Emisiones de CO2: crecimiento sostenido

Un análisis de la evolución de las emisiones en España, la UE y el mundo.

Cristina Rois, Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 53.

A diez años del nacimiento del Protocolo de Kioto, los vertidos a la atmósfera de gases de efecto invernadero no se frenan, siguen aumentando a buen ritmo. Salvo un vuelco que sería una auténtica sorpresa, no se van a cumplir las tímidas exigencias de este Protocolo.

Cuando terminó la cumbre del clima de 1997, los ecologistas de todo el mundo tuvieron que encajar la frustración de que el primer acuerdo internacional para reducir emisiones de gases de efecto invernadero se quedaba en un objetivo raquítico, una reducción del 5% respecto a 1990, muy por debajo de las necesidades que los científicos ya entonces avanzaban. Además, se retrasaba su realización más de una década, alejándose hasta el periodo 2008-2012. Hemos llegado a las puertas de los plazos de cumplimiento y la realidad es que producimos más gases de efecto invernadero que en 1990. Y lo que es peor, que las emisiones no dejan de crecer.

Existen datos detallados de las emisiones de los países más desarrollados porque la Convención Marco de Cambio Climático exige que presenten inventarios anuales. Más difícil es conocer las emisiones totales del resto de países, pero poco a poco se dispone de más información aunque sea poco actualizada, pues la mayoría de los informes de países no desarrollados se refieren al año 1994 [1]. Comparando las cifras de esas fechas resulta que estos últimos han causado el 35,3% de las emisiones de gases de efecto invernadero y las naciones industrializadas el 64,5% (en concreto, los países del denominado Anexo 1 [2]). EE UU es responsable del 19,5% de las emisiones ese año, y la UE-15 [3] de un 12,5%. Una cantidad prácticamente igual a la comunicada por China, muy superior a la de toda Latinoamérica y Caribe, 6,2%, y aún más a la totalidad de África, cuyas emisiones suman el 4,9% del total. Una evolución de las emisiones por regiones puede verse en el gráfico 1.

Gráfico 1: Evolución (1971-2004) de las emisiones globales por regiones [4]

Emisiones por habitante

Pero lo que realmente indica cuál es la situación mundial, son las emisiones per cápita. La media de emisiones por habitante derivadas del consumo de combustibles fósiles se situó en 2003 en 3,99 toneladas de CO2 por habitante, un valor promedio que esconde enormes variaciones regionales y nacionales que se extienden desde casi 20 t CO2/h en EE UU a 0,07 en Bangladesh.

El panorama mundial se puede resumir en que los países donde han crecido más rápido las emisiones de CO2 fósil en la última década del siglo XX son los países en vías de desarrollo, en los que el consumo de energía por habitante es bajo o muy bajo pero están muy poblados. Sin embargo, los mayores emisores siguen siendo los países más ricos, cuya generación de CO2 continúa en crecimiento y ni siquiera se estabiliza.

Se sabe que en 2004 las emisiones de los Estados industrializados [5] (excluyendo las economías en transición de Europa central y oriental) crecieron un 11% respecto a 1990, y las de los países del Este han experimentado desde entonces un aumento de las emisiones del 4,1% (gráfico 2). La causa ha sido el incremento de 8,6% de emisiones en el sector de producción de electricidad, calor y refinerías, pero sobre todo el 23,9% de crecimiento de las emisiones del sector transporte.

Gráfico 2: Cambios en la emisión de GEI 1990-2004 en los países desarrollados (Anexo 1) (sin contar las emisiones por cambio de uso del suelo y por usos forestales) [6].

EE UU continúa detentando el primer lugar en vertidos a la atmósfera y los ha incrementado en un 15,8% en 2004 respecto a 1990. Es notable que la atribución de absorción de CO2 por bosques y demás vegetación haya experimentado en ese periodo un decrecimiento del 14%.

La mayoría de las naciones en desarrollo sólo aportan los datos de un año para todos los gases por lo que es difícil evaluar su evolución. Es posible, sin embargo estimarla a partir del CO2 producido por el uso de combustibles fósiles. Para China esta variación entre 1990 y 2002 fue de aumento en un 47% de las emisiones de este gas [7], para la India fue mayor, un 100%; con volúmenes mucho menores, las emisiones fósiles de Brasil en ese periodo crecieron un 37%, y las de toda África un 30%. El conjunto de los países no desarrollados incrementaron su CO2 fósil un 54%.

El sector de la energía fue la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero en 70 países en desarrollo, mientras que en otros 45 lo fue el sector de la agricultura (América Latina y Caribe) y en 6 el sector de residuos. La agricultura fue el segundo emisor más grande en la mayoría de estos países (27%), seguida del sector industrial (6,2%) y luego los residuos (4,3%). La única región en la que el sector de los procesos industriales es una fuente importante de emisiones es Asia - Pacífico.

Los bosques y demás vegetación son un sumidero neto de gases de efecto invernadero en África y Asia - Pacífico, pero en América Latina y el Caribe resulta ser una fuente neta de emisiones.

La Unión Europea

El tamaño de la UE ha aumentado enormemente en los últimos años, ahora la forman 27 países con volúmenes de emisión muy diferentes. Los 12 países más recientemente incorporados suman el 15% de las emisiones, mientras el peso principal, casi el 85%, corresponde a los antiguos miembros, UE-15. El compromiso de reducción de emisiones afecta en términos reales a este grupo, pues las emisiones de los países del Este cayeron un 36% con la paralización de actividad económica que siguió a la “caída del muro” tras 1990. Entre los gases de efecto invernadero destaca sobre todos el CO2, que es el 83% de todos, como ocurre en el resto del mundo. El óxido nitroso (N2O) es el 8% y el metano (CH4) el 7,6%, mientras los gases fluorados y perfluorados suponen un 1,5% del total.

Las emisiones de los países más ricos, UE-15, fueron en 2005 un 1,5% menores que en 1990. Esta reducción sería una buena noticia (especialmente comparada con otros países) si no supiésemos que su objetivo de Kioto es llevar la reducción hasta el 8%. Por tanto la UE tiene que dar un gran paso en los próximos años para ser coherente con sus proclamas de liderazgo ambiental. Desde 1998, año en que recién firmado Kioto se hizo un reparto entre los países miembros en función de sus emisiones por habitante y perspectivas de crecimiento económico, las emisiones de la UE-15 han subido y bajado como dientes de sierra, pero en 2005 aún eran superiores a las de ese año. La responsabilidad de este pobre resultado no puede repartirse en igual medida entre todos los Estados miembros, puesto que algunos de ellos han incluso superado su objetivo de Kioto mientras otros nos alejábamos aceleradamente.

La tabla 1 muestra que el país más emisor es Alemania, seguido de Reino Unido. Ambos junto con Italia y Francia suman más de la mitad de las emisiones de la UE. Si se atiende a las emisiones por habitante (gráfico 3) se encuentra que de estos cuatro grandes emisores sólo dos superan a nuestro país, Alemania y Reino Unido, y son Estados muy industrializados con inviernos largos. Sus emisiones se han reducido notablemente desde 1990 hasta el punto de que con Suecia y Francia son de los pocos en camino de cumplir su compromiso de Kioto.

Gráfico 3: Emisiones por habitante de GEI en la UE-15 [8]

Aproximadamente la mitad de la reducción de emisiones en Alemania se puede atribuir al desplome de la ineficiente industria de la RDA, y otro tanto puede decirse que significó para los británicos el cierre de minas de carbón para usar el gas del Mar del Norte. Pero su situación actual no sería posible sin la firme adopción de medidas de eficiencia y sustitución de carbón por gas (no olvidar que Alemania mantiene, además, el compromiso de cierre progresivo de sus centrales nucleares).

Si se analiza cuáles son las actividades más emisoras, se encuentra que en 2004 casi la cuarta parte, el 24%, se debe a generación eléctrica, el 21% al transporte, otro tanto a la industria (incluyendo emisiones de combustión y de proceso), a hogares y residencial el 10%, y comercios y oficinas el 4%. La agricultura y ganadería contribuyen a las emisiones en un 9% y los residuos en casi un 3%.

En el aumento de emisiones desde 1990 el papel principal lo tiene el transporte, pues sus emisiones han aumentado un 34% hasta 2004 y la tendencia continúa. Coherente con la circulación de más vehículos, la actividad de las refinerías es mayor (+15% en emisiones). La electricidad es cada vez más utilizada por lo que sus emisiones también han crecido, +6%, a pesar de las mejoras de eficiencia de la generación con carbón (Alemania) y el papel protagonista del gas. También en las casas (+2%) y las oficinas y comercios (+3%) han venido creciendo los vertidos de gases de efecto invernadero. En el sector industrial la situación es variada, las emisiones no derivadas de combustión se redujeron un 12%, en algunas actividades por mejora de eficiencia (fabricación de ácido adípico en Reino Unido) y en otras por la sustitución de la fabricación en territorio UE-15 por importaciones.

Las emisiones de origen agropecuario en la Europa comunitaria han descendido un 10% desde 1990 debido a la disminución del número de cabezas de ganado y el menor uso de fertilizantes (orgánicos e inorgánicos). La fuente principal sigue siendo el óxido nitroso debido al uso de fertilizantes minerales de nitrógeno y estiércol (4,7% de las emisiones de todos los sectores), seguido por el metano originado por la fermentación producida en el sistema digestivo de los rumiantes vacunos y ovinos (2,9%) y por el estiércol de la cabaña de cerdos y vacuno (1,6%).

En Europa el balance de absorción de los bosques y demás vegetación compensa un 6,8% de lo que se emite. La capacidad de absorción de los bosques ha aumentado un 40% en los últimos 15 años.

España

España no es un emisor pequeño, es el quinto entre los veintisiete países que ahora componen la UE, y el más alejado de su compromiso de Kioto. Los últimos datos disponibles de 2006 [9] sitúan nuestras emisiones en un 48% por encima de las de 1990 y según el acuerdo de Kioto no deben superar el 15%. Es cierto que por primera vez en diez años se han reducido, y vale la pena plantearse si es un efecto coyuntural o responde a un cambio de políticas y podemos esperar que se repita sucesivamente en los próximos años. Los indicios se corresponden más con la primera opción, pues la demanda eléctrica ha continuado creciendo, 2,6% respecto al año anterior, pero 2006 fue un mejor año hidráulico y la producción hidroeléctrica fue un 32% mayor y la contribución eólica un 12% más [10] (sólo la eólica ahorró 16 Mt de CO2 en la atmósfera). El consumo de combustibles fósiles disminuyó un 2,5%, cuestión en la que probablemente también tuvo que ver el aumento del precio de la gasolina junto con la existencia de más vehículos diesel. La fabricación de cemento sin embargo continuó en su línea de emisiones crecientes, derivada del hasta ahora insaciable puje del sector de la construcción.

Por el lado de las políticas se encuentran los débiles planteamientos de la Estrategia Española de Ahorro y Eficiencia Energética 2004-2010 y su Plan de Acción 2005-2007 (E4), el Plan de Energías Renovables 2005-2010, la generosa distribución de toneladas de emisiones de CO2 en los dos Planes Nacionales de Asignaciones –sin aplicar criterios de incentivación de las tecnologías más eficientes–, y en especial el Plan Estratégico de Infraestructuras de Transporte (PEIT) y la Revisión 2005-2011 de la Planificación de los Sectores de Electricidad y Gas 2002-2011, que prevé un escenario de emisiones para el periodo de cumplimiento de Kioto de un 52% más que en 1990. Es decir prevé el incumplimiento de dicho Protocolo.

Todavía se puede oír a prebostes políticos y empresariales justificar los penosos datos de emisión de gases de efecto invernadero en España con la cantinela de que tenemos emisiones por habitante inferiores a la media europea. Pero este planteamiento no puede esconder dos hechos incontrovertibles: la media europea es muy superior a la media mundial de gases per cápita, por tanto no es una referencia válida para las próximas negociaciones del clima donde se pretenda que China, India y otros comiencen a reducir sus emisiones. En segundo lugar estamos muy próximos al valor medio de la UE-15 y el crecimiento de nuestras emisiones per cápita desde 1990 sólo ha sido superado por el de Grecia. Incluso teniendo en cuenta el reciente aumento de población en España (44,11 millones de personas a 1 enero de 2005), el valor que se obtiene para 2006 cambia muy poco, pasaría de 10 a 9,7 t CO2e por habitante [11].

El reparto sectorial es bastante semejante al europeo, pero destaca el enorme incremento del transporte que ha supuesto en 2005 un 83% más de gases de efecto invernadero que en 1990 [12]. El transporte (23,9%), la generación de electricidad (24,8%) y la industria (24%) son los principales causantes de emisiones. Hogares, comercios y oficinas tienen una participación en las emisiones por quema directa de combustibles inferiores a la media UE-15 (cerca de un 9%), la de los residuos es muy semejante y la agroganadera es mayor (10,2%) y al contrario que en Europa ha crecido casi un 12% su contribución a las emisiones de gases desde 1990 (emisiones directas sin considerar la combustión de fósiles). Esto se debe al aumento de la cabaña ganadera, el número de cabezas del vacuno no lechero y el porcino, ya que apenas ha habido variación en las emisiones directas de suelos agrícolas.

La absorción de carbono de los bosques en el Estado español se ha incrementado un 16% en los últimos 15 años. Durante 2005 han sido capaces de retirar de la atmósfera aproximadamente un 11% del CO2 emitido, a pesar de los incendios forestales.

Un futuro difícil

Frenar el cambio climático significa dejar de acumular gases de efecto invernadero en la atmósfera y eso implica reducir las emisiones. No podremos atrapar esos gases una vez vertidos, ese trabajo por ahora lo hacen el mar y los bosques, que vienen absorbiendo la mitad del CO2 emitido. Pero el océano está dando señales de saturación y la vegetación probablemente deje de ser un sumidero en unas cuatro décadas. Los científicos plantean que para evitar un cambio climático peligroso las reducciones globales deben llegar hasta emitir la mitad que en 1990, y debemos lograrlo hacia 2050.

¿Y qué estamos haciendo? Por ahora hay un objetivo de reducción del 5% asumido por 35 naciones industrializadas que no lleva camino de cumplirse; el mayor emisor del mundo, EE UU, ni siquiera acepta ese compromiso; algunos países en desarrollo (China, India…) no obligados por el Protocolo de Kioto, deberán limitar sus emisiones prontamente y no parecen inclinados a ello. Después de todo no han sido los causantes del problema y tienen menos capacidad para afrontarlo. Así que… ¿va a ser imposible evitar los peores impactos del cambio climático?

Todavía estamos a tiempo. La inercia de la sociedad ha permitido a los políticos y agentes económicos ignorar el problema, pero la realidad del cambio climático se va imponiendo poco a poco. Disponemos de alternativas tecnológicas, como las energías renovables y los equipamientos eficientes, que están desaprovechadas. Su uso generalizado y una nueva conciencia ambiental son herramientas fundamentales para reducir emisiones. Parece imposible pero está a nuestro alcance.

Tabla 1: emisiones de GEI en la UE [13]