Publicidad y destrucción del litoral

La destrucción del litoral está adquiriendo tintes dramáticos. Y lo peor está por venir (solamente entre la Comunidad Valenciana, Murcia y Almería se pretenden levantar 600.000 viviendas de nueva construcción). En España, la especulación urbanística está desatada, cada vez es más audaz e ignora cualquier traba ética, moral o legal... el último bochorno ha sido el espectáculo mediático que ha protagonizado estos meses pasados el personaje denominado “El Pocero”, constructor de Seseña [1] (mucho nos tememos que el transvase del Ebro, tan promocionado como “necesario para la agricultura española” en el Gobierno de Aznar y afortunadamente abortado con el cambio de ejecutivo de 2004, era una simple excusa para aprovisionar de agua todo el proyecto urbanístico litoral del sureste español). La franja costera peninsular, debido a sus particulares características geográficas y socioculturales, sufre las consecuencias de esta situación de una forma brutal, y está dirigiéndose a marchas forzadas hacia una transformación total y generalizada, hacia una situación absolutamente irreversible.

Arenales del Sol visto desde el Gran Alacant de Sta Pola.10-IX-06

Uno compra la prensa (cualesquiera de los periódicos de tirada nacional, sea el que sea) y, un día sí y otro también, encuentra en su interior como “regalo” inesperado un brillante prospecto de alguna que otra urbanización costera (levantina, murciana, andaluza, balear...), impreso con todo lujo de detalles y maravillosas fotografías de promoción. Cada mañana es de una promotora diferente a la que apareció el día anterior: en Málaga, en Almería, en Castellón, en Alicante, en Huelva..., ¿para tanto da el litoral peninsular? Nos preguntamos hasta cuándo permitirá la Administración, el Ejecutivo actual, esta situación. Es triste, sí... Uno se fija en el mentado prospecto (lo tenemos delante de nosotros) y recuerda que antiguamente estos mismos papelotes te presentaban unas playas idílicas rodeadas de verdes colinas y cerros, acantilados de ensueño, bosques fantásticos al fondo... te vendían “naturaleza” a “módicos precios” [2] y “en propiedad” [3]. Ahora la cosa ha cambiado; el panorama es curioso con un matiz diferente, un tanto patético, inquietante: el mar sigue siendo azul (o verde), la playa de arena fina, el cielo muy claro y sin nubes (que parezca “limpio”), pero los cerros litorales... los cerros ¿? ..., los cerros y colinas costeras están sembrados con decenas de bloques, cientos de pisos ¡y los folletos lo muestran como idílico!

Clot de Galvany, Elche, Sta Pola. 10-IX-06

Desde luego, hay que felicitar a los publicistas, sus requiebros y recortes a la cordura o a la conciencia de los posibles clientes son meritorios: antiguamente lo tenían más fácil, vendían maravillas, pero los tiempos han cambiado rápidamente. No obstante (para ello son maestros y auténticos profesionales), su desbordante imaginación y una prosa mercantil trazada con maestría, hacen que el subconsciente del ciudadano mute de la sensatez a la necedad, y pueda desear, “necesite” desear, un trocito de ese paraíso terrenal costero (un paraíso que, paradójicamente, se destruye de esa manera: comprándolo y poseyéndolo) [4].

¿Se atreverá el Gobierno a intentar poner remedio a esto de una vez? Debe hacerlo deprisa, porque el tiempo, lamentablemente, se acaba.

José Ignacio López-Colón y José Luis García Cano,
Ecologistas en Acción.

Dunas del Carabassi, Elche, Alicante. 9-IX-06

Nota: Las imágenes que acompañan este texto (de muestra un botón), las obtuvimos hace tres meses entre Santa Pola y Elche, al lado del Clot de Galvany, las dunas del Carabassí y los Arenales del Sol, pero se puede uno imaginar cualquier otro rincón de la costa española. No son buenas -pedimos disculpas-, pero sí representativas. A nosotros nos impactaron, puesto que cuatro años antes mostraban unos cerros y unas colinas cubiertos por el maravilloso tapiz mediterráneo de una naturaleza que cabalgaba entre múltiples tonos verdes y una variada gama de sienas y ocres.




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