Al fin se cierra Zorita

El cierre de la central nuclear de Zorita (Guadalajara) es un acontecimiento muy importante para el ecologismo español y para el panorama energético. Este cierre se produce el 30 de abril de 2006, en un momento en que el debate nuclear se ha reactivado, no sólo en España, sino en toda la Unión Europea. El debate se reabre porque los impulsores de la industria nuclear la proponen como alternativa al cambio climático, y se trata de una reapertura interesada porque la energía nuclear no puede figurar en la cesta energética de la humanidad en el futuro. Para ello tendría que solucionar los graves desafíos de la gestión de los residuos radiactivos, la seguridad, las altas inversiones necesarias y la escasez del combustible.

Zorita es la primera central española que cierra por la presión social, sin necesidad de que medie un accidente, tal como ocurrió en Vandellós I (Tarragona) en 1989. En 2002, cuando se evaluaron los resultados del Plan de Mejoras y se estudió la continuidad de esta central, se decidió por unanimidad en la Comisión de Industria del Congreso de los Diputados fijar la fecha de cierre antes citada, que significará que Zorita ha estado funcionando durante unos 37 años, aunque no de forma ininterrumpida porque esta central ha sufrido serios problemas que la mantuvieron cerrada durante largos periodos de tiempo. El más largo fue el dedicado al cambio de la tapa, que supuso casi un año de parada en 2004.


 La central y sus problemas

La central nuclear José Cabrera se encuentra en el término municipal de Almonacid de Zorita, junto a la localidad de Zorita de los Canes (Guadalajara) y es propiedad de Unión Eléctrica-Fenosa. Se trata de la más pequeña de las 9 centrales españolas, pues tiene una potencia eléctrica bruta de 160 MW y una potencia térmica de 510 MW.

Es una de las centrales de la primera generación, que se caracterizan por estar diseñadas a principios de la década de los 60, antes de que se produjeran algunos accidentes graves y tristemente célebres, como el de Harrisburg (1979) o el de Chernobil (1986). En ellos se aprendió mucho sobre posibles incidencias y algunas de estas enseñanzas fueron incorporadas al diseño de las nuevas centrales. En general son centrales de baja potencia, menos de 500 MW, y no existía un cuerpo normativo global y único para su licenciamiento, cuando fueron diseñadas. Por el contrario, existían normas dispersas que no contemplaban todos los aspectos de la seguridad y se han demostrado insuficientes, por lo que todas las centrales nucleares del mundo de esta generación han sufrido serias modificaciones para intentar mejorar su seguridad.

Se trata de un reactor de agua presurizada (PWR) de diseño Westinghouse. Estos reactores constan de un circuito primario que evacua el calor producido en la reacción nuclear. Uno de los problemas graves del diseño de la central es que este circuito primario consta de un solo lazo, cuando las centrales más modernas tienen tres lazos. Por si esto fuera poco, su único generador de vapor está aquejado de problemas de corrosión, al igual que lo estuvo la tapa de la vasija del reactor en 1994.

El sistema de refrigeración de emergencia que se instaló para paliar este grave problema, no es suficiente para garantizar que se baja la temperatura en algunos supuestos de incendio. Por lo que las condiciones de seguridad de la central están por debajo de las estándares.

En 1994 se descubrieron más de 200 fisuras en las penetraciones de la tapa de la vasija, algunas de ellas eran pasantes, lo que suponía el escape de vapor radiactivo al recinto de contención. Se descubrió que esto se debía a un fenómeno de “corrosión intergranular bajo tensión” originado por la forma en que realizaron las soldaduras junto con algún episodio químico que afectó ala tapa y, por cierto, al resto del circuito primario. Finalmente se decidió cambiar la tapa lo que supuso perforar la contención y, además, mantuvo la central parada durante un año.

La cúpula o contención de la central es sólo de acero, en lugar de ser de acero y hormigón armado, lo que la hace muy vulnerable en caso de incendio. Los incendios podrían hacer que la radiactividad escapara al exterior. La perforación para el cambio de la tapa sólo agravó un poco más la debilidad de la contención.

La preparación técnica del personal de las centrales es fundamental. Su formación se realiza en simuladores que deben ser idénticos a las centrales donde han de operar. El personal de Zorita se entrena en un simulador francés, facilitado por Tecnatom, que es muy diferente a la propia central y, aunque se hacen esfuerzos para adaptarlo, sólo se pude conseguir una similitud muy escasa. La formación de los operadores de la central de Zorita es, por tanto, deficiente.


 Así cerramos Zorita

El cierre de Zorita se ha forzado por una opinión pública muy contraria al funcionamiento de la central. Desde 1993 Aedenat (ahora Ecologistas en Acción) ha venido realizando una intensa campaña en el entorno de la central y en Guadalajara. Fue a fines de 1993 cuando se descubre un poro en una de las penetraciones, que luego dio lugar a luego al hallazgo de más de 200 fisuras en la tapa de la vasija. Por cierto que fuimos los ecologistas una vez más quienes difundimos la información de lo que estaba aconteciendo. Fue éste el principio de una larga campaña informativa y de movilizaciones que ha concitado las alianzas de los agentes políticos y sociales en varias plataformas antinucleares y por el cierre de Zorita. La última de ellas dio en llamarse Campaña “Zorita ni un año más [1], que fue la que finalmente consiguió que se fijara una fecha de cierre.

La clave de todas esta campaña, que incluía acciones de calle, manifestaciones, marchas a pie contra la central, ruedas de prensa, charlas informativas, cursillos, mesas redondas, pasacalles de teatro, etc., fue el diálogo con la sociedad alcarreña. Se consiguió trabajar en plataformas muy abiertas y amplias que se agrupaban en torno a unos objetivos mínimos: el cierre de Zorita y el trabajo por un desarrollo alternativo para la zona.

Mención especial merecen las marchas realizadas contra la central con el apoyo de los vecinos de los pueblos de la zona. Poco a poco se fue fraguando la idea de que Zorita es un peligro y que lo más sensato es proceder a su cierre. Esta idea se vio reforzada por el la constatación del hecho de que la central no ha conseguido traer el desarrollo a la zona, sino al contrario, ha limitado sus posibilidades, a pesar de la gran cantidad de dinero que los pueblos han recibido de ENRESA y de los impuestos de la central. La necesidad de un desarrollo alternativo es perentoria.

Podemos tomar nota para campañas futuras. La clave es tener un mensaje lo más amplio y conciso posible, fácilmente entendible y asumible por la gente. Y combinar acciones de difusión de información junto con movilizaciones. Es muy importante conseguir que el grueso de la sociedad se comprometa con los empeños ecologistas.


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