¿Más campos de golf?: No, gracias

La Coordinadora en Defensa del Medio Rural y Litoral y Ecologistas en Acción expresan su oposición a la política de instalación masiva de campos de golf que amenaza con extenderse por gran parte del interior de la provincia de Málaga y del resto de Andalucía.


¿Las urbanizaciones y los campos de Golf traen el progreso y crean puestos de trabajo?




Estimado ciudadano:

Últimamente las urbanizaciones chalets y campos de golf están proliferando por toda la costa andaluza, y ahora también por su interior. Como ejemplo significativo cabe reseñar la provincia de Málaga, donde se pretende construir 50 campos de golf con sus correspondientes urbanizaciones, sumándose a los otros 50 campos de golf instalados actualmente en la provincia Estos proyectos quedan justificados por los políticos locales y regionales como “signo de progreso”, “fuente de riqueza” y “generadores de puestos de trabajo”. En este nota desmentimos esta versión, con argumentos fruto de la experiencia de aquellos lugares que ya están sufriendo tristemente sus consecuencias.

Los campos de golf: ¿zonas verdes, regadas con aguas recicladas?


- Un campo de golf de 18 hoyos, de tipo medio, gasta el equivalente a la cantidad de agua consume una población de unos 15.000 habitantes, sin contabilizar el consumo de la macro urbanización acompañante, sus piscinas y jardines privados.

- Para acallar las críticas, prometen regar los campos con aguas recicladas, pero la realidad es otra: el césped no suele tolerar mucha cantidad de agua reciclada, “se quema”.

- En muchos de estos proyectos, se anuncia que el campo de golf a construir se regará con las aguas residuales del pueblo adyacente, pero ¿cómo puede un pueblo de 3000 habitantes abastecer de agua reciclada a un campo de golf que gasta como 15.000 habitantes? (Además hay que tener en cuenta que siempre se pierde una parte a lo largo del proceso de transporte y depuración).

- Para su mantenimiento -es decir, para que sólo crezca un césped muy fino y delicado-, se aplican grandes cantidades de agentes químicos que, con el tiempo, acabarán filtrándose por el subsuelo, llegando a los acuíferos, ríos y pantanos cercanos, y contaminando las aguas de consumo humano.

Además de esta contaminación, la construcción de un campo de golf implica a menudo la desaparición de espacios de alto valor ecológico, tala de árboles, y pérdida de flora y fauna silvestres, tal como ha ocurrido en la Costa del Sol, donde un 75% de la costa se encuentra ya destruida.

- La Administración suele considerar, erróneamente, un campo de golf como un “proyecto de interés social” lo cual permite su construcción, junto a su correspondiente macro urbanización, en suelo no urbanizable, y en la mayoría de los casos ocupando y alterando parajes privilegiados.

Un campo de golf no puede ser considerado una zona verde, todo lo contrario: el principal negocio de un campo de golf reside en la construcción de urbanizaciones adosadas a ellos. Además, “privatizan” y alteran áreas naturales, vías pecuarias y caminos que siempre han sido lugares abiertos y transitables para las personas del lugar, impidiendo su uso tradicional, tanto recreativo como de explotación de recursos naturales. Estas zonas se quedan pues, para el disfrute exclusivo de un pequeño sector de la población más pudiente.
Estos proyectos también requieren de un aporte continuo de materias, lo que implica la construcción de más presas y trasvases para el suministro de agua, más canteras para obtener materiales de construcción, más centrales térmicas y plantas incenderadoras para cubrir la creciente demanda energética, más autopistas y aeropuertos para un acceso aún más rápido si cabe, es decir, un interminable círculo infernal de más destrucción y contaminación.

Las urbanizaciones y campos de golf ¿traen “el progreso” y los puestos de trabajo?

- La primera consecuencia de la invasión del interior de Andalucía por parte de estos proyectos es la subida de los precios de la vivienda y su hipoteca, y del coste de la vida.

- Desaparece la agricultura local y los agricultores y por lo tanto los jornaleros que trabajan en el sector agrario, debido a la subida de los precios de las tierras agrícolas. Además, al ir desapareciendo la agricultura en nuestra tierra, nos hacemos dependiente de otros países productores agrícolas.

- Debido a esta colonización que se esconde detrás de la expresión “turismo residencial”, irá desapareciendo poco a poco la población autóctona, con su cultura, folclore e identidad local, que son justamente las mayores riquezas de los pueblos.

- Cabe destacar que mientras la gente joven se ve obligada a vivir con lo padres por los precios prohibitivos de alquileres o por no encontrar una vivienda asequible, la mayoría de las viviendas nuevas están desocupadas la mayor parte del año. Actualmente Málaga tiene 100.000 viviendas vacías.

- Estos proyectos van acompañados de muchas irregularidades; y las enormes cantidades de dinero que se mueven pueden acabar corrompiendo, no sólo a los políticos, sino también las relaciones entre los habitantes. El dinero negro se refugia sin pudor entre ladrillos y césped, y sus pilares se cimientan sobre el tráfico de drogas y de armas, la explotación y extorsión de inmigrantes, y el fraude a la hacienda pública.

- Las empresas promotoras suelen traer sus propios empleados, sobre todo para el trabajo cualificado, de modo que los pocos puestos que crean son de baja calificación, y precarios.

- Los centros comerciales y de ocio que acompañan a estos proyectos acaban provocando el cierre de los negocios locales (tiendas, bares), generando fundamentalmente trabajo precario.

¿Dónde están la calidad de vida, el progreso y los puestos de trabajo?

¿Quiénes se llevan los beneficios de toda esta especulación urbanística?: políticos corruptos encargados de recalificar terrenos y poner “en venta” a su municipio, las inmobiliarias, los caciques y terratenientes locales, las mafias y, algunas entidades bancarias encargadas de financiar las urbanizaciones y los hipotecas. Cómplices de este sucio negocio son aquellos políticos y jueces que miran a otro lado ante evidentes irregularidades, sin actuar en consecuencia. Por tanto, estos beneficios son para unos pocos, mientras la inmensa mayoría de los ciudadanos son los que pagan y pagarán por generaciones sus consecuencias.

Hay alternativas para mantener una vida digna en los pueblos. Estas pasan por la creación de pequeñas industrias agrícolas, las cooperativas de agricultura ecológica de venta directa al consumidor, productos con denominación de origen, turismo rural..., sin embargo, desde el mismo momento en que instauran el campo de golf y su edificaciones para montar su Costa del Sol II en el interior de Andalucía, estas alternativas ya no son viables, y el futuro del paisaje y de sus habitantes se ve hipotecado de una forma irreversible.

La Coordinadora en Defensa del Medio Rural y Litoral, formado por numerosos colectivos de afectados por la especulación urbanística en sus múltiples formas y que trabaja independiente de los partidos políticos, sindicatos mayoritarios y grupos de presión económicos pretende parar estas agresiones que amenazan el paisaje y sus habitantes, y dar alternativas a este modelo capitalista globalizado de desarrollo destructivo.

Para más información, contacta con Ecologistas en Acción de Málaga: 952 35 53 83. O en el grupo local más cercano.