El Ecologista nº 75

  Sumario  

¿Por qué un número solo con noticias positivas?

Es verdad que el ambiente general es deprimente y que las malas noticias abundan. Pero no es menos cierto que desde el ecologismo social y los movimientos sociales están proliferando múltiples experiencias que ensayan modos alternativos de producir, cuidar o distribuir, de gestionar la propiedad, de financiar proyectos y a colectivos... Además, también hay éxitos sonados en nuestra continua lucha por un mundo más sostenible y justo.

Para destacar esta situación, para contrarrestar el aluvión de pesimismo y de pensamiento único –que centra las posibles soluciones a la crisis en el mismo crecimiento económico que nos ha conducido a ella– hemos elaborado este número de Ecologista, con la intención de que sirva de inspiración a muchas otras experiencias alternativas y éxitos ecologistas que seguirán surgiendo. Unas experiencias ya en marcha que nos permiten atisbar en qué dirección tenemos que reorganizar el metabolismo económico o la política para construir un mundo mejor.

 Editorial

Alternativas en marcha

Vivimos un momento de crisis profunda que afecta a las relaciones de las personas con la naturaleza, así como la equidad en el acceso a los recursos y bienes que proporciona el planeta Tierra.

El capitalismo se autopresenta como eterno, neutral e inevitable. Arropado por una tecnociencia desvinculada de la ética, defiende un modelo de progreso basado en la superioridad sobre la naturaleza y las personas de las que, sin embargo, depende. Este autorrelato mítico es lo que permite ocultar, y a la vez acelera, el camino hacia el colapso natural y antropológico.

Muchas personas no entienden nada de lo que está pasando. Los esquemas y mitos que sostenían el imaginario colectivo de la cultura capitalista y sus promesas de riqueza y bienestar se desmoronan, y la gente queda indefensa, sin referencias ni utopías hacia las que dirigirse.

Sin embargo, no es cierto que no tengamos señales que orienten el tránsito hacia la sostenibilidad. Durante los últimos años han proliferado múltiples experiencias que intentan ensayar modos alternativos de producir, cuidar o distribuir, de gestionar la propiedad, de financiar proyectos y a colectivos... Estamos rodeados de experiencias, en todos los ámbitos, que permiten atisbar en qué dirección tenemos que reorganizar el metabolismo económico o la política.

Hemos querido realizar el ejercicio de recopilar prácticas e iniciativas que apuntan a un modelo en el que la sostenibilidad y la justicia sean sus ejes centrales. Las personas organizadas en torno a proyectos agroecológicos en todo el Estado se cuentan por miles; existen cooperativas de servicios; hay redes de cuidados compartidos que resuelven necesidades de atención a niños y niñas; residencias de mayores autogestionadas basadas en el apoyo mutuo; proyectos de cooperativas integrales, monedas complementarias y mercado social; medios de comunicación alternativos; han nacido proyectos culturales que sitúan el arte al servicio de la transformación social; proyectos de pesquería sostenible; comercio justo; redes de decrecimiento; software libre que ha sido capaz de plantarle cara a Microsoft... En esta revista hemos realizado una selección de estas iniciativas, inevitablemente escasa e incompleta.

Estas experiencias constituyen verdaderos laboratorios ecosociales, a la vez que satisfacen las necesidades concretas de quienes participan en ellas. Cuidar y mimar estos proyectos, es muy importante. Visibilizar estas propuestas y difundirlas es una vacuna contra la desesperación y la inacción. No es incompatible apoyarlas y además seguir haciendo denuncia y propuesta en las escalas más macro.

Si hemos sido capaces de construir tantos proyectos bien orientados hacia otro mundo más deseable y, sobre todo viable, y además lo hemos hecho a contracorriente. ¿Qué no seríamos capaces de hacer en un caldo de cultivo más favorable a la supervivencia y al bienestar?

Estas iniciativas deben animarnos a colaborar con otras similares para desterrar una forma enferma y destructiva de vivir, al tiempo que construimos los cimientos que puedan sostener una vida digna.




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