones de euros (cerca de 1,7 “billones” de las antiguas pesetas).

Todos estos datos no son mostrados a la opinión pública normalmente, lo cual demuestra la utilización que de la opinión ciudadana aun se suele hacer, que se suma a las estrategias de marketing engañosas que colman algunos medios de comunicación, financiación de equipos, y de prendas deportivas municipales, o manejando a su antojo a políticos. Aunque esto sea una de las muchas anormalidades a las que lamentablemente estamos acostumbrados en la actualidad, resulta inaceptable e indignante que un organismo como Fomento se preste a ello, pues no estamos hablando de instituciones locales o autonómicas, de docilidad fácil o moderada respectivamente, sino de un órgano estatal de mayor envergadura, en teoría más poderoso y fiable.

Sirva de ejemplo a esto último, proyectos como: Autopista de las Pedrizas, considerado inconcebible por el actual gobierno cuando ejercía de oposición, y hoy su principal abanderado; cierre en su momento del aeropuerto histórico de Sabadell tras accidente aéreo con construcciones nuevas ilegales por la descontrolada expansión urbanística en zona de servidumbre aéreo; proyecto de Aeropuerto de Castellón, que no hace honor a su nombre, pues está seguro por casualidad al lado de Marina D’or y lejos de la capital castellonense, solo rentable si lleva asociadas grandes promociones inmobiliarias alrededor, como así reconoce Pedro Gimeno uno de sus socios (SAVIA, 17/11/04); entre otros. Todo esto crea más que serias sospechas sobre quién en realidad da las órdenes y condiciona la política en Fomento: el propio Ministerio o los tremendos grupos de presión inmobiliarios.

Entre los trámites administrativos y técnicos del proyecto del aeropuerto de Antequera, está la intención de ser declarado proyecto de “Interés General”, procedimiento de enorme interpretación arbitraria para la trascendencia que conlleva, que actualmente se encuentra en las mesas de Fomento pendiente de resolución, o mejor dicho, de una “orden de arriba” como así suelen ser llamadas. Se trata de un trámite imprescindible para que cualquier aeropuerto pueda recibir vuelos internacionales -supuesto fin del presente-; y junto con los procedimientos de viabilidad técnica y Declaración de Impacto Ambiental (D.I.A.), de Aviación Civil y el Ministerio de Medio Ambiente respectivamente, conforman los trámites más cercanos y obligatorios para que pudiera empezar a tomar forma este desmedido proyecto.

Pues bien, estos dos primeros trámites, la Declaración de Interés General y la viabilidad técnica del mismo, (la D.I.A. relativamente algo más lejana) son los que en principio pudieran no estar siendo tratados con la suficiente imparcialidad con la que se debiera tratar un asunto de semejante envergadura, y empiezan a cernirse serias sospechas sobre Aviación Civil y Fomento, organismo de quien depende aquella y encargado también de dictar en este tipo de proyectos a través de AENA, el supuesto “Interés General”, denominación últimamente algo manoseada y degenerada, y que en este caso, se basa en el Real Decreto 2.858/1981 para su declaración, un decreto antiguo y escueto de hace veinticinco años (en la actualidad los motivos distan mucho de los que llevaban a construir aeropuertos en aquellas épocas, estando hoy día más relacionados con intereses inmobiliarios) que prácticamente solo tiene en cuenta aspectos aeronáuticos, olvidando asuntos de gran Interés General como el agua, la calidad de vida, el paisaje, la agricultura, etc., que pueden ser afectados seriamente por la implantación de algunos aeropuertos, pero más sobre todo por lo que suele acompañarles.




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