El cambio climático y el éxodo de las plantas

El inminente colapso del equilibrio medioambiental genera grandes alteraciones en las reservas biológicas del planeta.

José Ignacio López-Colón, José Luis García Cano, Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 88.

Cada año que pasa se hace más evidente la transformación radical que el cambio climático está provocando en la biodiversidad de todo el planeta. En esta coyuntura, los ecosistemas españoles no escapan a la tónica general. Muchas especies están amenazadas y cambiarán de manera drástica su distribución y su contingente poblacional, mientras que otras simplemente desaparecerán.

Existen numerosos estudios que demuestran inequívocamente que el aumento en las concentraciones de los gases de efecto invernadero en la atmósfera están causando un incremento de la temperatura media global en la Tierra (para el pasado siglo se hablaba de 0,6 ºC, pero el fenómeno va en constante aumento). Dichos gases, como el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O), reducen la pérdida de calor al absorber la radiación infrarroja que refleja la superficie de la Tierra. La concentración de estos gases de efecto invernadero ha aumentado de forma drástica en la atmósfera desde el inicio de la revolución industrial.

Durante las últimas décadas se han ido acumulando evidencias del cambio climático y de sus impactos sobre los sistemas naturales de todas las regiones del planeta. A pesar de las iniciativas y esfuerzos por conseguir la estabilización de las concentraciones atmosféricas de los gases de efecto invernadero (GEI) para mantenerlos a un nivel que impida interferencias antropogénicas peligrosas en el sistema climático, tal y como plantea la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), no se han logrado desarrollar acuerdos políticos efectivos. A nivel internacional, la respuesta se centra principalmente en el trabajo de la CMNUCC, donde se trata de acordar un objetivo común y unas herramientas coordinadas para hacer frente a este problema global. España, por su situación geográfica y sus características socioeconómicas, es un país altamente vulnerable a los impactos del cambio climático [1].

La respuesta española frente a esta particular vulnerabilidad es el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC), que establece el marco de referencia y coordinación estatal para las iniciativas y actividades de evaluación de impactos, vulnerabilidad y adaptación al cambio climático [2].

En España, como en tantas otras partes del planeta, la vegetación se está viendo seriamente afectada por las circunstancias que provoca el calentamiento global. Al variar las condiciones climatológicas de cada lugar, se produce un trasiego de especies según sus posibilidades de adaptación a los nuevos parámetros meteorológicos, pero la cosa se agrava cuando aparecen en escena cientos de especies foráneas que aprovechan de manera ventajosa esta circunstancia. Esa combinación de factores está provocando o al menos apunta ya hacia una hecatombe en muchos ecosistemas que hasta el momento eran, dentro de la dinámica natural, relativamente estables. El estudio de las especies invasoras proporciona información sobre la respuesta de los organismos bajo cambios en el medio. Por otra parte, las incidencias de las plagas y enfermedades, que, de manera imprevisible, también se ven afectadas, pueden jugar un papel fundamental en cuanto a la fragmentación de las masas forestales.

La mayor vulnerabilidad se prevé para la vegetación de alta montaña. Es una cosa evidente porque ahí la productividad primaria está muy limitada por la estación libre de innivación y donde la fusión de la nieve supone un momento clave para el crecimiento y la floración y para los bosques y arbustos caducifolios sensibles a la agudización de la sequía estival y para los bosques esclerófilos y lauroides. Las tendencias previsibles en la mayor parte del territorio confluyen en torno a la simplificación estructural de la vegetación y el predominio de las extinciones locales sobre las recolonizaciones, que correrán a cargo de las especies tolerantes y de distribución más amplia [3].

Evidencias científicas del cambio

Las pruebas científicas evidentes del efecto del cambio climático sobre las comunidades vegetales españolas no son nuevas, ya vienen de antiguo. Tres investigadores del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (CREAF), bajo el auspicio de los proyectos Climoor y Vulcan, Laura Llorens i Guasch —entonces en el Department of Animal and Plant Sciences de la Universidad de Sheffield, Reino Unido—, Marc Estiarte i Garrofé —Científico Titular de la Unitat d’Ecologia Global CSIC-CEAB-CREAF— y Josep Peñuelas i Reixach —Profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas que dirige la Unitat d’Ecologia Global CSIC-CEAB-CREAF—, realizaron un complejo estudio de seguimiento de matorrales en cuatro países europeos —España incluida— que permitió reunir evidencias sobre los efectos del cambio climático en la estructura y la dinámica de las comunidades vegetales (se inició en 1999 y se publicó en 2004) [4].

Estos autores indican una serie de “preocupaciones principales” que emergen tras comprobar los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas terrestres. A destacar: a) Respuestas diferentes al cambio climático en especies que interactúan entre ellas, como lo son muchas plantas y sus polinizadores, que podrían desacoplar sus ciclos biológicos (eso provocará sin duda cambios sustanciales en la composición, estructura y funcionamiento de muchos ecosistemas); b) Las especies con menor capacidad de adaptación se verán obligadas a cambiar su área de distribución habitual, pero como quiera que en la actualidad existe una pérdida y fragmentación de hábitats notable tendrán menos posibilidades de colonizar nuevos territorios y aumentará su tasa de extinción; c) El cambio climático aumenta el tamaño de las poblaciones y el área de distribución de ciertas especies exóticas invasoras y de muchas plagas agrícolas; d) Los ecosistemas son importantes reguladores del clima (debido principalmente a su influencia sobre el ciclo del carbono), por lo que la respuesta de la vegetación al cambio climático tiene grandes implicaciones, en principio, de imprevisibles consecuencias.

Las invasiones biológicas

Las invasiones biológicas constituyen uno de los problemas más graves que afectan a la biodiversidad a escala global. Las plantas invasoras pueden evolucionar rápidamente y adaptarse a nuevos hábitats con condiciones ambientales diferentes. La rápida evolución de las especies exóticas ha sido determinante para su éxito. Las plantas invasoras presentan rasgos genéticos diferentes respecto a las nativas y aquellas con algunos como puedan serlo un crecimiento más rápido o una mayor capacidad reproductiva, están en ventaja porque se ven beneficiadas por la selección natural.

Un equipo de investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona y del CREAF [5] [6] ha estudiado la respuesta de las plantas invasoras a los cambios ambientales. El modelo elegido ha sido la especie Senecio pterophorus, una planta de origen africano que se extendió de este a oeste en Sudáfrica hace un siglo. Hace setenta años llegó a Australia y hace unos treinta fue introducida en Europa. A partir de semillas procedentes de la zona nativa y de cada una de las tres zonas geográficas invadidas, los seis científicos estudiaron un total de 47 poblaciones de la planta invasora. Sembraron esta especie en campos experimentales con condiciones ambientales similares y determinaron las diferencias genéticas entre ellas, su morfología, los parámetros de desarrollo y sus características reproductivas. En su hábitat de origen, Senecio pterophorus, que se desarrolla bajo condiciones generales de mayor humedad y veranos más calurosos, soporta mucha mayor presión por parte de los herbívoros que la utilizan como alimento que en los lugares donde ha sido introducida. Los nuevos hábitats pertenecen a tres regiones con climas y poblaciones de herbívoros muy diferentes entre sí, lo que ha propiciado los cambios en la morfología.

El estudio muestra que las plantas invasoras son más pequeñas, tienen menos capacidad reproductiva y también tienen las hojas más pequeñas que las nativas. Los datos obtenidos contradicen las hipótesis que afirman que los ataques de los herbívoros están relacionados con los cambios en las características de las plantas e indican que es el clima el que acelera los cambios evolutivos de las plantas invasoras.

Según precisa Eva Castells, investigadora del Departamento de Farmacología, Terapéutica y Toxicología de la UAB, “comprender los mecanismos para una diferenciación rápida en respuesta a las condiciones climáticas nuevas, mejora nuestras habilidades para explicar la dinámica de las invasiones biológicas y para predecir la respuesta de las poblaciones nativas bajo un escenario de cambio climático”.

Las especies vegetales amenazadas en España

Un estudio de tres investigadoras de la Unidad de Botánica del Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid muestra, aplicando un escenario teórico, que las especies forestales más afectadas en España –las que sufrirán una notable reducción en su área de distribución– serán los abetos (Abies alba), dos pinos (Pinus sylvestris y P. uncinata), las hayas (Fagus sylvatica) y los robles (Quercus petraea) y, en especial, el rebollo (Quercus pirenaica) [7].

Según otro estudio publicado por el Gobierno de Aragón, que se podría hacer extensible a buena parte del norte ibérico, los elementos más vulnerables de la flora aragonesa son, en cuanto a las masas forestales se refiere, los siguientes: haya (Fagus sylvatica), abeto común (Abies alba), roble albar (Quercus petraea), fresno europeo (Fraxinus excelsior), pino negro (Pinus uncinata), cerecino (Prunus mahaleb), sauce (Salix caprea) y arándano negro (Vaccinium uliginosum).

Entre las zonas de alta montaña, dentro de la Península Ibérica, destaca, cómo no, Sierra Nevada. En efecto, existen decenas de especies vegetales, todas ellas endémicas, auténticas joyas botánicas (se conocen casi doscientos endemismos en el Parque Nacional de Sierra Nevada), algunas de ellas acantonadas en los últimos cuatrocientos metros del Mulhacén.

Son especies que “solamente existen ahí”; de esa manera, los cambios en la meteorología están poniendo en peligro de inminente extinción a taxones como Plantago nivalis –la ‘Estrella de las nieves’–, Artemisia granatensis –la ‘Manzanilla de Sierra Nevada’–, Leucanthemopsis radicans, Campanula willkommii, Linaria glacialis, Linaria nevadensis, Radenunculus acetosellifolius, Viola crassiuscula –la ‘Violeta de Sierra Nevada’–, Erigeron frigidus, Narcissus nevadensis, Chaenorhinum glareosum y Pinguicola nevadensis. Otras especies como Reseda complicata, Potentilla nevadensis, Rhynchosinapis cheiranthos nevadensis, Erodium cheilanthifolium y Thymus serpylloides, entre otras muchas, sufrirán una reducción drástica de su hábitat. Este seguimiento se podría hacer igualmente en los Pirineos o la Cordillera Cantábrica, en el Sistema Ibérico o la Carpetana, y en el Teide de Canarias, donde encontraríamos, en mayor o menor grado, numerosas especies de alta montaña afectadas por el calentamiento global, si bien no en tanta cantidad como en la serranía granadina.

Posibles soluciones

A nivel oficial, la estrategia española de adaptación al cambio climático es el PNACC. Pretende promover una acción coordinada y coherente en la lucha contra sus efectos. Es necesario que, partiendo de los conocimientos existentes, se promocione la investigación y se planifique el desarrollo de herramientas para posibilitar el cumplimiento de los objetivos propuestos. Se deben convocar a todos los actores y agentes implicados en dicha adaptación. La obligación del Estado de promover un desarrollo sostenible y el hecho de que las consecuencias del cambio climático afectan a todos los sectores y recursos y que no entienden de límites administrativos. Por tanto, la estrategia de adaptación al cambio climático tiene que integrar los siguientes puntos:

  • Desarrollar un programa de Observación Sistemática que permita describir el clima y su evolución y los efectos del cambio climático.
  • Reunir una colección de escenarios climáticos regionalizados que proyecten el clima del futuro a partir de unas hipótesis de evolución social, económica y ambiental plausibles.
  • Trazar un programa de Investigación y Desarrollo que permita mejorar el conocimiento sobre el cambio climático y sus efectos.
  • Elaborar un plan para desarrollar métodos y herramientas de evaluación sectorial de impactos y vulnerabilidad.
  • Valorar y proponer medidas de adaptación que sean adecuadas.
  • Una estrategia de coordinación entre todos los actores relevantes.
  • Programas de información, comunicación y sensibilización dirigidos a los actores implicados y al público en general.
  • Programas de seguimiento y evaluación de sus desarrollos y logros.

Yendo a acciones concretas para intentar mitigar el problema, repasamos posibles soluciones. Teniendo en cuenta que la pérdida de hábitat y la fragmentación constituyen dos de las principales amenazas que afectan a la diversidad biológica, resulta imprescindible la creación de corredores ecológicos como nexos de unión entre los distintos espacios de importancia biológica relevante o los que tengan altos valores naturales [8]. Un estudio reciente de varios investigadores españoles del Jardín Botánico (CSIC) sobre las especies extintas en España y las causas que las han llevado a figurar en esta lista –veintisiete se citan– concluye que la causa más habitual de la extinción es la pérdida del hábitat y la fragmentación de sus territorios [9].

Por lo hablado en los primeros apartados, se hace evidente que es obligatorio un estudio, seguimiento y control de las especies invasoras y, por otra parte, de la evolución de las plagas y enfermedades de las masas forestales.

Por último, mencionar que las actuaciones de gestión local —que pueden llevarse a cabo en una legislatura—, permiten preparar los ecosistemas para tolerar y capear con los eventos extremos que acarrea el cambio climático. Urgen en los espacios más vulnerables (los que están limitados por el agua), de modo que dicha preparación de los ecosistemas sirve para que dispongan de un margen y no colapsen. Un ejemplo concreto serían las lagunas en Castilla-La Mancha, en las que si se controla la sobreexplotación de los recursos hídricos poseerán más herramientas frente a una ola de calor o a la escasez de precipitaciones [10].