El Azud del Portal, una solución parcial ante las inundaciones

De nuevo surge la lógica preocupación de los habitantes de la ribera Guadalete ante la temporada de lluvias y la escasa atención que se le ha prestado al problema de las inundaciones. Tras las inundaciones del año pasado, en las que se rompió el azud de El Portal, se han puesto en marcha una serie de iniciativas que pretenden atajar el problema de las avenidas del curso bajo de este río: un azud móvil y un dragado. Ecologistas en Acción entiende que estas actuaciones son un parche temporal a un problema más serio que necesita de un amplio consenso entre administraciones, vecinos afectados, agricultores y demás sectores de la sociedad.

El tramo bajo del río Guadalete soporta una gran cantidad de impactos humanos, que ha provocado que el río se desborde en momentos excepcionales de crecida. Es absurdo, dado la seriedad y complejidad del asunto, pretender solucionar este problema con un nuevo azud y un dragado. El antiguo azud sirvió de represa de los sedimentos y provocó al aterramiento del río, facilitando su desbordamiento. Con el nuevo azud móvil se podría solucionar este problema, siempre y cuando no vuelva a coincidir una fuerte pleamar con otra gran avenida; pero el nuevo azud provocará el aterramiento del puerto de El Puerto de Santa María y la aparición de lodos tóxicos en el estuario de El Guadalete. El azud tampoco solucionará el efecto barrera para la fauna del río, que provocó la extinción de especies como el sábalo.

Lo que hay que solucionar de forma urgente es la deforestación y la erosión en la cuenca, las extracciones abusivas de áridos, la ocupación ilegal del Dominio Público Hidráulico, que son las principales causas de las inundaciones y de los daños que ocasionan. Las laderas del valle del Guadalete, desde Arcos hasta Jerez, están desarboladas, cultivadas en exceso y muy erosionadas, lo que acelera las escorrentías y provoca que el agua de lluvia llegue antes al río con gran carga de sedimentos. La llanura de inundación está intervenida hasta el mismo cauce: los cultivos y graveras llegan hasta las márgenes. Esta deforestación y la pobre vegetación de ribera han provocado que el cauce se colmate de sedimentos y pierda capacidad para evacuar el agua. Un ejemplo es el Puente de la Cartuja, donde los ojos próximos a la venta están colmatados por varios metros de limos, cuando sube el agua llega rápidamente al edificio; lo mismo sucede en el puente de la Greduela. El tramo bajo del Guadalete es una zona de alto riesgo de inundaciones, pero no se toma ningún tipo de medidas: no se platea el cambio de usos en laderas deforestadas, ni el deslinde del Dominio Público Hidráulico, ni la reforestación de las márgenes del río. Sólo se habla de un dragado que removerá gran cantidad de lodos tóxicos y cuyas soluciones caducarán en poco tiempo.

Las proliferación de graveras es otro de los principales problemas de la cuenca del Guadalete, pues modifican el trazado del río, se abandonan las explotaciones sin restaurar, se añaden materiales apelmazados que no filtran el agua y provocan un aumento de sedimentos, se destruye el bosque de ribera, se altera el acuífero aluvial... Este aspecto de la degradación del río es el más lamentable, pues cuenta con la complacencia de las autoridades que no actúan ante la multitud de ilegalidades que están cometiendo estas las empresas.

La ocupación ilegal del Dominio Público Hidráulico nos está costando muy caro a todos, no ya en términos económicos -pues pagamos las indemnizaciones por las pérdidas sufrida-, sino también en términos medioambientales, al impedir que el río vuelva a recuperar su ribera y desarrolle su dinámica natural.

Por tanto, es hora de pasar de una política meramente paliativa a una preventiva, basada en la ordenación y gestión de las riberas como espacios naturales y dinámicos sometidos a episodios temporales de inundación. Hay que dejar el planteamiento desarrollista que pretende dominar el medio físico, y replantearse el modelo actual de ocupación y uso de la ribera del Guadalete. Es necesario diseñar un nuevo entorno al río, que tenga como bandera la recuperación de su ecosistema fluvial, tal como llevamos años exigiendo.




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