El Ecologista nº 42

Editorial

El Protocolo de Kioto

Por fin, después de siete largos años de tira y afloja, a partir del 16 de febrero de 2005 el único acuerdo internacional con objetivos concretos de reducción de CO2 y otros cinco gases de efecto invernadero se convierte en legalmente vinculante para treinta países industrializados. Éste es un momento muy esperado por toda la gente que se toma en serio el problema del cambio climático, y es un triunfo frente a los que vienen obstaculizando las políticas de reducción de emisiones con el argumento de que el Protocolo de Kioto nunca entraría en vigor.

Pues ya está hecho. Ahora hay que cumplirlo, y no sólo eso, hay que vigilar y promover que los modos de cumplimiento favorezcan la transición de unos sistemas económicos muy dependientes de los combustibles fósiles a economías más eficientes, menos consumidoras de energía, apoyadas en las energías renovables y menos destructoras de su medio ambiente.

El Protocolo de Kioto es un paso en esta dirección pero un paso pequeño. En primer lugar porque su objetivo es de corto alcance: una reducción de sólo el 5% sobre el nivel de emisiones en 1990 de los países más desarrollados. Además, la negativa de EE UU a cumplirlo deja fuera al primer causante mundial del cambio climático, cuyas emisiones son casi un tercio del total. También, su eficacia ambiental se ha visto reducida muy considerablemente por la introducción de vías para que los países puedan apuntarse reducciones que no se realizan en su territorio. Nos referimos a los llamados “mecanismos de flexibilidad”: el comercio de emisiones, que es la compra directa de cuotas de CO2, y los que significan inversiones en terceros países para que éstos emitan menos, el mecanismo de desarrollo limpio y la aplicación conjunta. Aunque estos últimos pueden significar el acceso de los países menos industrializados a tecnologías más eficientes, también pueden convertirse en medios de reducción barata para los más industrializados que retrasen las transformaciones que deben realizar “en casa”. La elección y el control de los proyectos que se llevan a cabo en los países empobrecidos se están revelando, además, como bastante problemáticas. A todo esto se suma la posibilidad de apuntarse también como reducción las absorciones de árboles y pastos.

Mientras tanto, en estos años se han venido acumulando las evidencias de la extensión hoy por hoy del cambio climático y se han afianzado las previsiones que hacen los científicos para este siglo, especialmente graves en el cinturón tropical, donde habita gran parte de la población más pobre del mundo, y en las zonas mediterráneas. Estos conocimientos advierten de la necesidad urgente de abordar mayores reducciones de CO2, a pesar de que la tendencia mundial es de crecimiento desbocado.

El año 2005 es señalado en el propio Protocolo como fecha en que debe comenzar el planteamiento de nuevos objetivos de disminución de emisiones para más allá de 2012, objetivos en los que deben participar también países en vías de desarrollo como China, Brasil, India e Indonesia. A pesar de la vergonzosa actitud de EE UU de no asumir la responsabilidad de ser el mayor emisor del planeta, la entrada en vigor del Protocolo tiene que servir también para impulsar el comienzo de conversaciones sobre cómo serán los años “post-Kioto”. Pero esta fase tampoco va a ser fácil a juzgar por los resultados de la reciente Conferencia de Buenos Aires. Allí, EE UU junto a Arabia Saudí hizo todo lo posible para impedir que los demás países pudieran iniciar conversaciones sobre ese tema, y cabe esperar que durante los próximos cuatro años de administración Bush muestre aún más juego sucio en las negociaciones del clima.

Al final la terca realidad siempre se impone, pero en la cuestión del calentamiento global actuar más tarde significa exponerse a impactos mayores, tener que asumir reducciones más drásticas en peores condiciones y a mayor coste, y en definitiva, aumentar en una extensión difícil de calibrar la mayor parte de los problemas que ya asolan a este mundo.


Sumario

GRANDES EVENTOS: Pretextos para especular
- Valencia 2007: Copa de América. Especulación con barniz deportivo, por Emilio Martín
- Zaragoza Expo 2008. Pretexto para urbanizar un meandro del Ebro, por Joaquín Lucia
- Olimpiadas Madrid 2012. ¿Unos juegos olímpicos sostenibles?, por Mª Ángeles Nieto
- Quijote: no todo vale. IV Centenario del Quijote en Castilla-La Mancha, por Ecologistas en Acción de Ciudad Real

Razones para un ‘no’. Referéndum sobre la Constitución Europea, por Daniel López Marijuán

Competitividad y crecimiento versus sostenibilidad.Constitución Europea: vistiendo de verde una UE insostenible, por Luis González Reyes y Pedro Ramiro

La Directiva sobre responsabilidad civil ambiental. Una norma que frustra muchas expectativas de garantías ambientales, por Eduardo Salazar Ortuño

¿Réquiem por los Parques Nacionales?. La gestión autonómica exclusiva puede resultar negativa para algunos espacios, por Theo Oberhuber

El bosque de mangles. La superficie se ha reducido a la mitad en 50 años, por José Luis García Cano

Papel y medio ambiente. La industria papelera es una de las principales destructoras de bosques primarios, por Miguel Ángel Soto

Lo que en realidad comemos. Exposición a contaminantes químicos a través de la dieta, por Ana Bocio y José Luis Domingo

Los lixiviados. Un grave riesgo para la calidad del agua subterránea y de los cauces, por Igor Parra

La Deuda Ecológica. El Norte en deuda con el Sur, por Daniela Russi

Los árboles en la ciudad. El cuidado del arbolado urbano adolece de muchos defectos, por Luciano Labajos

¿Vuelven las nucleares? Se reabre el debate sobre esta energía, por Francisco Castejón

Paisajes agrícolas. De los paisajes culturales a la industrialización agrícola, por Luis Lassaletta y Mailén Rivero

Hogar Ecológico: Calentar la casa en los meses fríos, por Franz Leisdon

Conocer para proteger: Sierra de Béjar y Candelario, por Carlos J. Lumbreras