Animales amenazados por el cambio climático

La modificación del clima será un importante motor de la pérdida de biodiversidad en las próximas décadas.

José Ignacio López-Colón y José Luis García Cano, Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 86.

El cambio climático ya está provocando cambios en los ecosistemas españoles. Esto hace que muchas especies resulten amenazadas y que se estén produciendo desplazamientos altitudinales o hacia el norte de numerosas poblaciones. El proceso empezó hace décadas y aunque al principio apenas fuese perceptible, avanza a ritmo exponencial.

La posibilidad de que el cambio climático provoque un cambio radical en los ecosistemas españoles no es una especulación gratuita. Numerosas especies se ven amenazadas y están cambiando su contingente poblacional —y, por tanto, su papel en el propio entorno biótico— y su distribución —habrá, ya está habiendo, un desplazamiento altitudinal de los pisos bioclimáticos— o bien, directamente, desaparecerán. Ya no cabe duda de la situación a la que estamos llegando y el futuro que nos espera. Aunque todavía faltan estudios para poder enumerar muchos casos (queda mucho trabajo por realizar en cuanto a estudios taxonómicos y de prospección que permita un detallado conocimiento de los diferentes grupos), presentamos algunos ejemplos confirmados. En este primer capítulo nos ocuparemos de los animales, dejando para una segunda entrega el de los vegetales.

Existen datos científicos contrastados que demuestran que actualmente el cambio climático está afectando de manera notable a la biodiversidad española. Muchas especies están amenazadas de una u otra manera por sus efectos y las previsiones de futuro no son precisamente halagüeñas. Y en un año tan caluroso como éste —en el cual se han batido todos los registros desde hace casi más de un siglo—, no hace falta precisar demasiado para “visualizar” e imaginarnos perfectamente dicho cambio. Ante el nuevo escenario, con tan rápido aumento de las temperaturas, las especies están migrando hacia mayor altitud (aunque ya veremos más adelante que, por razones desconocidas —que se están investigando—, esto no siempre es así), por lo que aquellas especies que se acantonan en altas cumbres (por ejemplo: Sierra Nevada, Pirineos, Cordillera Cantábrica), generalmente endémicas y de incalculable valor, son las más vulnerables. Por otra parte, estamos viendo prosperar especies invasoras que, entre otros muchos factores, se benefician del fenómeno, mientras que muchas autóctonas están desapareciendo de ciertas regiones o sus poblaciones se ven drásticamente reducidas [1].

Un estudio de la Comisión de Supervivencia de Especies de la UICN, realizado por un grupo de especialistas en el cambio climático en colaboración con un equipo multidisciplinar de expertos internacionales, que han analizado los diferentes enfoques para evaluar la vulnerabilidad de las especies al cambio climático, proporciona una valiosa orientación para los profesionales de la conservación. La investigación ha encontrado un desequilibrio en la cobertura de los diferentes grupos de especies y áreas geográficas (la mayoría de las revisiones se han centrado en ciertos grupos de aves, mamíferos y plantas de América del Norte, Europa y Australia). Los autores han analizado un total de 97 estudios — publicados entre 1996 y 2014— sobre la vulnerabilidad de las especies al cambio climático, que revelan un sesgo en la cobertura taxonómica, escala de aplicación y el área geográfica. Según Michela Pacifici, del Programa de Evaluación Mundial de los Mamíferos en la Universidad Sapienza de Roma: "El cambio climático será un importante motor de la pérdida de biodiversidad en las próximas décadas y predecir la evolución de las especies que se verán afectadas resultará esencial para ganar tiempo para poder planificar y llevar a cabo acciones de conservación que, cuanto antes se empiecen, más amplia será la gama de opciones con posibilidad de éxito" [2].

Entre 2009 y 2011, un proyecto codirigido por sendas unidades del Ministerio de Medio Ambiente responsables de biodiversidad y de cambio climático y expertos del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) y de la Universidad de Extremadura, también impulsado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, realizó una primera evaluación del impacto previsible del cambio climático sobre la biodiversidad en España. Basándose en modelos de nicho climático, se modelizaron las áreas potenciales de gran parte de la fauna de vertebrados española y de un conjunto de especies significativas de la flora, incluyendo las especies más amenazadas y ciertos árboles y arbustos que, por su porte y abundancia, constituyen elementos principales en la estructura de la vegetación. Se trata del trabajo más exhaustivo realizado en España en esta materia y ha contado con la información de la distribución de las especies contenida en el Inventario Español de Especies Terrestres (antiguo “Inventario Español de Biodiversidad”) y los modelos climáticos elaborados por la Agencia Española de Meteorología, AEMET [3].

Si hay un organismo en España que no admite dudas sobre su imparcialidad y precisión —sobre una praxis científica impecable—, ése es el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC. El Museo Nacional de Ciencias Naturales explica perfectamente las consecuencias del cambio climático sobre la biodiversidad. Miguel Araújo, investigador del CSIC, indica: "La Península Ibérica será una de las regiones más afectadas por el cambio climático y sufrirá contracciones de las distribuciones de muchas especies o desplazamientos hacia el norte o hacia altitudes más elevadas.

En algunos casos, el cambio climático podría llegar a provocar la extinción de algunas especies" y según se precisa en dicha página web del museo: “La diversidad biológica se basa en el equilibrio entre procesos de extinción y producción de especies. Todas ellas están representadas en lo que los biólogos llaman el "árbol de la vida", cuyo tronco y ramas internas se corresponden con los antepasados de las especies modernas, las cuales aparecen representadas en las ramas más externas” [4]. La región de Europa más amenazada por el cambio climático es el sur del continente y podría registrar una "pérdida generalizada" de diversidad biológica. Araújo explica que la biodiversidad de las regiones mediterráneas es más vulnerable por estar expuesta a cambios climáticos más marcados y por poseer mayor diversidad filogenética (más cantidad de información evolutiva independiente en un conjunto de organismos) [4].

Los vertebrados

El cambio climático impactará de lleno en la fauna de vertebrados de la Península Ibérica hasta el punto de que en torno al 51% de las especies podría requerir de medidas concretas de conservación y adaptación para compensar sus efectos, entre los años 2041 y 2070, un valor que se obtiene con un escenario de cambio climático conservador. El porcentaje sería mucho mayor a finales de siglo y usando como referencia escenarios climáticos más extremos.

El trabajo [5] ha evaluado 292 vertebrados terrestres representativos de la biodiversidad española; en concreto, 27 especies de anfibios, 33 reptiles, 61 mamíferos y 171 aves. El análisis se ha llevado a cabo en función de distintos escenarios de emisiones, datos de proyecciones climáticas y estaciones termométricas y pluviométricas.

Del trabajo se desprende que entre los años 2070 y 2100, algunos modelos prevén contracciones superiores al 30% de la distribución potencial actual en el 85% de las especies de anfibios, el 67% de los reptiles, el 63% de las aves y el 67% de los mamíferos. Ningún anfibio y apenas el 3% de los reptiles, el 7% de los mamíferos y el 11% de las aves registrarían aumentos del área potencial en el marco de los escenarios climáticos utilizados.

En el caso de los mamíferos, las dos poblaciones de oso pardo (Ursus arctos) que actualmente sobreviven en la Península -por un lado, la pirenaica y por otro, la cantábrica, con sus dos núcleos oriental y occidental- se verán especialmente afectadas por la completa desaparición de las condiciones climáticas idóneas para su supervivencia.

El lince ibérico (Lynx pardinus), endemismo ibérico y uno de los mamíferos más amenazados del mundo, aunque se esperan impactos moderados en la distribución potencial, es un caso paradigmático. En 2002 se estimaba que quedaban menos de 200 animales, pero tras un censo exhaustivo solamente se localizaron 94 ejemplares en dos únicas poblaciones (en Doñana y Sierra Morena). En poco más de diez años de esfuerzo conservacionista se ha logrado aumentar sus poblaciones hasta más de trescientos ejemplares. Sin embargo, el aumento de temperatura podría convertir sus criaderos en hostiles y provocar la extinción del lince ibérico en 50 años [6].

Algunas de las especies con impactos más elevados en la distribución potencial debidos al cambio climático y consideradas en Peligro Crítico de Extinción (abreviado como CR) o en Peligro (EN) son las siguientes: rana ágil (Rana dalmatina) (EN); rana pirenaica (Rana pyrenaica) (EN); Sapo partero común (Alytes obstetricans) (EN), urogallo cantábrico (Tetrao urogalus cantabricus) (EN), milano real (Milvus milvus) (EN); quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) (EN); alimoche común (Neophron percnopterus) (EN); alondra de Dupont (Chersophilus duponti) (EN); desmán ibérico (Galemys pyrenaicus) (EN), lobo (Canis lupus) (catalogada como Casi amenazada, NT); visón europeo (Mustela lutreola) (EN), oso pardo (Ursus arctos) (CR)…

En otras zonas de la Tierra se está documentando la extinción virtual de algunas especies de aves. Un ejemplo: La tórtola de Socorro (Zenaida graysoni) es una ave endémica de México. Hasta hace unas décadas no era extraño verla en los cielos de la isla del mismo nombre, en el estado de Colima; hoy día ya no se encuentra en libertad y para ver a los pocos centenares que quedan deberemos visitar ciertos zoológicos. Aunque es un caso extremo, un estudio muestra que el país americano está perdiendo gran parte de su biodiversidad aviar [7].

Para Gerardo Ceballos. investigador del Instituto de Ecología, de la Universidad Nacional Autónoma de México, no cabe la menor duda de que hemos entrado en la “Sexta Extinción Masiva” y de que el culpable principal es el cambio climático. En la actualidad, la ratio de extinción es hasta 100 veces mayor que lo que marcaría la “tasa natural”. Para hacerse una idea, en un escenario donde prevaleciera dicha tasa natural, desde 1900 se habrían extinguido nueve especies de vertebrados; en realidad, se han extinguido 477 especies. Habrían hecho falta unos 10.000 años para acabar con la vida que ha desaparecido en un solo siglo. Y el proceso se está acelerando. Los anfibios son los vertebrados más afectados. Pero si, desde 1500 se habían constatado 34 especies anfibias desaparecidas, desde 1980 se han extinguido otras 100. Los investigadores insisten en que sus estimaciones son muy conservadoras, recuerdan que en sus cálculos no tienen en cuenta a muchas especies que se han convertido en “muertos vivientes”, con poblaciones tan escasas que su función en los ecosistemas es prácticamente nula [8].

Los invertebrados

Quizá sea el grupo de los invertebrados en el que mejor se esté reflejando el fenómeno considerado. En efecto, existen ya trabajos serios y contrastados de los catastróficos efectos del cambio climático [8]. Un ejemplo: un equipo de científicos europeos ha evaluado el estado de conservación de los plecópteros, un grupo de insectos poco conocido que vive asociado al agua dulce. Los resultados del estudio demuestran que un 62,8% de todas las especies y subespecies europeas evaluadas son vulnerables al cambio climático, sobre todo en la Península Ibérica, los Pirineos y los Alpes. La investigación demuestra que en la Península Ibérica, nueve taxones endémicos pueden considerarse “vulnerables”: Amphinemura hibernatarii, Capnioneura narcea, Leuctra microstyla microstyla, Leuctra microstyla nalon, Leuctra microstyla saja, Protonemura fusunae y Leuctra willmae, y un total de 21 especies con distribución reducida en el sur de Europa (Península Ibérica, Italia, Córcega y los Balcanes) están “particularmente amenazadas”, porque habitan regiones donde se espera para el periodo 2071-2100 un aumento anual de unos 4º C de media y una disminución de la precipitación de 0,25 milímetros al día [9]. López-Rodríguez, uno de los autores del trabajo, recuerda: “Los plecópteros tienen los valores más elevados de intolerancia a las alteraciones ambientales en los diferentes índices de calidad ecológica de los medios fluviales utilizados hoy en toda Europa”. Tras realizar una extensa selección bibliográfica, los científicos evaluaron la vulnerabilidad de estos insectos dentro de un proyecto internacional del Programa Marco de la Unión Europea (Euro-limpacs, GOCE-CT-2003-505540) sobre los efectos del cambio global en los medios de agua dulce continentales [9] [10].

Expondremos otro ejemplo paradigmático (hay que adelantar y recordar que aproximadamente el 35% de la producción mundial de alimentos procede de cultivos que dependen de insectos polinizadores, en especial abejas y otros parientes próximos como son los abejorros, insectos himenópteros). Pues bien, se está comprobando que estos últimos —los abejorros— están desapareciendo a pasos agigantados. El biólogo Jeremy Kerr, de la Universidad de Ottawa (Canadá), asegura: “Un mundo sin abejorros sería silencioso, triste y más pobre. Muchas especies de plantas entrarían en declive y los jardines y la agricultura de Norteamérica y Europa sufrirían pérdidas económicas increíbles. No creo que nadie sea capaz de imaginar cuántos daños habría. Los tomates, por ejemplo, dependen de los abejorros”. Un equipo de científicos liderado por J. Kerr ha constatado que el planeta se está quedando poco a poco sin abejorros (sin la polinización no hay reproducción vegetal, sin ella no habría ni frutos ni semillas). Este equipo ha analizado 423.000 observaciones de abejorros pertenecientes a 67 especies de Europa y Norteamérica realizadas por diversos expertos e instituciones durante más de un siglo. El estudio revela que el calentamiento global está eliminando a los abejorros de muchas de sus áreas de distribución habituales; estos insectos migran hacia el sur —curiosamente no lo hacen hacia el norte, como ocurre con otros grupos afectados por el cambio climático, como son las mariposas—. Y Kerr continúa aseverando: “Las regiones en las que estos efectos son peores, con pérdidas en el rango de distribución de hasta 300 kilómetros, están en el sur de Europa y de Norteamérica. Lugares como España, Italia y el sur de Francia” [11].

Por precisar tres de los cientos(miles) de casos no publicados ni estudiados suficientemente todavía, decir que uno de los autores, estudioso de los insectos descomponedores de la materia orgánica (coleópteros escarabéidos) y saproxílicos (lucánidos), ha constatado que, en el centro ibérico (comunidades de Madrid y Castilla y León) muchas especies de las sierras de Guadarrama y Gredos —en definitiva, del Sistema Central—, que se podrían adscribir a las ligadas a pisos altitudinales elevados —supramediterráneo (del roble); oromediterráneo (del piorno serrano) y crioromediterráneo (prados de las cumbres)— están viendo reducidas sus poblaciones y área de distribución de manera drástica, hasta tal punto que algunas de las más escasas están prácticamente desapareciendo. Eso sucedería con tres especies emblemáticas de nuestra fauna: los escarabajos peloteros Silphotrupes escorialensis y Ceratophyus martinezi [12] y el lucánido Platycerus spinifer (J.I. López-Colón, observaciones personales entre 1977 y 2014).

Los estudios serios en nuestro país están siendo cada vez más exhaustivos y permiten una confrontación de datos para poder evaluar con precisión los efectos del calentamiento global, en especial en el sur peninsular, la región que más va a sufrir esta transformación. Muchas especies, de la mayoría de los distintos grupos taxonómicos —aunque gran parte de los estudios se han efectuado concretamente sobre mariposas (lepidópteros)—, se están viendo afectadas [1] [6] [11] [12] [13] [14] [15] [16].

Conclusiones

Actualmente nos enfrentamos a una seria crisis en biodiversidad. La pérdida (extinción) de especies está desbocada y no parece vaya a tener freno en el siglo XXI. Es más, si no se actúa de manera inmediata la progresión es fatídica. Empero, todavía hay tiempo de parar este despropósito, pero urge una política global que, visto lo visto, puede parecer una utopía en estos tiempos que corren, políticamente tan convulsos (la desunión de los países más desarrollados, debido a intereses particulares, es manifiesta). Una de las causas principales, la referente al cambio climático, es difícilmente reversible, pues modifica inevitablemente las condiciones biológicas (disponibilidades hídricas y constantes térmicas) y acelera la tasa de extinción.

La Unión Internacional para la Conservación (IUCN), estima que existen 11.046 especies de animales y plantas en peligro de extinción en el planeta. Como hemos visto, España no escapa en absoluto a esa tónica general, es más, dentro del contexto europeo, es uno de los países —sino el más— afectados. Las posibles soluciones deben pasar por detener y, en la medida de lo posible, corregir los procesos de extinción de especies mediante planificaciones adecuadas. Hasta el momento, éstas se han centrado en el establecimiento de regímenes de protección, tanto para especies como para hábitats o espacios naturales concretos, pero no hay que cerrar la puerta al desarrollo de métodos globales más efectivos, para lo cual habrá que promocionar la investigación científica y la coordinación interadministrativa, la elaboración de planes de recuperación, las campañas de sensibilización y educación ambiental, etc. [17].

En un escenario de cambio climático, la conservación de la biodiversidad requerirá —aparte de la protección jurídica pertinente, cuya base es la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad [18] y otras acciones [19] — medidas para su conservación tanto in situ como ex situ, y por tanto de la identificación, mantenimiento, conservación y protección de: a) refugios estacionales o áreas de retención, adonde las especies puedan desarrollarse; b) refugios de desplazamiento, adonde encuentren acomodo aquellas que han tenido que migrar de enclaves tradicionales, y c) áreas de elevada conectividad, para permitir a las especies la dispersión para adaptarse al cambio climático [16] [19].


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